Mensajeros odiosos

Redacción

Por Redacción

Si las calificadoras de riesgo mejor conocidas –Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s– fueran tan inútiles como dicen sus muchos críticos, a nadie le importarían sus opiniones acerca de la marcha de las distintas economías, pero a juzgar por la reacción airada de gobiernos y banqueros toda vez que sus previsiones no se ajustan a las expectativas propias, su influencia sigue siendo muy grande. Es que, bien que mal, los inversores aún las creen más dignas de confianza que los voceros de agrupaciones políticas o de entidades empresariales, razón por la que a menudo los informes que difunden tienen un impacto muy fuerte. Luego de que Standard & Poor’s privara a Estados Unidos de su ranking AAA, el mismísimo presidente Barack Obama se sintió obligado a protestar contra lo que tomó por un insulto personal inmerecido. De manera parecida los mandatarios europeos, encabezados por la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolas Sarkozy, quisieran amordazarlas o, si no les es dado hacerlo, crear una calificadora propia cuyos vaticinios contaran con su aprobación pero que, por dicho motivo, carecería de credibilidad. De todas formas, fue previsible que la decisión de Moody’s de bajar la nota al sistema bancario argentino de “estable” a “negativa” diera lugar a una andanada de réplicas indignadas de parte de la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, otros funcionarios gubernamentales y los voceros de los bancos mismos. Todos coincidieron en que el juicio de Moody’s carece de fundamento, que se trata de una manifestación, una más, de la ignorancia e irresponsabilidad de quienes se imaginan capacitados para opinar sobre las perspectivas ante la economía nacional. Es lo que siempre sucede, tanto aquí como en otras latitudes, cuando una calificadora expresa dudas acerca del futuro de una economía determinada. Es probable que Moody’s, aleccionada por lo que sucedió tres años atrás cuando, lo mismo que sus rivales, confiaba excesivamente en la solvencia de grandes instituciones financieras norteamericanas que poco después se hundieron, haya optado por cargar las tintas, pero así y todo convendría que los gobiernos, entre ellos el nuestro, y entidades sectoriales prestaran atención a sus advertencias. Si bien les es necesario esforzarse por brindar la impresión de estar convencidos de que la economía de su propio país no está en problemas –caso contrario, provocarían una corrida– o, en el caso de los bancos, de que continuarán siendo solventes, sería mejor que se prepararan para tomar medidas a fin de minimizar los riesgos eventuales. En cuanto a las calificadoras, de haber previsto a mediados del 2008 que Lehman Brothers y otros bancos de inversión gigantescos pronto se irían a pique, llevando consigo cantidades colosales de dólares y provocando una crisis financiera mundial de grandísimas proporciones, las hubieran acusado de ser lss responsables principales del desastre. Acierten o no, los agoreros nunca son bien vistos por los poderosos. Según Moody’s, nuestro sistema bancario es vulnerable porque sentirá el impacto de ajustes macroeconómicos que a su juicio serán implementados porque “las políticas fiscales y monetarias expansionistas que están impulsando el crecimiento económico” difícilmente podrían sostenerse a los niveles actuales. Se trata de una opinión que comparten muchos, incluyendo, desde luego, a algunos banqueros que sumaron sus voces al coro condenatorio. En efecto, el día anterior, empresarios y economistas que asistían al Precoloquio de IDEA en Rosario se afirmaron muy preocupados por el futuro del “modelo” por motivos no muy distintos de los resumidos por los analistas de Moody’s. Aunque es de prever que hasta el 23 de octubre los partidarios del gobierno kirchnerista insistirán en que el esquema económico vigente podrá sostenerse por muchos años más, ya que según ellos es muy superior a los de Europa, América del Norte y el Japón, de modificarse como se prevé la situación internacional no les quedará más opción que la de intentar ajustarse a la realidad. Si nuestra propia experiencia y la del resto del mundo nos ha enseñado algo, esto es que siempre es un error subestimar los riesgos planteados por distorsiones que a primera vista parecen manejables pero que andando el tiempo podrían dar lugar a una crisis descomunal.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 945.035 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 28 de agosto de 2011


