Sobrevivir, despertar y volver a empezar: la lucha de un joven tras sufrir la caída de un árbol en un refugio en El Bolsón
Nicolás estudia para formarse como guía de montaña. Realizaba una práctica en la zona del refugio Hielo Azul, cuando una lenga de unos 20 metros se le cayó encima. No sabe si podrá volver a caminar pero no pierde la esperanza.
Desde el 17 de marzo, Nicolás Jiménez Ghione pelea por su vida. Ya no corre riesgo, pero no sabe si todo volverá a ser como siempre. Un neurocirujano le recomendó «hacerse la idea» de usar silla de ruedas, pero este hombre de 30 años no pierde la esperanza. «Voy a luchar con todas mis fuerzas, como vengo haciendo desde el 17 de marzo. Si existe un 1% de que ocurra lo bueno, para mí ya es un 100% de chances de volver a mi vida normal o acercarme lo más posible«, advierte Nicolás que lleva varias semanas internado en el hospital Ramón Carrillo de Bariloche a la espera de un traslado en ambulancia a Buenos Aires.
Es de Lanús, provincia de Buenos Aires, y estudia para ser guía de montaña. En marzo, viajó a El Bolsón para hacer las habituales prácticas de tránsito en glaciar en la zona del refugio Hielo Azul, junto a un grupo de 18 alumnos y tres instructores. Nunca imaginó que el regreso a Buenos Aires no sería tal como estaba programado.
«Ese lunes estaba nevando y había unos 50 centímetros de nieve por encima del glaciar. Podía haber grietas de modo que decidimos volver al refugio. Nos cambiamos porque estábamos empapados y los profesores decidieron trasladar la práctica al bosque», cuenta el muchacho a diario RIO NEGRO, tras la revisión diaria de uno de los médicos.

La prueba era de a dos estudiantes, encordados con una distancia de 12 metros. «De esta forma, si el que va adelante cae en una grieta, el de atrás tiene 12 metros para poder frenarse con un equipo especial que se clava en el hielo y de esta forma, puede recuperar al compañero», detalla.
Esa mañana de nieve, caminaban por el bosque cuando, de pronto, Nicolás escuchó el ruido de un árbol que se partía. Cuando levantó la mirada, tenía el tronco prácticamente encima suyo. Se trataba de una lenga de unos 20 metros de alto. Recuerda cada segundo porque en ningún momento, perdió el conocimiento.
«Mis compañeros me movilizaron en bloque para lateralizarme. El objetivo es que la columna no se moviera para nada. Me buscaron del refugio con una camilla de madera, pero solo recuerdo que me dolía la espalda. Pedía algo acolchado, pero no querían ni moverme», recuerda. En el refugio permaneció al lado de la salamandra y una compañera intentaba mantenerlo despierto aunque por momentos, dormitaba. Una hora después, un helicóptero lo trasladó al hospital de El Bolsón, pero el cuadro se complicó aún más.

Nicolás no recuerda nada más. Despertó el 24 de marzo, una semana después, en el hospital público de Bariloche. Estaba intubado. Supo que había sufrido fracturas en la pelvis, en cuatro costillas, la escápula derecha y la columna. «La vértebra dorsal 8 fue lo peor de todo porque se llevó el peor golpe y comprimió la médula. Esa compresión de la médula hizo que hoy no tenga sensibilidad de la boca del estómago para abajo«, lamenta.
El pronóstico de Nicolás es incierto. «El neurocirujano me dijo: ‘Vas a tener que acostumbrarte a la silla de ruedas’. Pero siempre dan un pronóstico más negativo. Lo cierto es que mi médula no está cortada, según la resonancia. Puede que vuelva a caminar, puede que no. Hasta que la médula no se desinflame no se sabrá. Puede demorar seis meses a un año», comenta. Espera su traslado a Buenos Aires en ambulancia ya que no puede viajar siquiera en avión sanitario porque le podría ocasionar un colapso pulmonar.
Nicolás, junto a su familia, lanzó una recaudación para poder atenderse en el instituto Fleni en Buenos Aires. Sucede que la primera parte de la rehabilitación ronda los 115 millones de pesos para esos 90 días.
Nicolás es positivo pese a la incertidumbre que le genera su pronóstico. E incluso, se ríe de su accidente. «Me da hasta cierta gracia pensar que era un bosque con cientos de árboles. El árbol tiene 360 grados para caer y por cosas de la vida, este cayó por donde justo pasaba yo. Podría haber caído 10 centímetros a la izquierda y la historia era otra», recalca.

Agradece estar vivo. Cuando sus padres desembarcaron en Bariloche desde Buenos Aires, los médicos les advirtieron que no sabían si podría pasar esa noche. «El tema eran los pulmones que, decían, estaban como una pasa de uva. Gracias a tanto esfuerzo, me recuperé día tras día«, valora.
También recuerda cuando despertó del coma inducido. Estaba medio confundido, aunque tenía en claro lo que había pasado. «Quería hablar, pero tenía el tubo en la boca. Una doctora me hizo un abecedario para que pudiera hablar y me acuerdo que pregunté si mi frecuencia respiratoria estaba entre 12 y 20. la doctora se rió y me dijo: ‘¿Eso era lo que querías preguntar?‘», señala.
Nicolás no desconoce que probablemente su vida cambie. «Soy -o era- corredor y desde hace 12 años, corro en la montaña y en la calle. Ser guía es el proyecto de vida que estaba armando. Lamentablemente quizás se vea afectado. No se si para siempre o quizás, en tres años pueda recuperarme y volver a esa vida. Ojalá así sea«, subraya.

Desde el 17 de marzo, Nicolás Jiménez Ghione pelea por su vida. Ya no corre riesgo, pero no sabe si todo volverá a ser como siempre. Un neurocirujano le recomendó "hacerse la idea" de usar silla de ruedas, pero este hombre de 30 años no pierde la esperanza. "Voy a luchar con todas mis fuerzas, como vengo haciendo desde el 17 de marzo. Si existe un 1% de que ocurra lo bueno, para mí ya es un 100% de chances de volver a mi vida normal o acercarme lo más posible", advierte Nicolás que lleva varias semanas internado en el hospital Ramón Carrillo de Bariloche a la espera de un traslado en ambulancia a Buenos Aires.
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