Turismo en “aulas abiertas”
Sabemos que la actividad multidisciplinaria que es el turismo ocurre esencialmente en forma abierta en nuestras jurisdicciones federales (municipales o provinciales). La amplitud de disciplinas que involucra seguirá exigiendo abrir carriles de especialización para integrar, positivamente, desde los caminos que permitan acceder al conocimiento y, por ese medio, dar valor agregado al nuevo aporte. Esta experiencia no desea recorrer el camino académico desde lo declarativo, sino desde la variable de “hacer de abajo hacia arriba”, de allí que debe darse con sus verdaderos protagonistas: los habitantes de cada lugar. Ejemplo de ello es tomar un acontecimiento relevante para la comunidad anfitriona para –así– crear valor y sentido “turísticos”. Tomamos por caso la batalla de la “Vuelta de Obligado” (20/11/1845). Este hecho encuentra una situación ideal para vivirla e internalizarla en ese paraje abierto y lleno de cualidades para facilitar información y efectuar un encuentro con la imaginación. De esta forma se lo convierte en un programa de turismo educativo o, mejor, histórico-cultural. Asimismo, el nuevo estilo de transitar los parques o recorridos privilegiados de la geografía argentina por “huellas y senderos” nos otorga una variable educativa diferente, sustentable y lúdica de vivirlo, respecto de una más detallada o asociativa lectura ecológica. Conocer lugares con relatos y descripciones profundas permite al educador un sinfín de actividades posteriores para que los niños puedan aprender, efectivamente, lo experimentado. Trabaja en ese sentido el Zoológico de Mar del Plata, donde se convoca a los niños a plasmar la lectura que hacen de lo que allí observan. Es otro aporte para sumar valor a un destino turístico. El ministerio nacional del área va transitando estos atajos con el conocimiento de que el turismo es un complejo de actividades originadas por el desplazamiento temporal y voluntario de personas, resultando una multidisciplina redescubierta que alienta prácticas activas, mayoritarias hoy, ideales para incorporar nuevas vivencias positivas. Desde el turismo es posible contribuir de esta forma con la educación. Podemos decir que ésta, que ayuda a incorporar el turismo (formal y no formal), es por sobre todas las cosas una educación para la acción, desde una aproximación global e interdisciplinaria. De este modo facilita un mejor conocimiento de los procesos ecológicos, económicos, sociales y culturales de una comunidad determinada. Una educación que debe fomentar el cambio social a partir del desarrollo de valores, actitudes y habilidades para asumir una responsabilidad diferente. El turismo puede contribuir, ya que el turista es un individuo capaz de transformar su comportamiento durante su “tiempo libre”, o viaje, al desarrollar diferentes respuestas ante las situaciones y ambientes por donde se mueve y a los que percibe de forma distinta de lo habitual. De acuerdo con este marco general, los objetivos de este programa son: a) Analizar la relación entre el turismo, la cultura y lo ambiental para establecer su dimensión en el marco de la educación no formal. b) Reconocer la transversalidad del sector en su ayuda y arrastre a favor de la educación ambiental y sus valores sociales aplicados a todos los aspectos de la vida, para comprender su relación con el turismo. c) Identificar propuestas turísticas que incorporen la dimensión educativo-ambiental y los agentes que participan en dicho proceso a fin de comprender su valor y colaborar en difundirlas. A partir de los objetivos planteados se propone trabajar con las temáticas desarrolladas desde el abordaje de situaciones concretas en las que se articule el debate teórico con la implementación de programas, itinerarios y propuestas en diferentes ámbitos. Tal como se señaló, la educación en aulas abiertas es un proceso mucho más abarcativo y complejo. No obstante, desde las actividades recreativas, turísticas y deportivas se puede educar en el respeto a otras culturas, otras formas de organización social, otros recursos, otra forma de compartir sin discriminar u otras formas de ver –desde las pequeñas cosas– del mundo. (*) Asesor y exfuncionario en turismo
ANTONIO TORREJÓN (*)
