Huellas de dinosaurios en Neuquén: identifican rastros de gigantes en un antiguo desierto

Son marcas impresas hace más de 130 millones de años. Científicos del CONICET, la Universidad Nacional del Comahue, la empresa Y-Tec, entre otras organizaciones, reconstruyeron el recorrido de impresionantes herbívoros combinando análisis de rocas y modelos 3D. Por qué el hallazgo cambia la forma de entender la biodiversidad del pasado regional.

Redacción

Por Redacción

Científicos hallaron huellas de dinosaurios en antiguas rocas de arena en el noroeste
de Neuquén. Como en esa zona no hay fósiles de huesos, esas pisadas son la única
prueba de que los dinosaurios vivieron allí (Crédito Arturo Heredia)

Científicos hallaron huellas de dinosaurios en antiguas rocas de arena en el noroeste de Neuquén. Como en esa zona no hay fósiles de huesos, esas pisadas son la única prueba de que los dinosaurios vivieron allí (Crédito Arturo Heredia)

En el noroeste de Neuquén, unas huellas de dinosaurios quedaron marcadas en rocas del Cretácico. Más de 130 millones de años después, esas señales permiten reconstruir parte de la vida de los dinosaurios en la región.

Tras dos campañas de exploración realizadas en 2017 y 2022, un equipo de científicos analizó las huellas en Mina San Eduardo, unos 80 kilómetros al sudeste de Chos Malal, dentro de la Cuenca Neuquina. Días atrás, publicaron los resultados en la revista Historical Biology,

“Es el primer estudio dedicado a huellas de dinosaurios preservadas en depósitos eólicos del Miembro Avilé de la Formación Agrio”, dijo a Diario RIO NEGRO el paleontólogo Arturo Heredia, investigador en el instituto INIBIOMA, que depende del CONICET y la Universidad Nacional del Comahue. El Miembro Avilé es una unidad de areniscas continentales intercalada en esa Formación debido a un retiro temporal del mar.

En el equipo que hizo el trabajo también colaboraron Pablo Pazos, del Instituto de Estudios Andinos “Don Pablo Groeber” del CONICET y la Universidad de Buenos Aires; Marcos Comerio, de la empresa Y-TEC, que depende de YPF y el CONICET; e Ignacio Díaz-Martínez, de la Universidad de Cantabria, España.

Los investigadores se enfocaron en un registro poco habitual: huellas de dinosaurios en depósitos eólicos, es decir, rocas formadas a partir de sedimentos transportados por el viento. El sitio conserva marcas en distintos niveles de roca.


El objetivo


Los investigadores buscaron identificar qué dinosaurios pudieron producirlas y qué condiciones ambientales permitieron que las huellas quedaran preservadas. Para eso, estudiaron su forma, tamaño y posición dentro de las capas.

Los científicos documentaron al menos 23 huellas. Entre ellas aparecen marcas atribuidas a saurópodos, un grupo de dinosaurios cuadrúpedos, y otras que podrían corresponder a tireóforos, el grupo que incluye a estegosaurios y anquilosaurios.

Las huellas más grandes corresponden a marcas de manos de saurópodos y alcanzan
60 centímetros de ancho. Tienen una forma semejante a una media luna, un rasgo que ayudó a los investigadores a reconocer a sus posibles productores. Otras huellas conservan impresiones de dedos y miden unos 24 centímetros de ancho.

Los investigadores propusieron para ellas una asignación tentativa a
«Tetrapodosaurus«, con posible afinidad con tireóforos anquilosaurianos. Por eso, el estudio plantea una posibilidad relevante para el registro argentino. Los investigadores señalaron que las huellas “pueden representar la primera evidencia de tireóforos con una posible afinidad a los anquilosaurios, en lugar de los estegosaurios, en el Cretácico Temprano de Argentina”.

Los investigadores contaron y analizaron al menos 23 huellas bien conservadas en dos
capas de roca distintas (Crédito Arturo Heredia)

Las marcas también cuentan algo sobre el suelo que pisaron esos animales. Los científicos las relacionaron con interdunas húmedas, los espacios entre dunas donde existían condiciones favorables para conservar las impresiones. Heredia explicó que los dinosaurios “habrían caminado en lo que fue un ambiente eólico, específicamente en interdunas húmedas, donde las huellas se habrían formado y preservado”.

