De 20.000 a 25.000 kilos de grano de maíz por hectárea: el ensayo en Río Negro que promete romper los rindes
La empresa De León tiene dos campos productivos ubicados en Coronel Belisle y en Luis Beltrán. En el primero de ellos lleva adelante una prueba que abarca 11 hectáreas con 160.000 mil plantas cada una, con un rinde potencial de entre 120.000 y 160.000 kg/ha de materia verde para silaje o un estimado de 20.000 a 25.000 kilos de grano. Otro logro alcanzado: el riego de planchas de terreno de 400 metros con un 98% de efectividad.
En el Valle Medio, donde el agua del río Negro define en buena medida el pulso productivo de la región, la empresa De León administra dos establecimientos agrícolas en los que definió armar un esquema que combina maíz, alfalfa y en una de esas unidades productivas da los primeros pasos un pequeño engorde a corral.
Juan Sheriff y Lucas Paolini conducen ese modelo integrado que conjuga agricultura intensiva bajo riego y apunta a fortalecerse en ganadería, con números que buscan eficiencia en cada hectárea de tierra disponible.
Santa Cecilia es uno de los establecimientos y está ubicado en Coronel Belisle. El otro campo se llama Santa Clara y se asienta en proximidades de la localidad de Luis Beltrán.

Ambos establecimientos suman un poco más de 720 hectáreas de terreno, aunque la superficie netamente productiva se ubica entre 500 y 580 hectáreas, descontando canales, caminos y áreas no cultivables.
Tanto en Santa Clara como en Santa Cecilia el cultivo de maíz ocupa un rol destacado en la producción, ya sea por su destino comercial o como base alimenticia de un feedlot en crecimiento.
“Nosotros entendimos que si queríamos ser competitivos en ganadería, primero teníamos que ser muy eficientes produciendo maíz”, resume Sheriff mientras recorre uno de los lotes agrícolas nivelados con precisión láser.
La ventana productiva en la zona, que va desde la última helada de septiembre hasta las primeras de abril, ofrece alrededor de 130 días efectivos para el cultivo de maíz. Con siembra directa, manejo ajustado y riego bien programado han logrado resultados que superan ampliamente los promedios regionales.
El maíz como eje del sistema
En campañas favorables, en ambos establecimientos los lotes destinados a silaje alcanzaron producciones cercanas a los 60 o 70 mil kilos de materia verde por hectárea. En grano comercial los rindes oscilaron entre 12.000 y 18.000 kilos por hectárea, dependiendo del ambiente y la estrategia de fertilización utilizada en cada caso.

La densidad de siembra implementada se ubica entre 70.000 y 80.000 plantas por hectárea, con ensayos que duplican pasadas para reducir el distanciamiento entre hileras. El objetivo es maximizar intercepción lumínica y uniformidad de espigas.
En una de las chacras se está realizando actualmente un ensayo de siembra de alta densidad en 11 hectáreas, con 160.000 plantas por hectárea a 35 centímetros de separación, con un potencial de 120.000 a 160.000 kilos de rendimiento de materia verde por hectárea. Las estimaciones de este ensayo también ubican rindes de 20.000 a 25.000 kilos de grano de maíz por hectárea, que podrían incrementarse incluso un poco más si las condiciones productivas se mantienen en un formato perfecto.
“El secreto está en no fallar en el período crítico, si en floración el cultivo sufre estrés hídrico o nutricional, después no hay tecnología que lo salve”.
Lucas Paolini, de la empresa De León.
“El secreto está en no fallar en el período crítico, si en floración el cultivo sufre estrés hídrico o nutricional, después no hay tecnología que lo salve”, explica Paolini a Río Negro Rural.
La importancia en el manejo del riego
En este sentido el manejo del riego es determinante en cada unidad productiva. Los tablones de hasta 400 metros, nivelados con láser, permiten eficiencias cercanas al 98%. Esa precisión reduce tiempos y mejora la uniformidad de aplicación. En un esquema bajo riego gravitacional, cada centímetro de pendiente cuenta.

