Eran compañeros de colegio, con 24 años crearon una inteligencia artificial y hoy ya trabajan con más de 220 compañías

Arrancaron desde el living de una casa, probaron la plataforma con sus abuelos y hoy desarrollan herramientas de inteligencia artificial para cientos de empresas, con la mira puesta en el crecimiento empresarial que genera Vaca Muerta.

Por Juan Moro

Cuando Agustín Mendilaharzu empezó a trabajar para empresas con sedes en ciudades como Boston, Dubai o Arabia Saudita, todavía no tenía una empresa propia, ni oficinas, ni clientes, ni inversores. Lo que sí tenía era una obsesión bastante clara: quería crear una startup tecnológica capaz de resolver un problema real.

Esa idea venía desde mucho antes de su paso por Boston Consulting Group (BCG), una de las consultoras estratégicas más importantes del mundo. Según cuenta, incluso antes de elegir qué estudiar ya sabía que en algún momento iba a terminar armando una empresa.

“Queremos construir un titán regional. Me gustaría que algún día nuestros competidores se junten y digan: ‘Qué mala suerte que tuvimos que estos pibes no trabajan con nosotros’.”

Agustín Mendilaharzu.

Por eso eligió una carrera que le permitiera tener una mirada amplia de los negocios y entender cómo funcionan distintas industrias. Después aprovechó cada proyecto para acercarse a sectores completamente diferentes y detectar oportunidades concretas. Pedía cambiar de industrias, de equipos y hasta de oficinas porque sentía que ahí estaba el verdadero aprendizaje: descubrir cuáles eran los problemas que se repetían en las empresas y que todavía nadie estaba resolviendo bien.

El festejo del grupo al llegar a los 200 clientes.

La oportunidad apareció en el lugar menos glamoroso imaginable: el caos administrativo.

Mientras participaba de un proyecto vinculado a estrategias de crecimiento para empresas, detectó algo que se repetía constantemente. Empresas llenas de facturas, comprobantes, mails, sistemas antiguos y planillas Excel interminables que obligaban a equipos enteros a perder horas y horas en tareas repetitivas.

“En Europa y Estados Unidos esto ya estaba mucho más avanzado, pero en Latinoamérica prácticamente no había nadie jugando fuerte ahí”, le explicó a RÍO NEGRO.

Ahí tomó la decisión.

Renunció y salió a construir la empresa que imaginaba.

Los amigos del colegio que terminaron creando una startup


Para empezar el proyecto llamó a dos personas con las que compartía una historia mucho más larga que cualquier experiencia laboral: Joaquín Eudlicz y Martín Anús.

Los tres habían sido compañeros de colegio y llevaban años hablando sobre negocios, tecnología y oportunidades. Mendilaharzu incluso armaba modelos de startups “teóricas” cuando todavía era adolescente y se las mostraba a Joaquín para discutirlas.

Con Martín la relación tenía otro costado. Era el amigo fanático de la tecnología, el que volvía de las vacaciones habiendo construido robots o inventado proyectos electrónicos imposibles. Mientras Agustín pensaba modelos de negocio, Martín se metía de lleno en la ingeniería y el desarrollo técnico.

Imagen gentileza.-

Cuando decidieron lanzar FEX, convencerlo no fue tan fácil.

En ese momento trabajaba en una prestigiosa compañía desarrollando microchips para autos de última generación dentro de un equipo de ingeniería altamente especializado. Desde afuera, dejar ese trabajo para empezar una startup enfocada en automatización administrativa parecía una locura.

“La inteligencia artificial no es algo reservado para Silicon Valley. Nosotros también podemos usar estas tecnologías para resolver problemas reales de empresas reales”

afirmó Agustín.

“Nos decía: ‘¿Qué tengo que ver yo con facturas?’”, recordó Agustín entre risas.

Entonces hicieron un acuerdo casi improvisado. Le pidieron apenas una hora por día para ayudarlos con los desafíos tecnológicos que iban encontrando mientras avanzaban con el proyecto. Pero esa hora rápidamente se transformó en dos, después en cuatro y finalmente en jornadas completas. A los pocos meses, Martín dejó su trabajo y se sumó definitivamente al proyecto.

Ahí arrancó FEX.

Literalmente desde el living de la casa de la mamá de uno de ellos.

Aprender desde cero cómo funciona una empresa


Aunque Agustín venía del mundo de la consultoría estratégica, reconoce que había una enorme diferencia entre analizar negocios desde arriba y entender cómo funcionan realmente las operaciones cotidianas de una empresa.

“Yo no tenía idea de cómo compra una empresa. No sabía qué pasaba desde que alguien decide comprar algo hasta que eso finalmente se paga”, contó.

Por eso empezaron un trabajo mucho más artesanal y profundo de lo que imaginaban. Visitaban empresas, se sentaban junto a empleados administrativos y observaban durante horas cómo se movía la información dentro de las organizaciones. Querían detectar dónde se perdía tiempo, cuáles eran los errores más frecuentes y qué tareas consumían más energía.

Ese proceso les permitió descubrir algo importante: no existían dos empresas iguales.

Cada una manejaba sus comprobantes de manera distinta. Cada administración tenía sus propias reglas, planillas y formas de trabajo. Y justamente esa complejidad era lo que hacía tan difícil desarrollar una solución realmente útil.

Mientras otras startups apostaban a productos mucho más vistosos vinculados a inteligencia artificial, ellos decidieron ir hacia un problema menos atractivo, pero mucho más profundo.

“El barro administrativo que nadie quiere tocar”, como lo definió Agustín.

La primera versión fue necesaria


Los primeros desarrollos estuvieron lejos de ser perfectos.