Para estudiar esas marcas, el equipo combinó análisis sedimentológico, mediciones de las huellas y fotogrametría, una técnica que permite construir modelos tridimensionales a partir de fotografías. También generó modelos digitales para analizar su morfología.

El trabajo incluyó una sección geológica de 13 metros y el análisis de las capas donde aparecieron las huellas. Muchas presentan rasgos poco definidos porque algunas corresponden a subhuellas: impresiones que pasan desde la superficie original hacia capas inferiores.

El registro también permite reconstruir una comunidad de dinosaurios herbívoros en
ese ambiente. Heredia indicó que los saurópodos y los anquilosaurios eran
cuadrúpedos y herbívoros, y vinculó su posible alimentación con la vegetación que
existía entonces.

En el Miembro Avilé no se conocen restos fósiles de plantas, pero estudios previos
identificaron granos de polen fósil compatibles con coníferas de las familias
araucariáceas, podocarpáceas y queriolepidáceas. Heredia señaló que esas plantas
probablemente constituían una fuente de alimento para los herbívoros.


El inicio


La historia de las huellas comenzó antes del estudio recientemente publicado. Pablo

Pazos encontró las primeras en Mina San Eduardo y las presentó junto con otros investigadores en 2016, durante el Congreso Internacional de Icnología de Idanha-a- Nova, Portugal. Una nueva campaña realizada en 2022 por Pazos y Heredia, en colaboración con Sergio Cocca, de la Dirección Provincial de Minería de Neuquén, permitió encontrar más huellas.

El resultado amplía el registro de dinosaurios del Cretácico en la Cuenca Neuquina. Además, el sitio se suma a los pocos lugares de Sudamérica donde aparecen huellas atribuidas a saurópodos y tireóforos en un ambiente eólico. Pero las huellas tienen una limitación: no permiten conocer una especie con la misma precisión que un esqueleto.

En este caso, además, no existen restos óseos de dinosaurios en la Formación Agrio que permitan contrastar esas identificaciones.

Por eso, los científicos destacaron que, “en ausencia de restos óseos de dinosaurios, este registro icnológico proporciona la evidencia principal” para reconstruir la vida de estos animales en la región. Las pisadas, entonces, no solo indican que hubo dinosaurios. Su tamaño, forma y relación con las rocas permiten reconstruir qué grupos pudieron pasar por allí y bajo qué condiciones quedaron preservadas sus marcas.

Hallaron marcas con forma de media luna de hasta 60 centímetros hechas por
gigantescos saurópodos (Crédito Pablo Pazos)

Tecnología 3D: el superpoder para leer huellas de animales de millones de años


Para estudiar las marcas de la mina San Eduardo sin dañarlas, el equipo científico del CONICET, la Universidad Nacional de Río Negro y otras instituciones usó herramientas digitales de última generación. Aplicaron una técnica llamada fotogrametría, que transforma simples fotos en modelos tridimensionales exactos. Los investigadores tomaron muchísimas imágenes desde distintos ángulos de la roca.

Después, mediante programas informáticos especializados, convirtieron esas fotos en
mapas 3D de alta precisión con capas de colores.

Esos colores no son decorativos: sirven para marcar las distintas profundidades de
cada pisada. Así pudieron ver detalles microscópicos y relieves imposibles de detectar
a simple vista sobre la piedra.

La computadora les permitió medir la inclinación exacta con la que pisó cada dinosaurio. También descubrieron cómo se hundían las patas y cómo se corría la arena
húmeda bajo su gran peso. Incluso detectaron diminutas galerías hechas por invertebrados que vivían debajo del barro. Esas marcas fueron clave para confirmar que el suelo estaba bastante mojado
cuando pasaron los gigantes.

Toda esta información tridimensional quedó guardada en un repositorio de libre acceso
en la web. La paleontología moderna ya no se trata solo de picar piedras en el campo.

Hoy, combinar la geología tradicional con tecnología 3D permite “revivir” el caminar de
animales extinguidos con una precisión increíble.


En el noroeste de Neuquén, unas huellas de dinosaurios quedaron marcadas en rocas del Cretácico. Más de 130 millones de años después, esas señales permiten reconstruir parte de la vida de los dinosaurios en la región.

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