Una parte importante del maíz se cosecha con aproximadamente 30% de humedad para elaborar grano húmedo partido. Se procesa, se inocula y se embolsa, garantizando un alimento de alta digestibilidad para el engorde a corral.
“El grano húmedo nos mejora la conversión. No es lo mismo dar grano seco que un producto bien procesado y conservado, eso después se refleja en los kilos de carne”, afirma Sheriff.
Alfalfa: sostén forrajero y rotación estratégica
Si el maíz es la columna vertebral, la alfalfa representa estabilidad y rotación. La empresa De León mantiene alrededor de 500 hectáreas dentro del esquema forrajero, con cortes mensuales durante la temporada de crecimiento.

La implantación y el manejo exigen precisión. La humedad al momento del corte define la calidad final. Demasiado seca, pierde hojas y valor nutritivo; demasiado húmeda, compromete conservación y color. “Hoy el mercado es muy sensible. El productor que compra rollos te mira el color y después el precio, y negocia cada kilo”, describe Paolini.
En valores recientes, el rollo se comercializó en torno a los 160 pesos por kilo y el fardo cerca de los 5.500 pesos por unidad, aunque la sobreoferta regional presiona los precios a la baja. La logística también incide: en un solo lote pueden confeccionarse hasta 10.000 fardos, cuyo levantamiento demanda más de una semana de trabajo continuo.
“El objetivo es que cada hectárea bajo riego produzca la mayor cantidad de kilos posibles, ya sea en grano o en carne. Todo está conectado”.
Juan Sheriff, de la empresa De León.
La calidad visual varía entre el primer y el último fardo confeccionado. Los primeros mantienen un verde intenso; los últimos, tras días de exposición, tienden a amarillear superficialmente. “La calidad interna es la misma, pero el color influye en la decisión de compra. Son detalles que en el negocio pesan”, reconoce Sheriff.
Más allá de la venta, la alfalfa cumple un rol clave dentro del propio establecimiento, aportando fibra y proteína a las dietas de un feedlot en formación y permitiendo rotaciones que mejoran estructura y fertilidad del suelo.
Ganadería: el cierre del círculo productivo
La tercera pata del sistema es el feedlot, que actualmente aloja alrededor de 500 animales en distintas etapas de recría y terminación. El planteo se basa casi exclusivamente en producción propia: silaje de maíz, grano húmedo partido, rollos de alfalfa y núcleo mineral vitamínico.

La integración permite controlar costos y calidad de insumos, algo central en un contexto de márgenes ajustados. “Si no producís tu propia comida, dependés demasiado del mercado. Y eso en ganadería te deja muy expuesto”, sostiene Paolini.
En terminación, los animales logran ganancias promedio de 1,3 kilos diarios, con lotes que alcanzaron entre 1,5 y 1,6 kilos por día gracias al ajuste fino de dietas y a la mejora genética. En recría, los machos tienen una ganancia de 1 kilo promedio diario y las hembras, con una dieta más cuidada para que no se engrase y distinta a la de los machos, proporcionan una ganancia de unos 700/800 gramos diarios.
El sistema se complementa con 28.000 hectáreas en San Antonio Oeste, donde manejan unas 1.500 madres. Los terneros ingresan luego al esquema bajo riego, cerrando el ciclo productivo.
“El objetivo es que cada hectárea bajo riego produzca la mayor cantidad de kilos posibles, ya sea en grano o en carne. Todo está conectado”, sintetiza Sheriff.
En los establecimientos de la empresa De León el modelo no se improvisa. Se mide, se compara y se ajusta campaña tras campaña. El maíz impulsa, la alfalfa sostiene y la ganadería transforma. En el equilibrio entre agricultura intensiva y eficiencia animal, Juan Sheriff y Lucas Paolini construyen un esquema que apuesta a la integración como herramienta para sostener competitividad en el Valle Medio.
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En el Valle Medio, donde el agua del río Negro define en buena medida el pulso productivo de la región, la empresa De León administra dos establecimientos agrícolas en los que definió armar un esquema que combina maíz, alfalfa y en una de esas unidades productivas da los primeros pasos un pequeño engorde a corral.
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