Alemania, la inmigración y los tabúes

Por Silvia Ayuso

Redacción

Por Redacción

Berlín, 08:30 de la mañana, un barrio cualquiera. En la esquina de la calle, el puesto de comida turca comienza a prepararse para la jornada. Unos metros más adelante, la tienda griega de verduras y el quiosco regentado por un indio también están ya abiertos. Una fila de niños se encamina hacia el suburbano para emprender una excursión de colegio. De los 12 pequeños, dos son de origen asiático, otro africano y varios latinoamericanos.

Tan sólo en la capital alemana, uno de cada diez habitantes es de origen turco, la primera minoría del país, con 2,7 millones de ciudadanos de esta ascendencia viviendo en toda Alemania.

En total, en territorio germánico los extranjeros conforman casi el nueve por ciento de los ochenta millones de habitantes que tiene el país. A ellos hay que agregar las aproximadamente 250.000 personas que cada año llegan.

Ayer, el Bundestag, la cámara baja del Parlamento alemán, aprobaba una amplia ley de Inmigración que pretende limitar y regular el gran flujo de extranjeros. De este modo, un gobierno germano por fin se dedica a ordenar lo que es desde hace tiempo un hecho consumado: que Alemania es un país de inmigrantes.

Además de la necesidad real de mano de obra extranjera, durante décadas, Alemania, perseguida por los complejos y tabúes que arrastra desde el final de la Segunda Guerra Mundial, no se atrevió a dar una forma legal completa ni a limitar esta situación.

Sin embargo, el actual estancamiento económico, el incremento del desempleo -actualmente en el 10,4%- y el creciente flujo de ciudadanos de otros países que cada año entran en suelo germano, así como la previsible nueva afluencia de inmigrantes con la ampliación de la Unión Europea, han forzado a Alemania a plantearse, como ya hizo hace tiempo la mayoría de sus vecinos europeos, poner límite a la inmigración masiva. (DPA)


Berlín, 08:30 de la mañana, un barrio cualquiera. En la esquina de la calle, el puesto de comida turca comienza a prepararse para la jornada. Unos metros más adelante, la tienda griega de verduras y el quiosco regentado por un indio también están ya abiertos. Una fila de niños se encamina hacia el suburbano para emprender una excursión de colegio. De los 12 pequeños, dos son de origen asiático, otro africano y varios latinoamericanos.

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