Un monumento a la Biblia
Alguna vez comenté en este mismo espacio la definición del socialista alemán Fernando Lassalle sobre la Constitución, de la que dijo que era «una hoja de papel» si no se correspondía con la realidad del Estado del cual pretendía ser ley fundamental.
En gran medida, particularmente en lo que se refiere al capítulo titulado «políticas de Estado» (artículos 74 a 152), la Constitución neuquina no es más que eso, una hoja de papel totalmente ajena a la realidad provincial. Un grueso ejemplo de ese divorcio entre el discurso y lo real es el subtítulo dedicado a la «reforma agraria», que comienza definiendo a la tierra como «un bien de trabajo» (artículo 82), una norma del texto de 1957 ratificada en la reforma de 1994, poco antes de que comenzara el reparto en El Chañar y Añelo.
La «hoja de papel» neuquina también se distancia de la realidad cuando dispone (artículo 3º) que «Neuquén es una provincia laica, democrática y social». Eso de «social» se despliega en el capítulo dedicado a los «derechos sociales», cuyo artículo 37 establece que «el trabajo es un deber social». Parece una broma de humor negro, porque podría servir para sostener una acusación contra los desocupados basada en el incumplimiento de un deber constitucional. Los «derechos de los trabajadores» están mencionados en el artículo siguiente, el 38, cuyos incisos, del a) al o), se llevan casi todo el abecedario. Lo de democrática estaría bien si además dijera «de vez en cuando».
Lo que más nos interesa del artículo 3 es que defina a Neuquén como «una provincia laica». Los constituyentes, del mismo modo en que lo hicieron los de 1853, invocaron «la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia», pero lo hicieron en el preámbulo, que no es más que una introducción al texto legal y ciertamente discutible.
El Estado confesional enemigo de la libertad comenzó a extinguirse con la Revolución Francesa, que separó a la Iglesia del Estado. No obstante, en pleno siglo XX el Estado católico resurgió en España con el franquismo, tan salvaje como para asesinar a los sacerdotes vascos que eran republicanos.
El Estado argentino está lejos, desde su nacimiento, de ser confesional. No hay en el país una religión oficial, pero la Iglesia vaticana es, según la respetable opinión del constitucionalista Bidart Campos, una entidad de derecho público. Lo sería porque la Constitución reformada en 1994, si bien derogó la exigencia de que el presidente y el vice fueran católicos, mantuvo la ambigua norma del artículo 2, según el cual «el gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano».
Sostener no es lo mismo que adherir. Sin embargo, hay una adhesión por lo menos inercial significada en que las catedrales están, en provincias como en la capital del país, ocupando un lugar relevante en el perímetro que rodea la plaza mayor, como la casa de gobierno (no es así, sin embargo, en Neuquén). La adhesión se trasunta también en el juramento de los gobernadores, más papistas que el Papa o, por lo menos, que el obispo, porque De Nevares, cuando el Estado se desentendió de la suerte de los trabajadores de El Chocón, abandonó los palcos oficiales donde la presencia del obispo era «sine qua non». Era, lo sabemos, un obispo que no ignoraba los puntos que calzaba el Estado en la Argentina. Tanto es así, que en l975, cuando un periodista, por hacerle una broma referida a la popularidad que había alcanzado le dijo que «lo van a hacer Papa», contestó, con el sentido del humor que nunca lo abandonó, que «a mí no me van a hacer Papa, me van a hacer puré».
Lo cierto es que Neuquén, porque lo manda la Constitución, es una provincia laica. No obstó esa norma, sin embargo, para que hace algunos años y por la iniciativa de un cura se erigiera un Cristo crucificado en el punto más alto de la ciudad. El lugar elegido pertenece a la universidad, a la que no se pidió autorización porque Dios es todopoderoso. Como quiera que haya sido, tanto la UNC como el municipio -en cuyo territorio se talló el Cristo- consintieron con el silencio. Oponerse era un sacrilegio.
Puede suceder que lo sea también -aunque no faltan motivos para ponerlo en duda- que una mayoría del Concejo Deliberante de la ciudad de Neuquén vote en contra del proyecto evangélico de «destinar un espacio físico para el emplazamiento de un monumento a la Biblia en representación simbólica de todas las congregaciones y religiones cristianas en nuestra ciudad». El proyecto de ordenanza es del director de Cultos del municipio, Juan Herrera, y de los concejales de Unión de los Neuquinos (Une) Fabricio Casino y Alejandra Barragán. Como Herrera pertenece a la Iglesia Evangélica Bautista, hablé con el pastor de esa iglesia, Lorenzo Klink, para preguntarle si estaba de acuerdo con la iniciativa. Contestó que no era el autor de la idea y que, consultado al respecto, no se había opuesto.
También hablé con el secretario de Gobierno y candidato a concejal por Une Mariano Mansilla, de cuyo «apoyo incondicional» al proyecto hablaron los cristianos que lo hicieron. No sin antes recordar que es ateo, Mansilla ratificó su apoyo incondicional y lo fundamentó en la libertad de cultos. Lo hizo sin dar oídos a la objeción de que los evangélicos tienen dinero suficiente como para pagar el terreno y el monumento, y tampoco contestó al comentario sobre si el apoyo al monumento formaba parte de su campaña electoral. En cambio, el intendente Martín Farizano, quien no comparte la idea, dijo estar convencido de que son los votos evangélicos los que motivan la súbita religiosidad de Mansilla.
El Centro Hebraico no fue consultado. Isaac Ribke, su presidente, dijo eso y que por esa razón no tiene una opinión formada con respecto al asunto.
Herrera enfatizó en que si se consultara a la población neuquina el 90% estaría de acuerdo, y aseguró que lo avalan mormones, adventistas, católicos y evangélicos. Se preguntó por qué su iglesia no se opuso al Cristo de la barda y contestó que ésa fue sólo una iniciativa de la Iglesia Católica. «Yo creo, concluyó, que la Biblia es más representativa que el Cristo, porque cuenta con el consenso de todos los cristianos de esta ciudad, que representan el 95% de la población».
El obispo Marcelo Melani, quien sí fue consultado por Herrera, manifestó que está de acuerdo y precisó que, de aprobarse el proyecto, el municipio sólo aportará el terreno y que serán las iglesias cristianas las que se harán cargo de la construcción del monumento. Informado sobre los dichos de Herrera, advirtió que los mormones no son cristianos.
JORGE GADANO
jagadano@yahoo.com.ar
JORGE GADANO
Alguna vez comenté en este mismo espacio la definición del socialista alemán Fernando Lassalle sobre la Constitución, de la que dijo que era "una hoja de papel" si no se correspondía con la realidad del Estado del cual pretendía ser ley fundamental.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora