Llegaron a la Patagonia buscando oro, levantaron una estancia frente a los glaciares y ahora recibe una nueva Llave Michelin
A comienzos del 1900, la familia Masters llegó al sur argentino atraída por la fiebre del oro. El metal que encontraron resultó ser pirita, pero decidieron quedarse. Más de un siglo después, aquella antigua estancia ganadera ubicada a orillas del lago Argentino se convirtió en un exclusivo lodge dentro del Parque Nacional Los Glaciares y acaba de recibir su segunda Llave Michelin.

La historia de Estancia Cristina parece escrita a partir de varias vidas en un mismo paisaje. Primero fue la aventura de unos pioneros ingleses que llegaron a la Patagonia buscando oro. Después fue una estancia ganadera perdida entre montañas, bosques y glaciares. Y finalmente se transformó en un lodge al que solo se llega navegando por el lago Argentino. Ahora suma un nuevo capítulo: la Guía Michelin le otorgó dos Llaves en su selección 2026, convirtiéndola en uno de los siete hoteles de la Argentina que alcanzaron esa categoría.
Todo comenzó a comienzos del siglo XX, cuando Percival Masters, un marinero inglés, llegó hasta la Patagonia y quedó fascinado con el territorio. Regresó a Inglaterra, se casó con Jessie Elisabeth Waring y volvió con ella a Sudamérica. La pareja llegó a Río Gallegos en un barco a vapor y se sumó a los buscadores de oro que recorrían la región.
El oro, sin embargo, no apareció, lo que encontraron era pirita. Pero lejos de emprender el regreso, los Masters encontraron otra posibilidad en aquellas tierras. Santa Cruz atravesaba entonces una etapa de promoción de la llegada de extranjeros para poblar el territorio y desarrollar la producción ganadera, especialmente de lana. Percival aprendió el negocio mientras trabajaba en una estancia y allí nacieron sus hijos, Herbert y Cristina.

De buscadores de oro a pioneros de una estancia
Después de algunos años, los Masters decidieron comenzar su propio proyecto. Primero intentaron instalarse en El Calafate, pero el plan no prosperó. Entonces tomaron un bote a remo y navegaron por el lago Argentino hasta llegar a un rincón remoto del extremo noroeste.
Era 1914 y allí consiguieron unas 20.000 hectáreas bajo un contrato de arrendamiento. Los primeros seis meses vivieron en una carpa. Después construyeron una pequeña casa de roca y barro que todavía se conserva y, con el tiempo, levantaron las construcciones que formarían parte de la estancia. El vecino más cercano estaba a varios días de viaje a caballo.
La estancia creció hasta convertirse en un importante establecimiento ovino. Llegó a tener alrededor de 12.000 ovejas y producía grandes fardos de lana que debían salir por el lago. Para trasladarlos, la familia llegó a tener su propio barco, El Cesar, armado por partes en la estancia y utilizado durante cuatro décadas.

El nombre también guarda una historia familiar. Cristina, la hija de Percival y Jessie, permaneció en la estancia mientras su hermano Herbert fue enviado a estudiar a Buenos Aires. Murió de neumonía a los 20 años, en 1924, y el establecimiento pasó a llevar su nombre: Estancia Cristina.
Después llegó otro cambio decisivo. En 1937 se creó el Parque Nacional Los Glaciares y los Masters no pudieron obtener la propiedad de las tierras como estaba previsto originalmente. La familia continuó allí mediante un permiso de ocupación y pastaje. Durante décadas, la actividad ganadera siguió siendo el corazón de la estancia. Pero el negocio de la lana comenzó a perder rentabilidad y el futuro del establecimiento volvió a cambiar.
De la lana al turismo
En la década de 1990, Janet Hermingston, quien había llegado años antes como ama de llaves de la familia y luego se casó con Herbert Masters, consiguió transformar el permiso de ocupación y pastaje en un permiso turístico.
La decisión implicó abandonar la actividad ganadera. El ganado desapareció del paisaje y la antigua estancia comenzó a recibir visitantes. Primero fue un pequeño alojamiento para apenas una docena de personas, principalmente andinistas y científicos que llegaban atraídos por los glaciares. Con el tiempo, aquella experiencia fue creciendo hasta convertirse en el lodge que funciona actualmente.
Hoy, Estancia Cristina conserva parte de la historia de los pioneros y la combina con una propuesta de alojamiento de alta gama en uno de los rincones más remotos del Parque Nacional Los Glaciares. El acceso sigue siendo parte de la experiencia: no hay camino terrestre y se llega navegando el lago Argentino desde Puerto Punta Bandera.
El lodge cuenta con 20 habitaciones distribuidas en cinco casas, rodeadas por montañas, bosques y el paisaje del valle glaciario. Pero la propuesta no se centra solamente en dormir en un lugar extraordinario.

Cabalgatas, trekking, pesca con mosca, recorridos en vehículos 4×4 y excursiones hacia miradores forman parte de la experiencia. Uno de los recorridos más destacados lleva hacia el mirador del glaciar Upsala, con vistas al lago Guillermo y al Campo de Hielo Patagónico Sur.
Ahora, dos Llaves Michelin
La historia volvió a dar un giro en septiembre de 2026. Después de haber recibido una Llave Michelin en 2025, Estancia Cristina ascendió este año a dos Llaves, una categoría que Michelin define como una “estadía excepcional”. Con este reconocimiento, pasó a integrar el grupo de siete hoteles argentinos que actualmente tienen dos Llaves, y es uno de los dos establecimientos de El Calafate que alcanzaron esa distinción, junto con EOLO–Patagonia’s Spirit.
La evaluación de Michelin no se limita al lujo. Los inspectores consideran aspectos como el diseño y la arquitectura, la calidad del servicio, la personalidad del establecimiento, la relación entre la experiencia y el precio y, especialmente, su capacidad para aportar a la experiencia del destino. Las visitas se realizan de manera anónima y los inspectores pagan su propia estadía.
Para Alberto del Castillo, director general de Estancia Cristina, el reconocimiento tiene que ver justamente con aquello que diferencia al lugar de un hotel tradicional: la experiencia de estar en una antigua estancia patagónica, rodeada de naturaleza y con actividades que permiten explorar el territorio.

Más de cien años después de que los Masters llegaran a la Patagonia buscando oro, la estancia que levantaron sigue allí. El oro nunca apareció, la pirita no sirvió para hacer fortuna. Pero aquella búsqueda terminó dando lugar a otra historia: la de una familia que se quedó, crió ovejas, atravesó generaciones y vio cómo su antiguo establecimiento ganadero encontraba una nueva vida en el turismo.
Datos para planificar la visita
- La experiencia puede extenderse durante dos noches y tres días, con comidas incluidas y actividades como cabalgatas, salidas en 4×4 y senderismo guiado o autoguiado.
- Los huéspedes llegan en barco por la mañana y regresan por la tarde, con una atención diferenciada respecto de quienes visitan la estancia por el día.
- La temporada va del 15 de octubre al 15 de abril y los precios parten desde USD 2.520 para dos noches en habitación doble.

La historia de Estancia Cristina parece escrita a partir de varias vidas en un mismo paisaje. Primero fue la aventura de unos pioneros ingleses que llegaron a la Patagonia buscando oro. Después fue una estancia ganadera perdida entre montañas, bosques y glaciares. Y finalmente se transformó en un lodge al que solo se llega navegando por el lago Argentino. Ahora suma un nuevo capítulo: la Guía Michelin le otorgó dos Llaves en su selección 2026, convirtiéndola en uno de los siete hoteles de la Argentina que alcanzaron esa categoría.
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