Calidad, color e integración, tres claves para pelearla en la fruticultura de la norpatagonia

El titular de Frutas Cadi, en Allen, analiza el presente del Alto Valle, cuestiona la falta de planificación, apuesta por la renovación varietal y sostiene que el futuro de la actividad dependerá de la capacidad de cambiar antes que el mercado obligue a hacerlo.

Por Miguel Vergara

Alejandro Cantera, productor frutícola de Allen.

Alejandro Cantera, productor frutícola de Allen.

Puertas adentro del galpón de empaque ubicado en la zona de chacras de Allen el ritmo de trabajo es incesante, y la música la ponen las líneas de trabajo con sus cientos de engranajes perfectamente sincronizados.

Alejandro Cantera se mueve con naturalidad en medio de ese ritmo cotidiano y frenético a la vez. Lleva más de veinte años dedicado a la actividad y conoce cada eslabón del negocio: fue productor, empacador, exportador junto a la empresa familiar, y tras la disolución de esa firma hoy volvió a empezar, esta vez con una estructura más pequeña, flexible y adaptada a un escenario que cambia casi todos los meses y obliga a adaptarse.

En las oficinas de la firma cuenta a Río Negro Rural que su historia comenzó prácticamente dentro de una chacra. Su padre es ingeniero agrónomo y durante dos décadas compartieron una empresa familiar dedicada a la producción y al empaque, firma que un día bajó la persiana. En esa época llegó incluso a convertirse en uno de los primeros exportadores regionales que enviaron fruta a Rusia con marca propia.

Lejos de buscar otros rumbos, Alejandro decidió continuar con la fruticultura. Después llegó una pausa obligada por un problema de salud y, hace poco más de un año, comenzó una nueva etapa junto a su esposa Carolina, con la creación de Cadi Export, y en sociedad operativa con Frutas Andresito, aprovechando la infraestructura existente para lanzar Frutas Cadi.

La manzana de posiciona en el mercado interno, tanto en valor como en volumen de venta. Foto: Juan Thomes


«Trabajé muchos años para las grandes exportadoras. No me fundía, pero tampoco ganaba. El productor siempre terminaba cobrando último. Un día entendí que podía hacer ese trabajo por mi cuenta», explica Alejandro a Río Negro Rural.

Esa decisión cambió completamente su manera de entender el negocio. Hoy la empresa produce, empaca fruta propia, presta servicios a terceros y comercializa tanto en el mercado interno como en exportación. Esa diversificación, sostiene, es una de las principales fortalezas de las empresas medianas, que pueden reaccionar con rapidez frente a los cambios económicos.

Una empresa chica puede reaccionar más rápido



Cantera no reniega de las grandes compañías. Las conoce desde adentro y reconoce el papel que cumplen en la exportación argentina. Sin embargo, está convencido de que el productor mediano tiene una ventaja que hoy vale oro: la capacidad de cambiar de rumbo casi inmediatamente.

El galpón de empaque de Frutas Cadi trabaja durante todo el año. Foto: Juan Thomes



«Hay días en que conviene exportar y otros en que el mejor negocio está en el mercado interno. Nosotros podemos decidir rápido. Esa flexibilidad es fundamental porque la fruticultura cambió muchísimo. El dólar cambia, cambian los mercados, cambian los precios y uno tiene que estar preparado para reaccionar rápido», dice el productor / empresario.

«Trabajé muchos años para las grandes exportadoras. No me fundía, pero tampoco ganaba. El productor siempre terminaba cobrando último. Un día entendí que podía hacer ese trabajo por mi cuenta».

Alejandro Cantera, Frutas Cadi.

La empresa concentra hoy su actividad principalmente en manzanas y peras tradicionales, abastece a unos treinta clientes distribuidos en el país en los mercados concentradores y exporta principalmente a Brasil y Perú. No busca grandes volúmenes sino negocios sostenibles. «La fruticultura hoy la gana el que mejor sabe adaptarse», reitera.

Competir con Chile



Si hay un tema que aparece repetidamente durante la charla es la comparación con Chile. Para Cantera, el vecino país lleva varios años de ventaja en planificación, genética y desarrollo varietal.

Lavado de fruta en el galpón de empaque de la firma en Allen. Foto: Juan Thomes


Explica que mientras en Argentina todavía predominan montes implantados hace varias décadas, Chile avanzó de manera constante incorporando nuevos clones y variedades con mayor aceptación comercial.
«Ellos fueron renovando la genética mientras nosotros seguimos creyendo que algunas variedades viejas todavía son competitivas. Nosotros recién estamos plantando materiales que ellos ya dejaron atrás hace años», reflexiona.

