La Universidad Nacional de Río Negro, 46 años después
Saludamos con alborozo la creación por ley de la Universidad Nacional de Río Negro a partir del proyecto del senador Miguel Pichetto.
Esta decisión del Congreso Nacional viene a llenar un vacío que se prolongó en el tiempo desde la creación de la provincia y debe recordarse también el retraso y postergación histórica de los ex territorios nacionales.
El 1º de mayo de 1961, el primer gobernador constitucional, el Dr. Edgardo Castello, hizo conocer el proyecto de universidad provincial que elevó en el mismo acto a la Legislatura. Lamentablemente, poco tiempo después un nuevo golpe militar bajó a la joven democracia rionegrina y el proyecto quedó archivado. Esta decisión política se enmarcó en el llamado proyecto histórico provincial, luego recogido por el entonces gobernador Mario Franco (1973-1976). A partir del 24 de marzo de 1976, la dictadura militar y los gobiernos radicales no sólo no abonaron la marcha hacia la concreción de las grandes metas provinciales, sino que en muchos casos retrocedieron en las decisiones ya tomadas. En un inventario que no pretende enumerar la totalidad de las frustraciones, se anotan la liquidación del Banco Provincia, la desaparición de la Caja de Previsión Social, la frustrada industrialización del Idevi, la inexistencia de políticas para favorecer la radicación de inversiones en el Alto Valle, la falta de incentivos para que la industria de los nuevos vinos de la Patagonia se establecieran en el suelo de nuestro Valle Superior, la nula verificación del petróleo rionegrino extraído en la parte rionegrina de la llamada «cuenca neuquina» -producción que finalmente por años se le fue liquidando a la vecina provincia-, la integración de Bariloche y la zona andina del resto del territorio con una política de turismo que no cuenta, y si no, advirtamos que todavía se discute, luego de varias décadas, la transferencia del cerro Catedral al municipio barilochense.
Estas asimetrías, provocadas por los malos gobiernos rionegrinos, nos dicen que las ventajas comparativas de Río Negro no han sido tenidas en cuenta, tampoco en las decisiones de política nacional. Si no, veamos cuál ha sido la decisión de disponer la instalación de infraestructuras para la construcción de represas en el río Limay, allí todos los asentamientos están dados en el lado neuquino y de la ribera rionegrina, la soledad: sin caminos, sin servicios y sin siquiera proyectos que alguna vez se anunciaron para un desarrollo territorial compartido. Cuando se decidió la implementación del aeropuerto cabecera del Alto Valle se resolvió que el de la ciudad de Neuquén fuera elevado a la categoría de internacional, en desmedro de otros proyectos posibles en Río Negro (Roca-Cipolletti).
Vale aquí recordar los antecedentes de la creación de la Universidad del Comahue. El gobierno de Felipe Sapag, en 1965 -4 años después del proyecto Castello- decidió crear la Universidad del Neuquén, en un «galponcito» de la ciudad homónima. Fueron loables el esfuerzo y la audacia de las autoridades neuquinas. Advirtamos que luego de tal arrojo, el resultado fue la creación de la Universidad Nacional del Comahue, con un «campus universitario» que rápidamente se instaló allí. No tenía ni tuvo Río Negro un proyecto alterno en defensa de los intereses provinciales, no hubo en todo este tiempo ni siquiera un intento de reversión que permitiera avanzar en el proyecto provincial de una universidad que respondiera a los intereses rionegrinos y las carreras que tuvieran que ver con las realidades de los distintos sectores y ciudades de la provincia, en áreas vitales de nuestro economía como la agroindustria, el sector alimentario y el turismo, sin mengua de actuar de firme con la gestión de gobierno provincial para ser actor como multiplicador pensante y con alternativas estratégicas que esta sociedad rionegrina está necesitando, sin dejar de lado la preparación de nuestros líderes futuros inmersos en la realidad provincial.
Desde siempre escuchábamos hablar de la necesaria implementación de supra estados provinciales, la llamada «regionalización». En el caso de nuestras provincias, Río Negro y Neuquén, y en forma especial en materia universitaria, todos fueron en detrimento de nuestro proyecto histórico. Todo esto cuenta no sólo con esta visión del problema, sino que tiene que ver imprescindiblemente con los rionegrinos, nativos o por opción, han plantado sus raíces familiares de hace décadas; todo ello a partir de las expectativas que ofreció Río Negro. Entonces, quede claro, que no es igual que una inversión del Estado Nacional se materialice en una u otra provincia en función del pregonado regionalismo, sobre todo cuando ya hemos citado cuánto le sirvió a Neuquén el reparto de la infraestructura creada a partir del Comahue. Hoy además es un ejemplo palpable la asunción de la Dra. Pechen como vicegobernadora de la provincia, la misma que durante muchos años fue rectora de la Universidad del Comahue, donde siempre las conducciones y los proyectos de esa alta casa de estudios se dieron para una sola vía, la neuquina.
Ante la sanción de la ley, tanto la reacción negativa de los intereses neuquinos como el silencio del gobierno de nuestra provincia son altamente significativos. Debo señalar que además al conocerse la noticia, el diario provincial en un artículo dudaba del panorama futuro de la educación universitaria de nuestra región y pedía más debate sobre el tema de la creación de nuestra universidad.
El 28 de noviembre, día que debía ser de alborozo por el sueño concretado, el pueblo de la provincia se agolpó con el reclamo frente a la Legislatura provincial, donde no se le permitió entrar al recinto: allí se discutía el proyecto de la liquidación final del Ipross.
No tengo dudas de que, a pesar de todo este inventario negativo, la ley del senador Pichetto habrá de ser puesta en marcha en el corto plazo, porque a la vez estoy convencido de que la mayoría silenciosa de nuestra provincia está compartiendo la concreción de aquel proyecto del 1º de mayo de 1961 del gobernador Castello, quien en su mensaje de elevación dijo: «Es posible sentir fe en el futuro de la universidad rionegrina de cumplirse los lineamientos estipulados en el proyecto de ley. Por lo demás, el amplio espíritu democrático que inspira su creación habrá de prevalecer en su destino forjador de ciudadanos probos, útiles y sabios, para bien de la comunidad que la prohija».
EDGARDO TOMÁS BAGLI (*)
Especial para «Río Negro»
(*) Abogado. Ex candidato a gobernador por la Democracia Cristiana de Río Negro en 1983.
Saludamos con alborozo la creación por ley de la Universidad Nacional de Río Negro a partir del proyecto del senador Miguel Pichetto.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora