El obrador que se transformó en teatro
El teatro “El Viento” le abrió sus puertas a “Río Negro”.
Matías Subat
Matías Subat
Un espacio con historia: fue obrador, una curtiembre, una fábrica de agroquímicos… Hoy es un sitio para la cultura.
NEUQUÉN (AN).- Hace diez años que en Juan B. Justo 648 existe un espacio destinado al arte independiente local. Hoy ese lugar es el teatro “El viento, variedades escénicas”, pero a largo de su historia se sucedieron diferentes emprendimientos culturales locales, que le fueron dando su impronta actual.
Cuando la propiedad que data del año 1947 dejó de ser el obrador de la chacra 16, donde se guardaban las herramientas y materiales para la construcción de la vieja usina eléctrica de Neuquén, se transformó en una curtiembre de cueros. Más tarde, la chacra de la familia Orejas, fue, también, una fábrica de agroquímicos para manzanas.
Luego, el arte comenzaría a acercarse al lugar mediante una feria de compraventa de arte y antigüedades. Hasta que, finalmente, en el 2003, el edificio de la calle Juan B. Justo abrió como “La curtiembre campocultural”, dirigido artísticamente por Fernando Aragón y dedicado, sobre todo, a actividades teatrales y a música folclórica.
Así se mantuvo hasta fines del 2007. En el 2008 cambió de manos y abrió como “Cada loco con su tema”, un espacio más dedicado a la rama del arte y el diseño con una impronta vanguardista. Al año siguiente, la actividad del lugar se volcó nuevamente al teatro, al folclore y los títeres, y se le dio el nombre de “Teatro del viento, soplador de ideas”.
Hoy, y desde el 2009, el espacio cultural de Juan B. Justo 648 es el teatro “El viento, variedades escénicas”, dirigido por Martín “Tornillo” Garay, un artista circense callejero.
“Cuando llego yo, en diciembre del 2009, la idea fue reflotar toda la historia de los años pasados fusionándolas en un solo estilo de lugar con el rótulo de ’variedades escénicas’”, comentó a “Río Negro” el artista gerenciador del lugar.
Al mismo tiempo, “Tornillo”, explicó que, más allá de lograr un lugar para la multiplicidad de artes, la idea, también, fue abrirlo a la música. “Yo en ese momento vi que en la ciudad había una escasez de espacios para las bandas locales y que este lugar tiene muchas condiciones para la música, por la acústica que tiene, porque está metido en el fondo, y entonces lo fui tirando para ese lado. Después la gente sola, los grupos artísticos y la demanda de la agenda lo fueron llevando para lo que es hoy, que estamos haciendo de todo”, sentenció.
“El Viento” es en la actualidad el refugio de muchas bandas de música locales que pueden hacer sus presentaciones allí y salir con saldo positivo, tanto en popularidad con en el plano económico. Tal como sostuvo, Tornillo, los grupos se llevan el 70 u 80% de la recaudación y en ocasiones, logran cierto despegue tras los shows en el teatro.
En este sentido, el artista circense subrayó que “el objetivo (del teatro) no es económico sino que es lograr consolidar un espacio con un estilo propio y diferente donde los artistas son tratados como artistas por artistas y donde tratamos, humildemente, de vivir todos de esto sin esperar grandes recaudaciones”.
Aunque el fuerte del teatro “El Viento” son los recitales y eventos musicales, allí también se dictan talleres, se llevan a cabo actividades solidarias y se organizan festivales.
El sostén económico del lugar no es otro que la autogestión. “Nosotros no recibimos apoyo económico ni del Instituto del Teatro, ni de municipalidad, ni de provincia, ni nada. El lugar se autogestiona de forma independiente con lo que nos queda a nosotros de la bandas, más el buffet que tenemos y la cuota que pagan los profes, con eso tratamos de mantener todo”, contó “Tornillo” a este medio.
“La verdad es que estoy muy contento de la dimensión que tomó el lugar en tan poco tiempo. Lo armamos con onda, se debía mucho y no teníamos un peso, pero tuvimos mucho apoyo de la gente, y, así, el lugar pudo crecer y pudimos demostrar hacia afuera que se puede, que haciendo las cosas bien y con buena onda, se puede”, concluyó la cara visible de “El Viento”, tras la que trabajan más de veinte personas para hacer funcionar el espacio.
Por otro lado, Garay, subrayó que el lugar tiene una mística particular más allá de quien ejerza la conducción. “Sí yo mañana no estoy y venís vos o viene otra persona, yo creo que lo va a poder seguir llevando adelante porque este lugar tiene vida propia”, cerró.
MARÍA PÍA MENDIBERRI
pmendi@rionegro.com.ar
Matías Subat
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