Vacas, invernaderos, huevos y dulces: así es la escuela de la Patagonia donde se aprende produciendo

La Escuela Secundaria de Formación Agraria (ESFA) nació ligada al desarrollo del Idevi y hoy reúne a 446 estudiantes que se forman entre animales, cultivos, invernaderos, talleres y espacios de elaboración. Una recorrida por una institución donde la producción es parte del aprendizaje y del vínculo con el Valle de Viedma.

Por Auribel Zuarce

La cabaña cuenta con reproductores Hereford. Foto: Marcelo Ochoa.

La cabaña cuenta con reproductores Hereford. Foto: Marcelo Ochoa.

En la Escuela Secundaria de Formación Agraria (ESFA), el aula puede estar entre corrales, invernaderos o talleres. Allí, los estudiantes pasan de la teoría a la práctica para cuidar animales, sembrar, cosechar, elaborar alimentos y construir sus propios proyectos. Es una forma de enseñar que lleva 50 años vinculada al territorio y que convirtió a la producción en una parte esencial de la vida cotidiana.

La institución tiene 446 estudiantes, más de 150 docentes y 20 PSA, funciona con jornada completa y mantiene una característica que atraviesa toda su propuesta: acá se aprende haciendo.

Durante la recorrida de RÍO NEGRO RURAL, Gianello Mirco, ingeniero agrónomo, instructor de Forrajes y docente del área de Educación No Formal de la ESFA, aportó detalles sobre la organización de la formación técnica y productiva de la institución.

«50 años en el territorio, enseñando y produciendo. Esa es la matriz constitutiva de la escuela«, resume Mariela Dall’Armellina, directora de la institución, quien hace 32 años forma parte de la institución y desde hace siete está al frente.

Y esa frase se puede comprobar apenas comienza el recorrido. Los estudiantes no solamente estudian qué es una producción agropecuaria: siembran, riegan, cuidan animales, producen alimentos, trabajan en talleres, procesan materias primas y participan de proyectos que terminan resolviendo necesidades concretas de la propia escuela.

Gianello Mirco, ingeniero agrónomo, instructor de Forrajes y docente del área de Educación No Formal de la ESFA, acompaño al equipo de Río Negro Rural durante la recorrida. Foto: Marcelo Ochoa.

Por eso, recorrer la escuela es también recorrer una pequeña postal productiva del Valle de Viedma. Hay vacas, toros, gallinas, conejos y chivas; hay tomate, pimiento, alfalfa y maíz; hay dulces, mermeladas, quesos y frutas deshidratadas. Y detrás de cada producción hay estudiantes que están aprendiendo un oficio, una técnica y también una manera de mirar el territorio que habitan.


Una escuela que nació junto al desarrollo productivo


La historia de la escuela esta vinculada al desarrollo del Idevi, Creada en la década de 1970, la institución nació con el objetivo de formar técnicos vinculados a la actividad agropecuaria del Valle de Viedma y profesionalizar el trabajo de los hijos de los chacareros.

Con el paso de las generaciones, la propuesta se amplió sin perder ese vínculo con el territorio.

«Eso es lo que nos permite mantenernos en el territorio, trabajar con la comunidad, proponer transformaciones para la comunidad y formar técnicos y técnicas comprometidas con su entorno», explica Dall’Armellina.

Actualmente, los estudiantes llegan desde barrios periurbanos de Viedma y distintas zonas rurales del Valle. Algunos recorren hasta 70 kilómetros para asistir a clases. La institución cuenta con transporte para trasladarlos y un comedor.


Dos chacras y múltiples sistemas productivos


La ESFA cuenta con dos chacras donde se desarrollan los distintos sistemas didácticos que forman parte de la formación técnica: ganadería, horticultura, fruticultura, avicultura, cunicultura y producción de forraje, además de industrialización vegetal y animal y talleres de carpintería, herrería y maquinaria agrícola.

En los invernaderos, los estudiantes producen sus propios plantines y participan de todo el proceso hasta el trasplante. Esta temporada trabajan con tomate cherry, tomate perita para industria y pimiento.

También incorporan tecnologías de riego presurizado y por goteo y aprenden a planificar los cultivos de acuerdo con las condiciones climáticas de la zona.

Parte de las materias primas que produce la institución se transforma en dulces, mermeladas, deshidratados y otros alimentos. Foto: Marcelo Ochoa.
Parte de las materias primas que produce la institución se transforma en dulces, mermeladas, deshidratados y otros alimentos. Foto: Marcelo Ochoa.

En la plantinera, por ejemplo, la siembra se programa considerando que las heladas pueden extenderse hasta mediados de octubre.

Una parte de las materias primas se transforma dentro de la institución. En el área de industrialización vegetal elaboran dulces y mermeladas de manzana, pera, ciruela, membrillo y tomate, además de frutas deshidratadas y vinagres, también trabajan con aceite de oliva.