Si las calificadoras de riesgo mejor conocidas –Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s– fueran tan inútiles como dicen sus muchos críticos, a nadie le importarían sus opiniones acerca de la marcha de las distintas economías, pero a juzgar por la reacción airada de gobiernos y banqueros toda vez que sus previsiones no se ajustan a las expectativas propias, su influencia sigue siendo muy grande. Es que, bien que mal, los inversores aún las creen más dignas de confianza que los voceros de agrupaciones políticas o de entidades empresariales, razón por la que a menudo los informes que difunden tienen un impacto muy fuerte. Luego de que Standard & Poor’s privara a Estados Unidos de su ranking AAA, el mismísimo presidente Barack Obama se sintió obligado a protestar contra lo que tomó por un insulto personal inmerecido. De manera parecida los mandatarios europeos, encabezados por la canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolas Sarkozy, quisieran amordazarlas o, si no les es dado hacerlo, crear una calificadora propia cuyos vaticinios contaran con su aprobación pero que, por dicho motivo, carecería de credibilidad. De todas formas, fue previsible que la decisión de Moody’s de bajar la nota al sistema bancario argentino de “estable” a “negativa” diera lugar a una andanada de réplicas indignadas de parte de la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, otros funcionarios gubernamentales y los voceros de los bancos mismos. Todos coincidieron en que el juicio de Moody’s carece de fundamento, que se trata de una manifestación, una más, de la ignorancia e irresponsabilidad de quienes se imaginan capacitados para opinar sobre las perspectivas ante la economía nacional. Es lo que siempre sucede, tanto aquí como en otras latitudes, cuando una calificadora expresa dudas acerca del futuro de una economía determinada. Es probable que Moody’s, aleccionada por lo que sucedió tres años atrás cuando, lo mismo que sus rivales, confiaba excesivamente en la solvencia de grandes instituciones financieras norteamericanas que poco después se hundieron, haya optado por cargar las tintas, pero así y todo convendría que los gobiernos, entre ellos el nuestro, y entidades sectoriales prestaran atención a sus advertencias. Si bien les es necesario esforzarse por brindar la impresión de estar convencidos de que la economía de su propio país no está en problemas –caso contrario, provocarían una corrida– o, en el caso de los bancos, de que continuarán siendo solventes, sería mejor que se prepararan para tomar medidas a fin de minimizar los riesgos eventuales. En cuanto a las calificadoras, de haber previsto a mediados del 2008 que Lehman Brothers y otros bancos de inversión gigantescos pronto se irían a pique, llevando consigo cantidades colosales de dólares y provocando una crisis financiera mundial de grandísimas proporciones, las hubieran acusado de ser lss responsables principales del desastre. Acierten o no, los agoreros nunca son bien vistos por los poderosos. Según Moody’s, nuestro sistema bancario es vulnerable porque sentirá el impacto de ajustes macroeconómicos que a su juicio serán implementados porque “las políticas fiscales y monetarias expansionistas que están impulsando el crecimiento económico” difícilmente podrían sostenerse a los niveles actuales. Se trata de una opinión que comparten muchos, incluyendo, desde luego, a algunos banqueros que sumaron sus voces al coro condenatorio. En efecto, el día anterior, empresarios y economistas que asistían al Precoloquio de IDEA en Rosario se afirmaron muy preocupados por el futuro del “modelo” por motivos no muy distintos de los resumidos por los analistas de Moody’s. Aunque es de prever que hasta el 23 de octubre los partidarios del gobierno kirchnerista insistirán en que el esquema económico vigente podrá sostenerse por muchos años más, ya que según ellos es muy superior a los de Europa, América del Norte y el Japón, de modificarse como se prevé la situación internacional no les quedará más opción que la de intentar ajustarse a la realidad. Si nuestra propia experiencia y la del resto del mundo nos ha enseñado algo, esto es que siempre es un error subestimar los riesgos planteados por distorsiones que a primera vista parecen manejables pero que andando el tiempo podrían dar lugar a una crisis descomunal.

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