Llegó desde Salta sin experiencia en el campo y hoy produce alimentos en un invernadero de la Patagonia

Norma Beatriz Quispe llegó desde Salta al Valle de Viedma en 1991, cuando tenía apenas 17 años y no sabía nada sobre siembra o cosecha. Hoy produce tomates, morrones y berenjenas agroecológicas en un invernadero y comercializa sus verduras en la feria municipal de Viedma.

Por Auribel Zuarce

Entre hileras de tomates y morrones, Norma encontró en la producción agroecológica una forma de vida y arraigo en la Patagonia. Foto: Marcelo Ochoa.

Entre hileras de tomates y morrones, Norma encontró en la producción agroecológica una forma de vida y arraigo en la Patagonia. Foto: Marcelo Ochoa.

Norma Beatriz Quispe cuida cada día un invernadero en una chacra del Valle de Viedma, donde produce tomates cherry, morrones y berenjenas agroecológicas que luego comercializa en la feria municipal. Detrás de esa producción hay una historia de esfuerzo y arraigo que comenzó en 1991, cuando llegó a la región desde Salta con apenas 17 años.

Sus padres eran bolivianos, pero ella nació y creció en el norte argentino. Hasta ese momento conocía las verduras y las frutas únicamente como alimentos de consumo cotidiano. El trabajo rural era un mundo completamente desconocido.


Sin conocimientos sobre producción agrícola, llegó a la Patagonia y terminó convirtiendo un invernadero en su proyecto de vida


«Yo no sabía nada de cómo se sembraba, de dónde salían las verduras o cómo se producían. Acá aprendí todo», contó mientras recorría su invernadero.

La llegada coincidió con años difíciles para la economía argentina. Su intención inicial era regresar a Salta para terminar la escuela secundaria y cumplir su sueño de convertirse en profesora de Matemática. Sin embargo, las dificultades económicas le impidieron volver.

«Quería seguir estudiando, pero no podía ni juntar para el boleto«, recordó.

Los primeros tiempos en el campo no fueron sencillos. Su primera tarea fue limpiar zanahorias. La falta de experiencia hacía que avanzara lentamente y que el trabajo resultara especialmente duro. «Me decían que así no iba a ganar ni para la sal», recordó entre risas.

Con el paso del tiempo comenzó a conocer los ciclos productivos, las técnicas de siembra y cosecha, y descubrió una actividad que terminó apasionándola. Fue entonces cuando decidió quedarse.

En la región conoció a Juan Carlos, con quien formó una familia. Tuvieron dos hijos y construyeron su vida entre chacras, mudándose de un establecimiento a otro hasta llegar, hace once años, a la parcela donde viven actualmente.

El invernadero es el corazón del emprendimiento de Norma, donde cultiva verduras que luego comercializa en la feria municipal de Viedma. Foto: Marcelo Ochoa.
El invernadero es el corazón del emprendimiento de Norma, donde cultiva verduras que luego comercializa en la feria municipal de Viedma. Foto: Marcelo Ochoa.

Mientras su compañero trabaja con la producción de avellanas, Norma desarrolla su propia actividad hortícola y comercializa sus productos en la feria municipal de Viedma.


De trabajadora rural a productora: el invernadero que construyó le permitió alcanzar estabilidad económica en la Patagonia


La producción de alimentos siempre estuvo presente en su vida. Durante años cultivó verduras a campo abierto y participó de distintos grupos de productores que buscaban formas de comercialización conjunta. Más adelante se incorporó al movimiento de productores agroecológicos de la región.

«Muchas veces hacíamos las cosas de manera más natural porque los insumos eran caros. Después empezamos a mostrarle a la gente cómo producíamos y se fue valorando cada vez más la alimentación saludable», explica.

Gracias a un proyecto productivo pudo acceder a un invernadero de 13 metros de ancho por 28 de largo. Allí cultiva tomates cherry, morrones y berenjenas durante la temporada cálida, mientras que en invierno produce verduras de hoja como rúcula, lechuga y espinaca.

Aunque reconoce que un invernadero más grande permitiría aumentar la producción, asegura sentirse conforme con lo que logró. «Esto me sirve para vivir, mantenerme y ayudar a mis hijos. Estoy contenta con lo que hago«, afirma.

Para Norma, el campo representa mucho más que un lugar de trabajo. Es el espacio donde construyó su historia, crió a su familia y encontró una forma de vida ligada a la producción de alimentos.

«Me gusta estar acá porque me siento libre. Puedo producir mis propios alimentos y ofrecerle a la gente algo sano para comer», resume.

Su historia es una de las tantas que forman parte del desarrollo productivo de Idevi, una región construida gracias al esfuerzo de familias migrantes que encontraron en el Valle Inferior una oportunidad para crecer y echar raíces.

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Norma Beatriz Quispe cuida cada día un invernadero en una chacra del Valle de Viedma, donde produce tomates cherry, morrones y berenjenas agroecológicas que luego comercializa en la feria municipal. Detrás de esa producción hay una historia de esfuerzo y arraigo que comenzó en 1991, cuando llegó a la región desde Salta con apenas 17 años.

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