Los productos se comercializan en la institución y en la feria municipal, donde participan los días martes. «Todo está hecho por los estudiantes, en las prácticas», explican desde la escuela.


Una cabaña con genética adaptada al ambiente


La ganadería ocupa un lugar destacado dentro de la propuesta. La institución cuenta con unas 60 madres, realiza inseminación artificial y luego un repaso con toros.

Actualmente tiene dos toros en servicio y nueve toros Hereford registrados y certificados, que serán destinados a la venta como reproductores.

Los frutales son parte de la diversidad productiva que la escuela mantiene en el Valle de Viedma. Foto: Marcelo Ochoa.
Los frutales son parte de la diversidad productiva que la escuela mantiene en el Valle de Viedma. Foto: Marcelo Ochoa.

Uno de los objetivos es seleccionar animales adaptados a las condiciones de la zona. Aunque la escuela está ubicada en un área bajo riego, los reproductores deben estar preparados para desenvolverse en ambientes donde los animales necesitan recorrer grandes distancias para alimentarse.

Así, la formación incorpora reproducción, manejo, alimentación y selección genética vinculados con las características del territorio.


De las gallinas a las chivas


En el sector de avicultura trabajan con tres líneas: producción de huevos, producción de carne e incubación. Actualmente cuentan con unas 300 gallinas ponedoras y alrededor de 100 pollos de engorde. Entre 45 y 60 estudiantes pasan cada año por este espacio mediante diferentes rotaciones.

También producen conejos y trabajan sobre todo su ciclo productivo, desde la reproducción y alimentación hasta la sanidad y el manejo.

La diversidad de animales es parte de la propuesta de formación técnica de la ESFA. Foto: Marcelo Ochoa.
La diversidad de animales es parte de la propuesta de formación técnica de la ESFA. Foto: Marcelo Ochoa.

Parte de los alimentos para los animales se produce dentro de la institución. Hay unas cinco hectáreas de alfalfa destinadas a reservas y cultivos de maíz que se utilizan para complementar la alimentación de distintas especies.

Otro proyecto que comenzó a desarrollarse este año es el de producción caprina. Actualmente hay cinco chivas en ordeñe y los estudiantes ya trabajan con la leche, que es filtrada y pasteurizada para elaborar quesos. La intención es consolidar el proyecto y avanzar hacia un pequeño tambo caprino.


Proyectos que nacen de necesidades reales


Los talleres también funcionan como espacios de aplicación de los conocimientos.

Un grupo de estudiantes de sexto año trabaja en la construcción de una manga para el manejo de ovinos, a partir de una necesidad concreta de la institución. El objetivo es mejorar las tareas sanitarias y el bienestar de los animales.

El trabajo en los talleres permite aplicar los conocimientos técnicos a proyectos concretos de la institución. Foto: Marcelo Ochoa.
El trabajo en los talleres permite aplicar los conocimientos técnicos a proyectos concretos de la institución. Foto: Marcelo Ochoa.

Los jóvenes participan del diseño, cálculo de medidas, selección de materiales y construcción. «Estamos poniendo en este año todo lo que aprendimos», explicaron durante el recorrido.


Radio El Refugio, una voz nacida en la crisis


El vínculo con la comunidad también tiene su expresión en Radio El Refugio, una emisora escolar y comunitaria que nació durante la crisis de los años 2000.

El proyecto surgió a partir de un taller de derechos humanos, en un contexto de estigmatización de los jóvenes. La intención era mostrar que tenían mucho para decir y que también producían, soñaban y proyectaban.

Los estudiantes participan de las tareas de producción como parte de su formación técnica agropecuaria. Foto: Marcelo Ochoa.
Los estudiantes participan de las tareas de producción como parte de su formación técnica agropecuaria. Foto: Marcelo Ochoa.

El nombre surgió de la propia idea de la escuela como un espacio de encuentro y refugio.

Con los años, la radio se convirtió en una herramienta pedagógica y de comunicación para la comunidad. Los estudiantes participan de talleres y contenidos y la emisora mantiene su vínculo con el territorio.

El área de educación no formal articula actividades con productores, organismos, municipios y organizaciones. Por allí ingresan capacitaciones y proyectos vinculados con las necesidades de la comunidad.

De esta manera, la formación técnica no queda limitada al ámbito escolar, sino que mantiene un intercambio permanente con el entorno productivo.


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En la Escuela Secundaria de Formación Agraria (ESFA), el aula puede estar entre corrales, invernaderos o talleres. Allí, los estudiantes pasan de la teoría a la práctica para cuidar animales, sembrar, cosechar, elaborar alimentos y construir sus propios proyectos. Es una forma de enseñar que lleva 50 años vinculada al territorio y que convirtió a la producción en una parte esencial de la vida cotidiana.

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