¿Alita embarazada? ¡¿Quién se hace cargo?!

Entre la ciencia ficción y la realidad, la biomedicina y la inteligencia artificial desafían los límites de la ética y el derecho. Pero, ¿Quién responde?

Redacción

Por Fernanda Gonzalez (*)

Alita es un personaje manga cyberpunk japonés vanguardista, que llegó a Hollywood a través de la pantalla grande. Se trata de una cyborg, a quien el cibermédico Dr. Desty Nova vuelve a la vida haciéndose valer de nuevas tecnologías y robóticas, a partir de tejido y órganos humanos de un donante fallecido. ¿Ciencia ficción o realidad actual?

Salvando las distancias, hoy por hoy los conocimientos en biomedicina llegan a zonas inimaginables, solo pensados por la literatura de los más creativos, puestos en práctica, desde la computarización de estudios de Alta complejidad, intervenciones quirúrgicas, órganos bioartificiales y la implementación de la inteligencia artificial en su uso lo hacen posible.

El reciente escándalo en la clínica  australiana especialista en reproducción humana asistida del Grupo  Monash, así lo demuestra:  un “error” en el procedimiento de crioconservación, llevó a que una mujer gestara y diera a luz al hijo biológico de otra pareja sin saberlo tras serle implantado el embrión ajeno durante su tratamiento de fecundación in vitro, lo que no fue detectado sino hasta febrero cuando los progenitores biológicos solicitaron a Monash el traslado de sus embriones a otra clínica médica.

Este tipo de errores exponen faltas humanas con consecuencias atroces. Casos como este son los que refuerzan la necesidad de maximizar los estandartes de transparencia, responsabilidad y compromiso en el cuidado de procedimientos, datos personales y privacidad.

Ahora bien, ¿Qué hubieras pasado si Alita hubiera sido la “gestante” en lugar de una persona humana?

En Argentina, lo sucedido en Australia se hubiera resuelto dependiendo de la “Voluntad Procreacional” de quienes prestaron el consentimiento informado libre y voluntariamente, lo que prevalece por ante la genética, resultando efectivamente ellos sus progenitores legales.

En la actualidad, medicina combinada con la biotecnología han permitido llegar a las posibilidades de úteros artificiales controlados por un profesional a través de un “Joystick”, o incluso por una Inteligencia Artificial-IA capaces de gestar embriones humanos; una verdadera revolución en la genética, la gestación y la neonatalidad, en que la IA toma un papel crucial en cuanto a minimizar los riesgos presentes en un embarazo, el parto o infertilidad, ofreciendo una esperanza significativa para la expectativa de vida y salud.

Sin embargo, los riesgos bioéticos y legales también se potencian: fallos en software o hardware -pese a ser diseñados con múltiples capas de seguridad-, ciberataques y captación de datos sensibles y la deshumanización del paciente.

Frente a ese escenario, resulta imprescindible adaptar la normativa a la realidad actual, con una regulación en bioética estricta sobre el uso de las nuevas tecnologías y el uso de la robótica en la medicina. La Organización Mundial de la Salud -OMS, ya ha advertido sobre los riesgos y hasta el Papa Francisco se ha expedido respecto de la biotecnología, pudiendo ser una herramienta fundamental para la humanidad siempre que sea utilizada éticamente, y en orden al respeto por la dignidad humana.

Es necesario proteger la privacidad de los pacientes, garantizar la integridad de los procedimientos con una regulación bioética para evitar el abuso y la deshumanización del paciente, buscando un equilibrio con el respeto a la dignidad humana que no lo convierta en un número estadístico de un sistema automatizado, lejos de los valores humanos de empatía y compasión por el otro. ¿Nos hacemos cargo?

(*) Abogada, miembro del Instituto de Derecho e Inteligencia Artificial de Neuquén dirigido por la Dra. Vanesa Ruiz.


Alita es un personaje manga cyberpunk japonés vanguardista, que llegó a Hollywood a través de la pantalla grande. Se trata de una cyborg, a quien el cibermédico Dr. Desty Nova vuelve a la vida haciéndose valer de nuevas tecnologías y robóticas, a partir de tejido y órganos humanos de un donante fallecido. ¿Ciencia ficción o realidad actual?

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