“Al principio era mucho a prueba y error”, reconoció Mendilaharzu.

Sin embargo, tenían claro que necesitaban lanzar rápido, equivocarse rápido y mejorar constantemente. Por eso empezaron a trabajar con clientes reales desde etapas muy tempranas, explicándoles que estaban construyendo el producto mientras lo probaban.

La lógica era simple: escuchar obsesivamente al cliente y mejorar todo el tiempo.

Actualmente, aseguran que hablan semanalmente con aproximadamente 15 de las más de 220 empresas que utilizan FEX para entender qué problemas siguen apareciendo y hacia dónde debe evolucionar el producto.

Ese contacto permanente terminó moldeando gran parte de la plataforma.

La prueba con sus abuelos que cambió todo


En un momento, mientras desarrollaban nuevas funciones, notaron que la plataforma se estaba volviendo demasiado compleja para usuarios que no tenían experiencia tecnológica.

Entonces decidieron hacer algo inesperado.

Sentaron a sus abuelos frente a la computadora.

“Nos pusimos en un Zoom con mis abuelos de 84 y 88 años y les pedimos que usaran la plataforma prácticamente sin explicarles nada”, relató Agustín.

Mientras ellos intentaban navegar el sistema, los fundadores tomaban nota de cada duda, cada pregunta y cada confusión. Ese ejercicio terminó modificando por completo la experiencia de usuario.

“Diseñamos el sistema para que lo pudieran usar hasta mis abuelos”, explicó.

Hoy, el Agente Operativo de FEX funciona con apenas cuatro botones principales, aunque detrás de esa simplicidad trabaja una inteligencia artificial capaz de procesar grandes volúmenes de información automáticamente.

Qué hace FEX y por qué tantas empresas empezaron a usarlo


La startup define sus herramientas como “empleados IA”.

El principal producto es el Agente Operativo, un sistema que automatiza la carga de comprobantes de proveedores. La inteligencia artificial recibe facturas o documentos por mail, WhatsApp, PDF o imágenes, extrae automáticamente los datos, valida la información y la carga en el sistema de gestión de la empresa en cuestión de minutos.

Incluso puede detectar anomalías, diferencias de precios o inconsistencias entre lo acordado y lo facturado.

Según detallan desde la compañía, esto permite ahorrar hasta un 80% del tiempo dedicado a tareas manuales y repetitivas y evita errores humanos generados por la repetición constante. Además, estandariza procesos y elimina diferencias de criterio en las cargas administrativas.

Con el tiempo, desarrollaron también el Agente Analítico, una inteligencia artificial que funciona como un cerebro conectado a los sistemas y datos de las empresas.

La idea es que cualquier persona pueda “hablar” con la información del negocio en lenguaje natural. Preguntar cuánto stock hay disponible, pedir reportes automáticos, solicitar gráficos, monitorear riesgos o detectar anomalías sin depender de especialistas ni planillas complejas.

“Es como conversar con tu empresa”, resumió Mendilaharzu durante la entrevista radial.

El crecimiento acelerado y la llegada a la Patagonia


El crecimiento de FEX fue muy rápido. Durante 2025 pasaron de tener 25 clientes a superar los 180. Actualmente ya trabajan con más de 220 compañías.

Entre sus clientes aparecen empresas como Maronti, Ojo de Agua, Grupo Slots, Petrosa, Hileret y Mendoza Vineyards, además de otras firmas vinculadas a diferentes sectores productivos.

En paralelo también empezó a crecer el equipo interno. Pasaron de ser apenas cinco personas a un grupo de 14 trabajadores, con nuevas búsquedas laborales abiertas y oficinas propias en el barrio porteño de Colegiales.

La Patagonia se transformó en una de las regiones donde comenzaron a enfocarse especialmente. Mendilaharzu recorrió empresas vinculadas al crecimiento económico impulsado por Vaca Muerta y observó algo que considera clave: muchas compañías saben que se aproximan años de expansión muy fuerte y quieren ordenar sus procesos antes de que llegue ese salto.

“La inteligencia artificial ayuda muchísimo cuando una empresa necesita escalar rápido sin multiplicar el caos administrativo”, sostuvo.

La ambición de construir “un titán regional”


Aunque el crecimiento de FEX ya es importante, Agustín habla del proyecto como algo que recién empieza. Sigue obsesivamente lo que ocurre en Silicon Valley, estudia constantemente nuevas herramientas de inteligencia artificial y cree que en este sector quedarse quieto significa desaparecer.

“Todo lo que hoy tenemos está condenado a quedar obsoleto”, afirmó.

Por eso dentro de la empresa trabajan bajo una lógica de mejora permanente. Nuevas funciones, nuevos agentes, nuevas automatizaciones y nuevas maneras de aprovechar la inteligencia artificial.

También sostienen una visión muy marcada sobre el tipo de empresa que quieren construir. Buscan equipos pequeños, altamente especializados y obsesionados con crecer rápido.

“Queremos construir un titán regional”, aseguró Mendilaharzu.

Y quizás la frase que mejor resume esa mezcla de ambición, competencia y entusiasmo apareció casi al final de la charla.

“Quiero que algún día nuestros competidores se junten en una oficina y digan: ‘Qué mala suerte que tuvimos que estos pibes no trabajan con nosotros’”.


Cuando Agustín Mendilaharzu empezó a trabajar para empresas con sedes en ciudades como Boston, Dubai o Arabia Saudita, todavía no tenía una empresa propia, ni oficinas, ni clientes, ni inversores. Lo que sí tenía era una obsesión bastante clara: quería crear una startup tecnológica capaz de resolver un problema real.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios