Tener memoria y recordar
Recordar es un ejercicio natural en los seres humanos. Tenemos la capacidad de re construir momentos vividos. Llegan a nuestra mente imágenes, traídas por un olor, un sabor, algo observado o escuchado. Es el anzuelo que se necesita para despertar una cadena de imágenes que asociamos a una emoción. Agradable, desagradable. Somos esos seres mágicos que logramos estar en otro sitio solo con nuestra imaginación en un instante. Recordar para abrigar en el alma, o la necesidad de salir rápido de ese lugar en el cual nos sentimos presos.
Lo realizamos a través de la memoria, que la podemos definir como la capacidad del cerebro de retener información y recuperarla voluntariamente. Es decir, esta capacidad es la que nos permite recordar hechos, ideas, sensaciones, relaciones entre conceptos y todo tipo de estímulos que ocurrieron en el pasado.
Freud marcó una relación importante: entre recordar, repetir y elaborar.
Alejada la intención de involucrar la lectura de psicoanálisis, tomo estas ideas para trasladarlas a situaciones cotidianas que pueden colaborar en la comprensión de un accionar. También podríamos hacer algún paralelismo con instancias o vivencias sociales.
Recordamos porque algo lo provocó. ¿Pero por qué en ese momento y no en otro? ¿Qué del pasado viene a nosotros y nos asalta? ¿Qué solemos repetir con la aparente sensación de no poder evitarlo? De tantos millones de recuerdos. ¿Por qué ese y no otro? ¿Necesitamos tal vez revisar algo que no nos deja avanzar en nuestra evolución? ¿Algo para soltar, para recuperar, para revisar o reparar?
Tener memoria y recordar hechos, podemos diferenciarlas
La memoria es un ejercicio cerebral mientras tanto, recordar es un ejercicio emocional ya que siempre está asociado a algo vivenciado. Calor o frío, olores, sabores, agradable o no, etcétera.
Nuestros recuerdos no son objetivos. Está implicada la emoción y eso lo trasladamos a la vida actual.
Para ser más didáctica aun traeré un refrán de abuela “El que se quema con leche, ve la vaca y llora”. Ahora me pregunto si Freud no se habrá inspirado en tan sabias palabras. (es broma, no se enojen los psicoanalistas).
Recuerdo y repetición: me acuerdo de la leche y lloro. En realidad, no es la leche, sino la sensación desagradable de haberme quemado, el dolor o el ardor. Se asociarán después otras imágenes como la acción que desencadenó la quemadura, qué sucedió después, si fui atendida por médicos, que me impidió el accidente, y todo un contexto asociado con emociones.
Tal vez, podría no llorar al ver la vaca si elaboro la situación, si puedo pensar qué error cometí para provocar el accidente y dejar de proyectar en la vaca situaciones que probablemente sean mi responsabilidad.
Por otra parte, también solemos caer en “la generalización del recuerdo”. Para utilizar el mismo ejemplo, sería algo así como, si me quemé con leche una vez, siempre me voy a quemar con leche.
También contamos con “el congelamiento del recuerdo” la escena es la leche sobre mí. Sin modificaciones. Cuando no logramos incorporar el contexto, las variables que sucedieron rodeados al accidente, seguiremos en esa instancia, congelados, sin avanzar.
Por otra parte, sería lo mismo en caso contrario. Quedarme solo con los actos que me hicieron bien en un momento suponiendo que se repetirá de esa manera una y otra vez.
Tener memoria, recordar, es un ejercicio que es necesario contextualizar, para poder evolucionar.
* Psicopedagoga, presidenta de la fundación Siendo. laucollavini@gmail.com
Recordar es un ejercicio natural en los seres humanos. Tenemos la capacidad de re construir momentos vividos. Llegan a nuestra mente imágenes, traídas por un olor, un sabor, algo observado o escuchado. Es el anzuelo que se necesita para despertar una cadena de imágenes que asociamos a una emoción. Agradable, desagradable. Somos esos seres mágicos que logramos estar en otro sitio solo con nuestra imaginación en un instante. Recordar para abrigar en el alma, o la necesidad de salir rápido de ese lugar en el cual nos sentimos presos.
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