Presión francesa para pensar en el crecimiento y no sólo en la austeridad

Redacción

Por Redacción

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La catastrófica situación política de Grecia tras las elecciones del pasado domingo y el derrumbe contenido de la crisis financiera española, están empujando al presidente electo de Francia, François Hollande, a ejercer fuerte presión para que Alemania acceda a flexibilizar los planes de austeridad en Europa. A juicio de los colaboradores más cercanos de Hollande, “es preciso cambiar el rumbo en Europa y esto debe ser hecho rápidamente”, una opinión que no parece compartir el gobierno alemán presidido por Angela Merkel. En este sentido, el ministro de Finanzas germano, Wolfgang Schäuble, cree que si Grecia sale del euro no habrá peligros para la supervivencia de la Eurozona ya que “hemos aprendido mucho en los dos últimos años y desarrollado mecanismos de defensa”. A su juicio, “los peligros de contagio a otros países de la Eurozona se han reducido, la región es mucho más resistente en su totalidad”, le dijo Schäuble ayer a un periódico alemán de la región del Rhin. Sin embargo, los mercados no parecen orientarse en el mismo sentido que el jefe económico del gobierno de Merkel, ya que las sucesivas caídas de la última semana muestran una creciente preocupación del mundo financiero. Esta semana última, el primer ministro italiano, Mario Monti, hizo suya la bandera de Hollande y pidió pensar en el crecimiento y no sólo en la austeridad. Y lo hizo después de analizar el mensaje que dejó el brutal castigo sufrido por los partidos tradicionales en las elecciones municipales del domingo pasado. Pero tanto o más importante que el devenir griego e italiano es lo que ocurre en España, donde la última semana el gobierno de Mariano Rajoy, conservador y ortodoxo, debió intervenir y nacionalizar el cuarto grupo bancario español, Bankia. La desesperada situación de esta entidad, nacida de la fusión de Caja Madrid y Bancaja, además de otras cinco cajas de ahorro menores, las siete con serios problemas de cartera inmobiliaria, estuvo a punto de desatar una corrida bancaria. Seguro de que esto llevaba a España a una crisis financiera en regla, el ministro de Economía, Luis de Guindos, no dudó en relevar de inmediato al presidente de Bankia, Rodrigo Rato, colega de partido, ex ministro del ramo y ex director-gerente del FMI. Fue justamente la presión del Fondo y de Bruselas la que obligó a De Guindos y a Rajoy a desalojar a Rato sin miramientos y poner en manos del Estado a Bankia. El viernes pasado el gobierno puso en marcha una nueva reforma financiera, la segunda de esta Administración en cinco meses de gestión. Apurado por Bruselas, Rajoy y De Guindos exigen ahora a los bancos que provisionen 30.000 millones de euros de aquí a fin de año para los activos del sector inmobiliario que están, teóricamente, en buenas condiciones, es decir, sin morosidad ni irregularidades. Para oscurecer más lo que en realidad ocurre en el sistema financiero español, el gobierno dijo que aquellas entidades que no puedan afrontar esta nueva exigencia podrán acceder a crédito público a una tasa de interés del 10%. Esto, que significa un costo del dinero diez veces superior al de la tasa del BCE, abre aún más interrogantes, a los que suma la decisión, también exigida por la UE, de que dos consultoras independientes evalúen toda la cartera de los bancos españoles. Los bancos que no puedan cumplir con los requisitos de la nueva reforma y no puedan hacer frente a créditos estatales a tasas del 10%, seguramente serán absorbidas por las que estén en condiciones de hacerlo o por el Estado vía nacionalización. Vía el fondo de rescate, la intervención estatal nacionalizadora o las absorciones, es claro que el futuro del crédito en España es negro y, por necesidad, la economía seguirá hundiéndose en la depresión sin fecha de salida. Seguramente será algo de lo que Hollande le plantee a Merkel el próximo martes cuando, apenas asumido, viaje a Berlín para reunirse con la canciller de la potencia europea. (Télam)


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