Típico y vergonzoso

Ninguna sociedad puede funcionar si su clase gobernante está conformada por quienes se preocupan más por repartir el botín entre su clan que por atenuar el hambre.

Redacción

Por Redacción

Aunque la razón por la que los programas sociales en nuestro país son tan lamentables tiene mucho menos que ver con la crisis económica que con la ineficacia criminal de instituciones groseramente politizadas manejadas por individuos que anteponen sus propios intereses a aquellos de los teóricamente beneficiados, el espectáculo brindado por pobres -tanto los «nuevos» como los «estructurales»- que buscan trozos de comida en basurales, ha conmovido a los televidentes españoles hasta tal punto, que organizaron una colecta nacional destinada a ayudar a los argentinos hambrientos. Sin embargo, parecería que, como era de prever, los cargamentos de alimentos y medicinas que fueron enviados por españoles caritativos se han visto interceptados por quienes se creen los dueños de «la solidaridad» local. Según informó el matutino porteño «La Nación», el sacerdote católico responsable de la campaña ha denunciado que centenares de toneladas de ayuda humanitaria han quedado en el puerto de Buenos Aires debido a las eufemísticamente llamadas «trabas burocráticas» puestas en su camino por Aurora Duhalde -la que, vaya sorpresa, es hermana del presidente actual- y el director del Instituto Nacional de Alimentos, Matías de Nicola. Indignado por lo que le ha tocado presenciar, el sacerdote Angel García los calificó de «torpes e inoperantes, que juegan con el hambre» de los demás, pidiendo, con el optimismo propio de un europeo, que renunciaran.

Es factible que el padre García haya exagerado, que la hermana presidencial y el funcionario hayan obrado con la eficiencia y el altruismo exigidos por las circunstancias, pero por motivos comprensibles la mayoría dará por descontado que sus quejas pueden justificarse plenamente porque aquí ya es tradicional que operadores políticos se apropien de todos los programas de beneficencia, transformándolos en seguida en fuentes de ingresos personales o partidarios. Por desgracia, en nuestro país es «normal» que los políticos y el enjambre de sujetos que los rodean traten como «cajas» a entidades como PAMI, que con cierta frecuencia se apoderen de los fondos previsionales y que lucren a costa de los más pobres aprovechándose de los planes Trabajar. En efecto, es como si estos personajes se hubieran propuesto librar una guerra sin cuartel contra los necesitados, guerra que, obvio es decirlo, ya han ganado.

Asimismo, los más no habrán encontrado del todo extraño que la responsable de la recepción de donaciones extranjeras haya sido precisamente la hermana del presidente Eduardo Duhalde, dama que debe su elevación a un puesto tan importante a nada más que el ser integrante de la «primera familia». Otra que se ha visto privilegiada por el ascenso de Duhalde ha sido su esposa, «la señora Chiche». Como sabemos, nuestra clase política siempre ha militado en favor del nepotismo, de ahí la proliferación ya rutinaria de funcionarios jerárquicos que llevan el mismo apellido que el presidente de turno, de asesores bien remunerados, secretarios privados e incluso legisladores que fueron seleccionados sólo por ser hijos, entenados, hermanos, primos o amantes de políticos y jueces que, estimulados por el ejemplo brindado por el jefe de Estado, no han vacilado un solo instante en compartir su buena fortuna con sus familiares y allegados.

El padre García dice que ahora entiende por qué la gente abuchea a los políticos en la Argentina, pero lo sorprendente no es que lo haga sino que hayan esperado tanto tiempo antes de entender que el sistema imperante era tan intrínsecamente corrupto que estaba escrito que tarde o temprano tendría un final catastrófico. Durante muchas décadas toleró las distintas formas de corrupción, tomándolas por meros detalles pintorescos que, lejos de suponer la ruina de quienes las practicaban, les granjeaba la admiración de los impresionados por la viveza criolla. Sin embargo, sucede que ninguna sociedad puede funcionar bien si su clase gobernante está conformada mayormente por individuos que en medio de una crisis atroz se muestran más preocupados por repartir el botín disponible entre los miembros de su clan personal, que en intentar atenuar el hambre de sus demás compatriotas, verdad ésta que muchos, con la excepción de ciertos políticos eminentes, por fin han entendido.


Aunque la razón por la que los programas sociales en nuestro país son tan lamentables tiene mucho menos que ver con la crisis económica que con la ineficacia criminal de instituciones groseramente politizadas manejadas por individuos que anteponen sus propios intereses a aquellos de los teóricamente beneficiados, el espectáculo brindado por pobres -tanto los "nuevos" como los "estructurales"- que buscan trozos de comida en basurales, ha conmovido a los televidentes españoles hasta tal punto, que organizaron una colecta nacional destinada a ayudar a los argentinos hambrientos. Sin embargo, parecería que, como era de prever, los cargamentos de alimentos y medicinas que fueron enviados por españoles caritativos se han visto interceptados por quienes se creen los dueños de "la solidaridad" local. Según informó el matutino porteño "La Nación", el sacerdote católico responsable de la campaña ha denunciado que centenares de toneladas de ayuda humanitaria han quedado en el puerto de Buenos Aires debido a las eufemísticamente llamadas "trabas burocráticas" puestas en su camino por Aurora Duhalde -la que, vaya sorpresa, es hermana del presidente actual- y el director del Instituto Nacional de Alimentos, Matías de Nicola. Indignado por lo que le ha tocado presenciar, el sacerdote Angel García los calificó de "torpes e inoperantes, que juegan con el hambre" de los demás, pidiendo, con el optimismo propio de un europeo, que renunciaran.

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