Escuela N° 61 Nicolás Avellaneda, un siglo de historia

Por Beatriz Chávez


Todos quienes pasaron por sus aulas dejaron huellas fecundas, de aprendizaje, de enseñanza fructífera, en fin, de compromiso con el saber educativo y con sus alumnos


Un siglo de historia fecunda, de trabajo compartido, de seres humanos -alumnos y maestras- conviviendo en un ámbito en el que siempre se priorizó la educación. Cuando Neuquén era un poblado dividido por las vías del ferrocarril, con una tranquera fraccionando la ciudad en dos, esta escuela fue erigida en el bajo. Albergaba una población de escasos recursos.

Por ese motivo el Consejo Nacional de Educación, por decreto 5033 Letra I, creó la Escuela N° 61, que se inauguró el 10 de abril del 1922 bajo la dirección del Sr. Emilio Guiñazú en un local cedido por Rafael Castilla y con 38 alumnos. En agosto de 1924 se incorporó la primera maestra, Uberlinda María Bustos. Luego será Directora y Supervisora del establecimiento Ilda Soria de Díaz Carreño; después ingresó Petrona S. de Dachari.

Con el transcurso de los años se incorporaron otras áreas, labores, música y sumando nuevos grados porque el crecimiento poblacional fue vertiginoso y aumentó la población estudiantil. La vieja casona fue quedando chica y en malas condiciones. Se resolvió la clausura del antiguo local por disposición del Departamento Nacional de Higiene e Inspección Médica Escolar de esta capital: se trasladó la escuela al local ofrecido por Ana Elda Carro de Abelli. En abril de 1943, el director Ignacio López hizo entrega del viejo local arrendado a sus respectivos dueños José Forja, Pedro Castaño y Francisco López. Ignacio López tomó posesión en nombre del Honorable Consejo Nacional de Educación. La escuela fue albergando cada vez más alumnos de la población del “bajo” y la Cooperadora Conrado Villegas, inspirada en el deseo de colaborar con las autoridades escolares en la tarea de proveer alimentos y elementos para alumnos de escasos recursos, ofreció su ayuda.

Su presidente era el doctor Eduardo Castro Rendón y el vicepresidente Juan Julián Lastra. La campana de la escuela fue donada en 1936 por la Escuela 609 de Centenario, cuando era Gobernador el Coronel Enrique Raimundo Pilotto. En 1944, por iniciativa de Carmen Gelonch, se puso en práctica su iniciativa de crear un taller de costura ante la necesidad de confeccionar ropa para los niños más necesitados. El 10 de abril de 1945 se creaba LU5 y en ella la escuela participaba en las fechas patrias, Día de la Madre, de la Tradición, entre tantas. En 1953 se produjeron cambios de autoridades, el nuevo director fue Adolfo Gustavo Fourcade; el vicedirector, Enrique Bonnet.

Al año siguiente se inauguró el nuevo edificio en Misiones 397, entre Ministro Alcorta, Don Bosco e Intendente Teodoro Planas. El 12 de septiembre la ciudad cumplió el Cincuentenario y los alumnos presentaron trabajos en la exposición realizada a tal efecto. El ciclo lectivo 1956 comenzó el 14 de mayo ya que había una epidemia de poliomielitis. En 1957 Enrique Bonnet asumió la dirección de la escuela: su vicedirectora fue María U. Bustos de Soria Ramírez. Al año siguiente asumió como director César Amílcar Challiol. Otras directivas fueron Haydeé Álvarez de Domínguez y María M. Muñoz de Guiñazú Alaniz, entre tantas renombradas Maestras Normales Nacionales.

En 1965 se realizó la conexión de Obras Sanitarias. Recordados alumnos como Fausto Simone, Tulio Lacroix y muchos más fueron recordados por maestras que pertenecieron a la escuela. Unas figuras importantes fueron el portero Héctor González y su esposa, con múltiples anécdotas evocadas. El 10 de abril de 1992 se inauguró el Salón de Usos Múltiples, que fue construido con el esfuerzo de la Asociación Cooperadora, padres y amigos de la Escuela N° 61. Solicitaron que la escuela fuera declarada Patrimonio Cultural.

¡Ahora cumple 100 años de vida! Sus maestras jubiladas, nos relataron sus grandes vivencias, impresas en una revista realizada por los setenta y cinco años de la escuela. Ellas son parte de esta historia que reviven con emoción: todos quienes pasaron por sus aulas dejaron huellas fecundas, de aprendizaje, de enseñanza fructífera, en fin, de compromiso con el saber educativo y con sus alumnos en donde el dictado de clase era la prioridad número uno de la Institución.