Sabemos que la actividad multidisciplinaria que es el turismo ocurre esencialmente en forma abierta en nuestras jurisdicciones federales (municipales o provinciales). La amplitud de disciplinas que involucra seguirá exigiendo abrir carriles de especialización para integrar, positivamente, desde los caminos que permitan acceder al conocimiento y, por ese medio, dar valor agregado al nuevo aporte. Esta experiencia no desea recorrer el camino académico desde lo declarativo, sino desde la variable de “hacer de abajo hacia arriba”, de allí que debe darse con sus verdaderos protagonistas: los habitantes de cada lugar. Ejemplo de ello es tomar un acontecimiento relevante para la comunidad anfitriona para –así– crear valor y sentido “turísticos”. Tomamos por caso la batalla de la “Vuelta de Obligado” (20/11/1845). Este hecho encuentra una situación ideal para vivirla e internalizarla en ese paraje abierto y lleno de cualidades para facilitar información y efectuar un encuentro con la imaginación. De esta forma se lo convierte en un programa de turismo educativo o, mejor, histórico-cultural. Asimismo, el nuevo estilo de transitar los parques o recorridos privilegiados de la geografía argentina por “huellas y senderos” nos otorga una variable educativa diferente, sustentable y lúdica de vivirlo, respecto de una más detallada o asociativa lectura ecológica. Conocer lugares con relatos y descripciones profundas permite al educador un sinfín de actividades posteriores para que los niños puedan aprender, efectivamente, lo experimentado. Trabaja en ese sentido el Zoológico de Mar del Plata, donde se convoca a los niños a plasmar la lectura que hacen de lo que allí observan. Es otro aporte para sumar valor a un destino turístico. El ministerio nacional del área va transitando estos atajos con el conocimiento de que el turismo es un complejo de actividades originadas por el desplazamiento temporal y voluntario de personas, resultando una multidisciplina redescubierta que alienta prácticas activas, mayoritarias hoy, ideales para incorporar nuevas vivencias positivas. Desde el turismo es posible contribuir de esta forma con la educación. Podemos decir que ésta, que ayuda a incorporar el turismo (formal y no formal), es por sobre todas las cosas una educación para la acción, desde una aproximación global e interdisciplinaria. De este modo facilita un mejor conocimiento de los procesos ecológicos, económicos, sociales y culturales de una comunidad determinada. Una educación que debe fomentar el cambio social a partir del desarrollo de valores, actitudes y habilidades para asumir una responsabilidad diferente. El turismo puede contribuir, ya que el turista es un individuo capaz de transformar su comportamiento durante su “tiempo libre”, o viaje, al desarrollar diferentes respuestas ante las situaciones y ambientes por donde se mueve y a los que percibe de forma distinta de lo habitual. De acuerdo con este marco general, los objetivos de este programa son: a) Analizar la relación entre el turismo, la cultura y lo ambiental para establecer su dimensión en el marco de la educación no formal. b) Reconocer la transversalidad del sector en su ayuda y arrastre a favor de la educación ambiental y sus valores sociales aplicados a todos los aspectos de la vida, para comprender su relación con el turismo. c) Identificar propuestas turísticas que incorporen la dimensión educativo-ambiental y los agentes que participan en dicho proceso a fin de comprender su valor y colaborar en difundirlas. A partir de los objetivos planteados se propone trabajar con las temáticas desarrolladas desde el abordaje de situaciones concretas en las que se articule el debate teórico con la implementación de programas, itinerarios y propuestas en diferentes ámbitos. Tal como se señaló, la educación en aulas abiertas es un proceso mucho más abarcativo y complejo. No obstante, desde las actividades recreativas, turísticas y deportivas se puede educar en el respeto a otras culturas, otras formas de organización social, otros recursos, otra forma de compartir sin discriminar u otras formas de ver –desde las pequeñas cosas– del mundo. (*) Asesor y exfuncionario en turismo
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