La Sociedad Italiana de Zapala llegó a su centenario con un legado que atraviesa generaciones

La historia comenzó el 27 de junio de 1926, cuando la ciudad estaba a punto de cumplir sus primeros 13 años y un grupo de inmigrantes decidió reunirse para crear una institución que les permitiera mantener vivas sus raíces.

Redacción

Por Redacción

Por Oscar Aliaga

Hablar de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos de Zapala es hablar de los orígenes mismos de la ciudad. Su historia está profundamente ligada al crecimiento de la localidad, al esfuerzo de los inmigrantes que llegaron a estas tierras con la esperanza de construir un futuro mejor y a la identidad de una comunidad que encontró en esta institución un lugar de encuentro, solidaridad y pertenencia.

Este 2026 la Sociedad celebra su centenario, un acontecimiento que trasciende a la colectividad italiana y que forma parte del patrimonio histórico, cultural y social de todos los zapalinos.

La historia comenzó el 27 de junio de 1926, cuando la ciudad estaba a punto de cumplir sus primeros 13 años, así un grupo de inmigrantes italianos decidió reunirse en una sala municipal para crear una institución que les permitiera mantener vivas sus raíces y, al mismo tiempo, acompañarse mutuamente en una tierra que todavía estaba dando sus primeros pasos como ciudad.

En esa reunión participaron entre otros, Emilio Maccarini, Sabato Jaraci, Antonio Di Lucca, Luigi Zarantini, Giuseppe Frassino, Salvador Afrid, José Pelz, Bagli, Grillo, José Guglielmi, Pollero, Nello Muzzin y vecinos italianos ya radicados en este pueblo, quienes dieron nacimiento a la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos.

Apenas ocho días después de aquella histórica reunión ya se habían reunido los primeros fondos para comenzar a construir la sede social. El terreno fue donado por José Guglielmi, mientras que numerosas familias realizaron aportes económicos para hacer realidad el sueño.

Entre quienes colaboraron figuraban Domingo Finocchietto, Francisco Mita, Pedro Garofili, Lamberto Butarzi, Luis Butarzi, José y Américo Peretti, María Esther de Pollero, Valentín Gallardo, Antonio Sabella, Luis Monti, Nello y Pedro Borrini, entre muchos otros vecinos que entendieron que aquella institución sería un símbolo para las futuras generaciones. La construcción fue dirigida por Florencio Gambazza, mientras que el salón principal estuvo bajo la supervisión de Nazareno Mercuri.

Aquellos pioneros difícilmente imaginaron que, cien años más tarde, la Sociedad Italiana seguiría siendo uno de los edificios más representativos de Zapala.

Su sede, ubicada en el casco histórico de la ciudad, conserva una arquitectura italianizante de ladrillo visto que aún hoy constituye uno de los patrimonios edilicios más importantes del centro zapalino. Por ese valor histórico y arquitectónico, el edificio fue declarado Patrimonio Histórico Municipal mediante la Ordenanza 360/15.

Sin embargo, la importancia de la institución nunca estuvo solamente en sus paredes.

Durante décadas fue uno de los principales espacios de encuentro de la ciudad. Allí se realizaron bailes, casamientos, reuniones familiares, celebraciones patrias, cenas de camaradería y encuentros de toda la comunidad.

También funcionó parte de la Escuela Nacional N.º 3 entre los años 1937 y 1940, cuando el establecimiento original no reunía las condiciones necesarias para continuar dictando clases. Aquella decisión permitió que decenas de niños zapalinos pudieran continuar su educación gracias al compromiso solidario de la institución.

Con el paso de los años llegó otro de los grandes orgullos de la Sociedad Italiana: la construcción de la cancha de bochas, inaugurada en 1951.

El tradicional deporte italiano se convirtió rápidamente en un punto de encuentro para vecinos de toda la región. Allí se disputaban torneos, se recibían delegaciones de otras localidades y, sobre todo, se fortalecían los vínculos entre generaciones. Las bochas eran apenas una excusa para compartir largas tardes de amistad, comidas típicas y recuerdos de la tierra que muchos habían dejado atrás.

Las familias italianas también dejaron una huella profunda en el desarrollo económico de Zapala. Muchos de sus integrantes fueron comerciantes, constructores, panaderos, albañiles y emprendedores que ayudaron a levantar gran parte de la ciudad durante las primeras décadas del siglo XX.

La propia historia arquitectónica de Zapala refleja esa influencia, con edificios construidos en ladrillo visto y detalles italianizantes que todavía hoy forman parte del paisaje urbano.

Como muchas instituciones centenarias, la Sociedad Italiana atravesó épocas de gran actividad y otras de menor participación. Durante algunos años el edificio fue alquilado para distintos emprendimientos con el objetivo de sostener su mantenimiento, mientras gran parte de la actividad social se había reducido.

Impulsando una nueva etapa


Hace cuatro años, una nueva comisión directiva inició el desafío de recuperar institucionalmente la entidad. Entre quienes impulsaron ese renacimiento se destacan Isabel Tassone y Guillermo Zambianchi (fallecido en 2024), reconocidos especialmente por la actual conducción por haber sido fundamentales para poner nuevamente en marcha la institución.

El trabajo comenzó con la regularización administrativa, la recuperación de la personería jurídica y posteriormente avanzó sobre la restauración edilicia, siempre con el acompañamiento de socios y vecinos de la ciudad.

Hoy el objetivo es claro: devolverle a la Sociedad Italiana el lugar que históricamente ocupó como espacio abierto para toda la comunidad, preservando su memoria y proyectándola hacia las nuevas generaciones.

El centenario representa mucho más que una fecha en el calendario. Es el homenaje a aquellos inmigrantes que llegaron con muy poco equipaje, pero con enormes valores: el trabajo, el esfuerzo, la solidaridad y el sentido de comunidad.

Gracias a ellos, Zapala creció sobre bases firmes y construyó una identidad plural donde convivieron distintas culturas que encontraron en esta tierra un lugar para desarrollarse.

Cien años después, la Sociedad Italiana continúa siendo un símbolo de esa historia compartida. Cada ladrillo de su fachada, cada fotografía antigua, cada torneo de bochas y cada encuentro familiar recuerdan que el verdadero patrimonio no está solamente en los edificios, sino en las personas que les dieron vida.

Celebrar este centenario es reconocer a quienes hicieron grande a la institución y, al mismo tiempo, rendir homenaje a todos aquellos inmigrantes italianos que, con esfuerzo y trabajo, ayudaron a construir la Zapala que hoy conocemos.


Por Oscar Aliaga

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