Fanatismo ilimitado
Israel es menos europeo y más mediooriental y tiende a actitudes similares a las fundamentalistas.
Además de la preocupación ocasionada por los esporádicos brotes de «neonazismo» que están produciéndose en Alemania y otros países, los dirigentes de las diversas comunidades judías, de las cuales la argentina está entre las más importantes, se ven frente a una nueva amenaza acaso mayor: la planteada por el integrismo judío en el propio Israel. Aunque el Estado de Israel fue creado por laicos mayormente socialistas de origen europeo que lo dominarían durante décadas, éstos ya tienen que compartir el poder con políticos cuyas familias procedieron de Africa del Norte y del Medio Oriente, cuyas tradiciones son muy distintas. Los líderes de estos sectores no han vacilado en tratar de obligar a todos los demás israelíes a «respetar» sus creencias religiosas particulares que, huelga decirlo, son difícilmente compatibles con la tolerancia mutua propia de un país democrático moderno: de actuar de la misma forma los gobernantes de cualquier nación europea o latinoamericana, ésta se vería sometida a la misma clase de boicot internacional de la cual ha sido víctima Austria debido al poder alcanzado por el populista Jörg Haider. Pues bien: el representante más eminente de los judíos de origen no europeo es el rabino Ovadia Yosef, caudillo del partido fundamentalista Shas, que acaba de horrorizar tanto al grueso de sus compatriotas como a todos los judíos occidentales afirmando que los seis millones asesinados por los nazis habían sido «la reencarnación de almas que habían pecado» y que por lo tanto, es de suponer, merecieron su destino. En efecto, según este clérigo, Adolf Hitler y sus secuaces sólo fueron instrumentos en manos de un Dios resuelto a castigar al pueblo judío por no haber seguido el camino que el propio Yosef consideraría el indicado. Para aquellos antisemitas que siempre han afirmado que los judíos habrán de ser culpables de algo malo porque de lo contrario nadie los hubiera perseguido, lo dicho por el rabino servirá para confirmar que tienen razón, motivo por el cual no sorprendería que diera lugar a más manifestaciones de odio étnico o religioso.
Por estar el pueblo judío diseminado por todo el mundo, el revuelo provocado por la opinión de este rabino y cacique político no es meramente un asunto interno israelí. Por desgracia, está destinada a tener repercusiones en todas partes, incidiendo en la relación con Israel de millones de personas acostumbradas a considerarlo un baluarte en el que podrían sentirse seguras en el caso de que surgiera otra marejada de antisemitismo comparable a aquella que destruyó comunidades que habían existido en Europa desde hacía más de mil años. Sin embargo, como el rabino Yosef ha hecho saber de forma contundente, Israel ya no es el país que era durante mucho tiempo. Es menos europeo y más mediooriental y propenden a imponerse actitudes no tan diferentes de las imperantes entre sus vecinos, donde clérigos fundamentalistas islámicos suelen expresarse con términos equiparables como los empleados por el líder religioso sefardí, el que, de manera horrenda, embestía contra lo que para los judíos occidentales es la experiencia terrible que legitima la existencia misma de Israel.
Para Yosef y quienes lo aplaudieron, la experiencia de las comunidades judías europeas carece de significancia. No creen necesitar justificativo alguno para Israel aparte de su propio desprecio por los árabes musulmanes, que, a juicio del rabino, son «serpientes», personas «malvadas y condenadas». Claro, su forma de pensar está compartida plenamente por muchos árabes que militan en bandas de fanáticos que sueñan con repetir el Holocausto nazi, que lo dicen sin ambages y que no pueden sino sentirse estimulados por las bravuconadas de Yosef. Puesto que pocos días antes fue anunciado el fracaso de negociaciones encaminadas a llevar adelante «el proceso de paz», la intervención del rabino ha servido para hacer aún más explosivo el clima en la zona. En vista de la capacidad de este conflicto para provocar desastres en el resto del mundo -como los supuestos por los atentados gemelos contra la Embajada de Israel en Buenos Aires y la sede de la AMIA-, sus palabras no pueden dejar indiferente a nadie.
Además de la preocupación ocasionada por los esporádicos brotes de "neonazismo" que están produciéndose en Alemania y otros países, los dirigentes de las diversas comunidades judías, de las cuales la argentina está entre las más importantes, se ven frente a una nueva amenaza acaso mayor: la planteada por el integrismo judío en el propio Israel. Aunque el Estado de Israel fue creado por laicos mayormente socialistas de origen europeo que lo dominarían durante décadas, éstos ya tienen que compartir el poder con políticos cuyas familias procedieron de Africa del Norte y del Medio Oriente, cuyas tradiciones son muy distintas. Los líderes de estos sectores no han vacilado en tratar de obligar a todos los demás israelíes a "respetar" sus creencias religiosas particulares que, huelga decirlo, son difícilmente compatibles con la tolerancia mutua propia de un país democrático moderno: de actuar de la misma forma los gobernantes de cualquier nación europea o latinoamericana, ésta se vería sometida a la misma clase de boicot internacional de la cual ha sido víctima Austria debido al poder alcanzado por el populista Jörg Haider. Pues bien: el representante más eminente de los judíos de origen no europeo es el rabino Ovadia Yosef, caudillo del partido fundamentalista Shas, que acaba de horrorizar tanto al grueso de sus compatriotas como a todos los judíos occidentales afirmando que los seis millones asesinados por los nazis habían sido "la reencarnación de almas que habían pecado" y que por lo tanto, es de suponer, merecieron su destino. En efecto, según este clérigo, Adolf Hitler y sus secuaces sólo fueron instrumentos en manos de un Dios resuelto a castigar al pueblo judío por no haber seguido el camino que el propio Yosef consideraría el indicado. Para aquellos antisemitas que siempre han afirmado que los judíos habrán de ser culpables de algo malo porque de lo contrario nadie los hubiera perseguido, lo dicho por el rabino servirá para confirmar que tienen razón, motivo por el cual no sorprendería que diera lugar a más manifestaciones de odio étnico o religioso.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora