Un paso que no hace historia
Pasó el paro. Y está abierta la posibilidad de que la riña entre el kirchnerismo y Hugo Moyano ceda en alcances que igualmente a estas horas es complejo determinar. ¿Qué deja el entrevero a sus protagonistas excluyentes en referencia al ejercicio, práctica objetiva de poder? Veamos. • En el ida y vuelta del entrevero, ni el gobierno ni el camionero se infligieron daño como para doblegarse. • Para el ala de la CGT que lidera Moyano, en tanto expresión de poder, movilización y acto no se traducen en un vigoroso “clavar una pica en Flandes”. Instalar la protesta en términos de que nazca un “después”. No logró construir un significado que se proyecte fuertemente hacia el futuro en clave a “hacer historia”. Hubo lo que hubo. Y lo que hubo no deja huella profunda. • El propio Moyano supo 48 horas antes que el escenario que alentaba se encuadraría en esos términos. Se lo habían anticipado al menos a dos de sus máximos colaboradores experimentados miembros del sistema de inteligencia. Es más, sabía que los Gastronómicos que lidera Barrionuevo estarían. Pero a media máquina. Tanta media máquina que esa columna –escuálida– acampó muy dispersa a dos cuadras del palco. • El discurso mismo de Moyano se definió asumiendo toda esta realidad. Estuvo informado minuto a minuto de lo que le esperaba en la plaza. No era módico, pero tampoco lo aspirado. Iba de suyo que desde lo discursivo sus palabras buscarían un blanco rentable: el gobierno. Pero en ese camino se repitió con férrea disciplina en todo lo que venía diciendo. Nada nuevo. Lugares comunes y más lugares comunes. Ni siquiera la más mínima inquietud por colocar sus palabras, en un momento dado, en línea intimista con el poder. “Ese buscar el ‘afloje’ del ‘viejo socio’”, decía Crisólogo Larralde. • Pero todo lo anterior no implica que movilización y concentración sólo deban definirse como déficit para Moyano. Aspiraba a un acto manejable. Que nada se saliera de madre. Desde muy temprano a la mañana se informó minuto a minuto sobre el despliegue de columnas y de cómo se cubrían los espacios. Pero más que esa mecánica le inquietaba la desconcentración. Por experiencia sabe que ése es el punto en que la pradera se incendia en un instante. Y que en el después que nace en ese instante vale todo. Entonces, visto desde esta perspectiva, el acto fue impecable. Formas y conductas del poder • ¿Qué le deja al gobierno nacional el paro? Superó el trago. Por lo demás, con entusiasmo en sus reflexiones sobre el tema, se ratificó en la más grave de las conductas con que maneja el poder: la intolerancia. El agravio. El manejo arbitrario de la palabra. La descalificación permanente de lo distinto. La gestualidad desaforada. La vulgaridad expresiva que se intentó disfrazar de ironía. Pero la ironía es siempre la resultante de hilvanes de talento. Y la presidenta Cristina, titular de todo este estilo, no tiene ese talento. • Es más, apelando al historiador italiano Loris Zanatta, los términos con que durante estas semanas la presidenta se relacionó con Moyano recordaron a formas y estilos de Eva cuando se enojaba con gremialistas quejosos. En su formidable “Eva Perón. Una biografía política”, señala Zanatta: “El poder de Eva y su manera de ejercerlo producían efectos muy profundos, capaces de minar las bases del régimen, puesto que le conquistaban gran popularidad pero al precio de exponerlo a una creciente vulnerabilidad. Estaba ante todo la pulsión irrefrenable con que Eva tendía a monopolizar el poder y a ideologizar su ejercicio, que aceleró la marcha del régimen hacia la peronización de todos los ámbitos sociales e institucionales. Lo cual no es en última instancia otra cosa que la vocación totalitaria, típica de los populismos, de ocupar todos los espacios y comprimir el pluralismo mediante la invocación de la homogeneidad del pueblo”. Desde esta sintonía gobierna Cristina Kirchner.
