Sin cambios profundos y con los mismos vicios

Su gestión continúa sin variaciones los lineamientos dejados por su marido. Tiene cuentas pendientes como la inflación, la crisis energética y su relación con sectores agropecuarios.

Redacción

Por Redacción

WALTER SCHMIDT (DyN)

Los primeros cien días de gestión de Cristina Fernández reflejan la ausencia del «cambio» intensamente anunciado durante la campaña electoral y la persistencia de algunos vicios del kirchnerismo, como la manipulación de los índices económicos, la intervención en el control de precios, el manejo discrecional de los subsidios y la alianza indisoluble con Hugo Moyano.

En el terreno anecdótico de la apertura de las sesiones ordinarias en el Congreso Nacional quedó la convocatoria a una serie de acuerdos con el sector empresario y los trabajadores.

El aumento de las retenciones, mas allá de la legitimidad de la medida, consiguió lo que sólo el gobierno de Carlos Menem logró: que se reúnan en un paro las cuatro entidades mas representativas del agro.

Lo que sí se profundizó, en verdad, es el manejo del poder político por parte de Néstor Kirchner, a partir de la construcción de una verdadera fuerza -quizás actualmente la única-, el peronismo, para que orgánicamente sostenga al gobierno nacional.

La frase con que Eduardo Duhalde bautizó el actual esquema de poder, «doble comando», describió con certeza el escenario.

La gestión oficial descansa en la Casa Rosada con la presidenta y el entramado político, minuciosamente diseñado, en las oficinas del ex presidente en Puerto Madero.

El dirigente piquetero Edgardo Depetri confesó días atrás a que en una reunión de la presidenta con la cúpula de la CTA, ella misma les comentó que con Kirchner «somos dos cuerpos y un solo cerebro».

En dos oportunidades, desde su asunción del 10 de diciembre

de 2007, Cristina Fernández hizo gala de su oratoria y al mismo tiempo desplegó una contundencia política.

En ambas ocasiones, la materia era la política exterior argentina. Primero fue al acusar a los Estados Unidos de protagonizar una «operación basura» en su contra, cuando la justicia de Miami reveló que, según uno de los acusados, el dinero que trajo el venezolano Guido Antonini Wilson tenía por destino financiar la campaña electoral de Cristina Kirchner.

Precisamente en la relación con Estados Unidos, Cristina Fernández dejó en claro, la comunión de ideas y de estilos con su esposo y antecesor.

La segunda intervención de ese estilo la tuvo semanas atrás, en la Cumbre del Grupo Río de República Dominicana, cuando debió fijar la posición de la Argentina en el conflicto entre Colombia y Ecuador.

Sin embargo, en el escenario vernáculo muchos llegaron a extrañar las permanentes definiciones políticas de Néstor Kirchner.

Menos reuniones, menos definiciones políticas, demasiado bajo perfil el de Fernández de Kirchner. Incluso, se la percibió casi como una testigo más, cuando el ministro de Economía, Martín Lousteau, y el Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, protagonizaron fuertes encontronazos que dejaron tambaleando al titular de Hacienda.

Detrás de esa pelea está la llamativa pasividad de la presidenta respecto del INDEC, que consiguió que el país perdiera credibilidad hacia el exterior, en cuanto a los índices económicos que muestra.

Contrariamente a las versiones, no hubo lanzamiento de un nuevo INDEC, ni la presidenta elevó su perfil en marzo, ni tampoco inició la discusión en temas pendientes y prometidos por el

kirchnerismo como la reforma política o la inseguridad.

Es más, los múltiples anuncios de un mismo hecho; la exposición permanente de los índices de recaudación, superávit y reservas; los acuerdos salariales con la anuencia de Hugo Moyano; la permanente desacreditación de la prensa que critica su gestión; y el desaire hacia la oposición, continúan.

Tal vez quede en el desolado haber de estos cien días, haber admitido finalmente lo que Kirchner negó hasta su último día de mandato: la restricción energética que tiene el país.

Aunque el plan de racionalización energética y la acusación a los que «no invirtieron cuando eran gobierno» no sean los caminos adecuados para revertir esa limitante.

Dirigentes oficialistas y opositores reflexionaron acerca de los primeros cien días de gobierno de la presidenta Cristina Fernández.

» Hugo Moyano (jefe de la CGT): «En estos 100 primeros días de gobierno de Cristina se puso de manifiesto todo lo que lo que se vino anunciando como la profundización del modelo económico que permitió consolidar el crecimiento. En las organizaciones sindicales se nos permitió volver a discutir salarios en paritarias, mejorar su poder adquisitivo y en cuanto a las divisas, la cantidad de reserva que se acumuló ha demostrado que el país va creciendo como muchos de nosotros lo hemos previsto».

» Federico Pinero (diputado macrista): «Desde que asumió Cristina Fernández se observa inflación sin control, enfrentamiento con los Estados Unidos por la valija que Antonini Wilson traía a la Argentina con 800.000 dólares y apoyo a Chávez y a la FARC. El balance lamentablemente es muy negativo».

» Miguel Pichetto (senador y jefe del bloque del FpV): «Este gobierno ha puesto de relieve, desde el primer minuto y de manera cotidiana, uno de las cuestiones imprescindibles que un buen gobierno debe tener, como lo es una conducción clara, ejercida por la presidenta Cristina Fernández: una mujer que tiene convicción, coraje, una trayectoria, personalidad y autoridad, como lo ha demostrado en varios acontecimientos».

» Gerardo Morales (presidente de la UCR): «El modelo de crecimiento se sostiene en la patria sindical transportista, a través de 5.000 millones de pesos en subsidios anuales para el sector que lidera Hugo Moyano; por un lado; y en negar que hay inflación y crisis energética, por el otro». (DyN)


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