«No digo que el Estado tenga que hacer todo, pero sí debería existir algún organismo que ayude a orientar. Saber qué está pidiendo el mercado y hacia dónde conviene ir».

Alejandro Cantera, Frutas Cadi.

Pero el problema no termina allí. Según explica, en Chile existe una planificación productiva que orienta sobre qué plantar de acuerdo con la demanda futura de los mercados internacionales. En cambio, en Argentina cada productor decide por su cuenta y muchas veces todos terminan apostando a la misma variedad.

«No digo que el Estado tenga que hacer todo, pero sí debería existir algún organismo que ayude a orientar. Saber qué está pidiendo el mercado y hacia dónde conviene ir», señala como materia pendiente.

El consumidor compra con los ojos



La competencia chilena también puso en evidencia un cambio profundo en el consumo.
Cantera reconoce que muchas veces, por no decir siempre, la apariencia pesa más que el sabor.

En manzanas, el color manda.. mientras más coloreada sea tendrá mayor aceptación en el consumidor. Foto: Juan Thomes


Las manzanas chilenas llegan con un color uniforme que seduce al consumidor, aun cuando, afirma, muchas variedades argentinas conservan mejores condiciones organolépticas. «Hoy la fruta entra por los ojos. Una manzana bien coloreada vende más aunque otra tenga mejor sabor», destaca el productor.

Ese fenómeno obliga a replantear toda la producción. Ya no alcanza con obtener buenos rindes, también hay que producir la fruta que el mercado está dispuesto a pagar.

Pensar a quince años



Para Cantera, el mayor problema de la fruticultura argentina no es únicamente financiero. Es, sobre todo, estratégico. Recuerda que cada nueva plantación recién comienza a producir varios años después y que las decisiones que se toman hoy tendrán consecuencias dentro de una década o más.

La falta de planificación podría derivar en que dentro de una década haya una sobreoferta de este producto en el mercado. Foto: Juan Thomes.


Por eso observa con preocupación la creciente reconversión de perales hacia manzanos. «Hoy todos plantan manzana porque es el negocio que mejor funciona. Pero dentro de quince años podemos encontrarnos con una enorme sobreoferta de manzanas y muy poca pera. Eso pasa cuando nadie planifica», subraya.

Una nueva generación



Durante buena parte de la charla aparece otro concepto que atraviesa todo el sector: el cambio generacional. Según Cantera, la nueva camada de productores tiene otra formación, utiliza tecnología, viaja, participa de ferias internacionales y comparte información sin los recelos que caracterizaron a generaciones anteriores.

Unas treinta personas trabajan en el galpón de empaque que funciona en zona de chacras de Allen.


«Antes nadie quería contar qué hacía en la chacra. Hoy los productores jóvenes comparten experiencias porque entienden que si toda la región mejora, todos terminan creciendo», apunta.

Internet, las redes sociales y el acceso inmediato a la información también modificaron la forma de producir y de vender.
Lo que antes podía ocultarse durante meses, hoy queda expuesto en una fotografía enviada por WhatsApp apenas el camión llega a destino, o incluso antes de que comience el viaje.

Invertir para seguir



Frutas Cadi trabaja actualmente sobre unas treinta hectáreas de peras y manzanas y continúa incorporando mejoras tecnológicas. La instalación de mallas antigranizo, nuevas variedades y sistemas de conducción forman parte de un proceso permanente de inversión.

El galpón de empaque de Frutas Cadi en Allen también presta servicios para terceros.


Cantera reconoce que no todos pueden hacerlo, especialmente quienes viven únicamente de la renta anual de su chacra. Sin embargo, considera que la modernización ya dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad. «La malla, el riego, las nuevas variedades… todo eso cuesta mucho dinero, pero también es lo que permite seguir siendo competitivo», sostiene convencido.

Este joven productor frutícola no habla de subsidios ni de soluciones mágicas. Habla de gestión, de información y de capacidad para cambiar.

«Se puede vivir de la fruticultura. Lo importante es entender que el negocio cambió. El que siga haciendo las cosas como hace veinte años, va a quedar afuera», finaliza.


mapa ¿Ya visitaste nuestro mapa interactivo? Hacé click AQUÍ para acceder al Atlas Productivo de la Patagonia. Todas las notas y videos de Río Negro Rural en un solo lugar.

whatsapp Seguí AQUÍ el canal de WhatsApp del suplemento Rural de Diario RÍO NEGRO, donde recibirás novedades y material exclusivo sobre el agro de Río Negro, Neuquén y toda la Argentina.



Puertas adentro del galpón de empaque ubicado en la zona de chacras de Allen el ritmo de trabajo es incesante, y la música la ponen las líneas de trabajo con sus cientos de engranajes perfectamente sincronizados.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora

Comentarios