Lo que dejó la movilización a Plaza de Mayo
Carlos Torrengo carlostorrengo@hotmail.com
Pasó el paro. Y está abierta la posibilidad de que la riña entre el kirchnerismo y Hugo Moyano ceda en alcances que igualmente a estas horas es complejo determinar. ¿Qué deja el entrevero a sus protagonistas excluyentes en referencia al ejercicio, práctica objetiva de poder? Veamos. • En el ida y vuelta del entrevero, ni el gobierno ni el camionero se infligieron daño como para doblegarse. • Para el ala de la CGT que lidera Moyano, en tanto expresión de poder, movilización y acto no se traducen en un vigoroso “clavar una pica en Flandes”. Instalar la protesta en términos de que nazca un “después”. No logró construir un significado que se proyecte fuertemente hacia el futuro en clave a “hacer historia”. Hubo lo que hubo. Y lo que hubo no deja huella profunda. • El propio Moyano supo 48 horas antes que el escenario que alentaba se encuadraría en esos términos. Se lo habían anticipado al menos a dos de sus máximos colaboradores experimentados miembros del sistema de inteligencia. Es más, sabía que los Gastronómicos que lidera Barrionuevo estarían. Pero a media máquina. Tanta media máquina que esa columna –escuálida– acampó muy dispersa a dos cuadras del palco. • El discurso mismo de Moyano se definió asumiendo toda esta realidad. Estuvo informado minuto a minuto de lo que le esperaba en la plaza. No era módico, pero tampoco lo aspirado. Iba de suyo que desde lo discursivo sus palabras buscarían un blanco rentable: el gobierno. Pero en ese camino se repitió con férrea disciplina en todo lo que venía diciendo. Nada nuevo. Lugares comunes y más lugares comunes. Ni siquiera la más mínima inquietud por colocar sus palabras, en un momento dado, en línea intimista con el poder. “Ese buscar el ‘afloje’ del ‘viejo socio’”, decía Crisólogo Larralde. • Pero todo lo anterior no implica que movilización y concentración sólo deban definirse como déficit para Moyano. Aspiraba a un acto manejable. Que nada se saliera de madre. Desde muy temprano a la mañana se informó minuto a minuto sobre el despliegue de columnas y de cómo se cubrían los espacios. Pero más que esa mecánica le inquietaba la desconcentración. Por experiencia sabe que ése es el punto en que la pradera se incendia en un instante. Y que en el después que nace en ese instante vale todo. Entonces, visto desde esta perspectiva, el acto fue impecable. Formas y conductas del poder • ¿Qué le deja al gobierno nacional el paro? Superó el trago. Por lo demás, con entusiasmo en sus reflexiones sobre el tema, se ratificó en la más grave de las conductas con que maneja el poder: la intolerancia. El agravio. El manejo arbitrario de la palabra. La descalificación permanente de lo distinto. La gestualidad desaforada. La vulgaridad expresiva que se intentó disfrazar de ironía. Pero la ironía es siempre la resultante de hilvanes de talento. Y la presidenta Cristina, titular de todo este estilo, no tiene ese talento. • Es más, apelando al historiador italiano Loris Zanatta, los términos con que durante estas semanas la presidenta se relacionó con Moyano recordaron a formas y estilos de Eva cuando se enojaba con gremialistas quejosos. En su formidable “Eva Perón. Una biografía política”, señala Zanatta: “El poder de Eva y su manera de ejercerlo producían efectos muy profundos, capaces de minar las bases del régimen, puesto que le conquistaban gran popularidad pero al precio de exponerlo a una creciente vulnerabilidad. Estaba ante todo la pulsión irrefrenable con que Eva tendía a monopolizar el poder y a ideologizar su ejercicio, que aceleró la marcha del régimen hacia la peronización de todos los ámbitos sociales e institucionales. Lo cual no es en última instancia otra cosa que la vocación totalitaria, típica de los populismos, de ocupar todos los espacios y comprimir el pluralismo mediante la invocación de la homogeneidad del pueblo”. Desde esta sintonía gobierna Cristina Kirchner.
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