El desafío de la “nueva escuela” frente a la pandemia

Miguel A. Knecht*

El retorno a la escuela constituye una fase relevante y sumamente positiva en el seno de las familias rionegrinas. Son muchos los interrogantes que se plantean al respecto y también son múltiples los compromisos que se deben asumir, no solamente desde el “Estado protector”, sino principalmente sobre las obligaciones que deberán cumplir las comunidades educativas.


En ese orden, se puede afirmar que la decisión del reinicio de clases no resulta una determinación espontánea, aislada  y sencilla de adoptar sino son varios los aspectos que las autoridades  han merituado previamente. En el Ministerio de Educación y DD.HH. las acciones están prudentemente  programadas y no cabe lugar a la improvisación.


Afortunadamente, en Río Negro, el mencionado organismo se encuentra capacitado para afrontar el desafío con 1.200 unidades funcionales bajo su jurisdicción, demostrando  la firme convicción de considerar al interés superior del niño  como elemento principal de esta importante decisión. Pero nada será posible sin el apoyo irrestricto y el acompañamiento de las familias. La reapertura de las escuelas no se ha determinado en forma unilateral e inconsulta sino que dispone de la anuencia y aprobación sanitaria del Ministerio de Salud Pública, que también ha analizado y autorizado los protocolos correspondientes destinados a proteger a los estudiantes, docentes, profesores, empleados estatales y a sus respectivas familias dentro de los edificios educativos. Por ello, algunas de las medidas prácticas que se podrán adoptar, según lo establecido en el protocolo emitido por el Consejo Federal de Educación, transitan por:


• Escalonar el comienzo y el cierre de la jornada escolar por grupos o grados.
• Aplicar el distanciamiento social como una práctica continua, diaria y permanente dentro y fuera del establecimiento educativo.
• La demarcación en las veredas para respetar el distanciamiento social.


• Creación de turnos para reducir el número de alumnos por curso o clase.
• Adaptar zonas dentro del establecimiento para lograr la recreación y el distanciamiento.
• El uso permanente del tapaboca y su mantenimiento limpio y seco dentro de la escuela.


• La frecuencia en la limpieza y desinfección de los lugares y puntos de contacto de uso común (menor tiempo de realización y con mayor intensidad).
• La restricción en el uso de los transportes escolares, adoptando otros medios de movilidad para el traslado desde los hogares hasta la escuela.


• La posibilidad de la medición de la temperatura corporal de los alumnos mediante termómetros tipo pistolas infrarrojas.
• La capacitación para el personal docente y no docente de los establecimientos educativos en materia de prevención del virus covid-19.
•  Concientizar al alumnado sobre las medidas de higiene, incluido el lavado de las manos, el protocolo (por ejemplo, toser y estornudar sobre el codo en vez de cubrirse con la mano), el distanciamiento físico, los procedimientos de limpieza de las instalaciones.
• La restricción del ingreso a los sanitarios por parte de los alumnos, donde habrá que establecer la cantidad que ingresa a los mismos.


• La prohibición de tomarse de las manos, abrazarse, tocarse, etcétera y evitar el ingreso de  personas ajenas a la institución.
• La prohibición de los juegos infantiles (en caso de que los hubiera) en los patios externos e internos de los establecimientos.
• La prohibición de compartir útiles escolares entre los alumnos.
• Lograr una ventilación y aireación adecuada de los ambientes cerrados aun en época invernal.


La decisión del reinicio de clases no es una determinación espontánea, aislada y sencilla de adoptar. Son varios los aspectos que las autoridades han merituado previamente.



Las medidas señaladas son de posible aplicación, pero lo indicado no resultaría beneficioso en su implementación si no existe una firme concientización colectiva y un estricto apoyo familiar que permita apropiar y practicar con los niños las medidas de prevención. Nada será posible si los alumnos no son concientizados por sus padres desde el hogar.


Por otra parte, el Ministerio de Educación ha realizado un esfuerzo superlativo para  lograr la erogación destinada a la compra de EPP (Elementos de Protección Personal) y los productos sanitarios de desinfección, así como también la elaboración de los respectivos protocolos que podrán aplicarse.

A diferencia de la pasividad observada  en algunos otros organismos oficiales, el personal y las autoridades de educación han trabajado denodadamente para tratar de retornar a la normalidad en el ámbito de una “nueva escuela” que, por supuesto,  será diferente a la anterior.

* Ex concejal de Viedma, docente . Técnico en Seguridad  e Higiene. 


Miguel A. Knecht*

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