Advertencia oportuna
A menos que dirigentes y jueces despierten, bancos y empresas abandonarán el país llevando consigo nuestro futuro.
Por motivos tal vez comprensibles pero en verdad no muy serios, la declaración por parte del jefe de la casa matriz madrileña del Banco Río de La Plata, Alfredo Sáenz, según la cual la sucursal argentina sólo cuenta con dinero suficiente como para aguantar tres meses más y que no es su intención mandarle un peso, ha molestado mucho al nuevo ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien ha reaccionado aprovechando sus habilidades diplomáticas pidiendo al embajador español que las empresas de su país adopten «actitudes más responsables». Sin embargo, por antipáticas que puedan resultar las «amenazas» proferidas por representantes del Banco Río y de otras entidades extranjeras, es claramente mejor que hablen de este modo de lo que sería que se conformaran con las banalidades optimistas que sin duda alguna preferiría Lavagna. Es que lo peor que podría hacer en la coyuntura actual cualquier persona preocupada por el destino de la Argentina sería tratar de hacer pensar que el gobierno del presidente Eduardo Duhalde es un dechado de eficacia que está obrando con energía ejemplar para sacarnos del pozo en el que nos hemos precipitado. Por desgracia, no lo es en absoluto. Si bien no se ha desviado demasiado de lo que conforme a los dirigentes de todos los países desarrollados es el «camino correcto», el gobierno está avanzando, por decirlo de algún modo, a un ritmo tan extraordinariamente lento que la crisis, lejos de propender a desinflarse, está haciéndose cada vez mayor. En cuanto a los legisladores, muchos aún no parecen haberse enterado de que el país está en medio de una emergencia catastrófica: a pesar de todo lo que ha ocurrido últimamente, siguen actuando con la haraganería inconsecuente y la fatuidad rutinaria de siempre.
Por eso, no es «irresponsable» del todo que los voceros de instituciones clave como el Banco Santander Central Hispano, el dueño del Banco Río, hayan dicho que se irán del país a menos que el gobierno duhaldista logre reparar el sistema financiero para que sea «viable y rentable» y que esperan ver algunos resultados concretos muy pronto. Por supuesto, de quererlo podríamos denunciar a los directivos del BSCH por materialistas, codiciosos, estafadores y antiargentinos, pero puesto que son así tanto ellos como la mayoría de los demás banqueros, tendremos que elegir entre aprender a convivir con esta realidad desagradable y resignarnos a ser un país de indigentes famélicos que se desahoguen deplorando la vileza del género humano y felicitándose por una superioridad ética que, desafortunadamente, sería meramente imaginaria. Huelga decir que la primera alternativa es la única que toleraría la inmensa mayoría de los habitantes del país que, con muy pocas excepciones, quiere seguir formando parte del mundo moderno.
Les guste o no a Eduardo Duhalde, Lavagna, los legisladores y, cuando no, los jueces, les corresponde tomar al pie de la letra las advertencias formuladas en público por personas como Sáenz y en privado por muchas otras y actuar en consecuencia. A menos que se despierten muy pronto, el Banco Río sí abandonará el país, acompañado no sólo por otras entidades financieras sino también por empresas «productivas», llevando consigo nuestro futuro colectivo. Asimismo, si el gobierno y sus socios continúan negándose a tomar las medidas necesarias para permitir que el sistema financiero comience a recomponerse luego de haber sufrido la pérdida de decenas de miles de millones de dólares gracias sobre todo a la irresponsabilidad crasa de políticos como el ex gobernador bonaerense Duhalde y su sucesor, el actual canciller Carlos Ruckauf, dentro de un par de meses nos veremos inundados por una marea hiperinflacionaria aún más devastadora que la desatada por el entonces presidente Raúl Alfonsín. Frente a este panorama alarmante, quejarse por la «irresponsabilidad» de quienes llaman la atención a hechos que deberían sernos evidentes, es de por sí un tanto irresponsable. Por cierto, si las «amenazas» de este tipo sirven para galvanizar a una clase política soñolienta que aún no se ha animado a hacer frente a la crisis que tanto hizo por provocar, banqueros como Sáenz contribuirán más a la recuperación del país que todos los «dirigentes» locales que sólo piensan en salvarse atribuyendo el desastre o otros.
Por motivos tal vez comprensibles pero en verdad no muy serios, la declaración por parte del jefe de la casa matriz madrileña del Banco Río de La Plata, Alfredo Sáenz, según la cual la sucursal argentina sólo cuenta con dinero suficiente como para aguantar tres meses más y que no es su intención mandarle un peso, ha molestado mucho al nuevo ministro de Economía, Roberto Lavagna, quien ha reaccionado aprovechando sus habilidades diplomáticas pidiendo al embajador español que las empresas de su país adopten "actitudes más responsables". Sin embargo, por antipáticas que puedan resultar las "amenazas" proferidas por representantes del Banco Río y de otras entidades extranjeras, es claramente mejor que hablen de este modo de lo que sería que se conformaran con las banalidades optimistas que sin duda alguna preferiría Lavagna. Es que lo peor que podría hacer en la coyuntura actual cualquier persona preocupada por el destino de la Argentina sería tratar de hacer pensar que el gobierno del presidente Eduardo Duhalde es un dechado de eficacia que está obrando con energía ejemplar para sacarnos del pozo en el que nos hemos precipitado. Por desgracia, no lo es en absoluto. Si bien no se ha desviado demasiado de lo que conforme a los dirigentes de todos los países desarrollados es el "camino correcto", el gobierno está avanzando, por decirlo de algún modo, a un ritmo tan extraordinariamente lento que la crisis, lejos de propender a desinflarse, está haciéndose cada vez mayor. En cuanto a los legisladores, muchos aún no parecen haberse enterado de que el país está en medio de una emergencia catastrófica: a pesar de todo lo que ha ocurrido últimamente, siguen actuando con la haraganería inconsecuente y la fatuidad rutinaria de siempre.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora