Sherlock viaja al presente
La BBC produce una serie en la que el genial detective creado por Conan Doyle viveentre nosotros.
¿Qué pasaría si el famoso detective Sherlock Holmes fuera transportado en el tiempo hasta los días de hoy, donde los celulares con internet y GPS podrían ayudarlo a hacer un gran trabajo o, al menos, uno más rápido?
“Sherlock”, una serie producida por BBC, quiso volver realidad esta loca teoría y recuperó para el siglo XXI la figura creada por Arthur Conan Doyle. El resultado: una apasionante y desquiciada carrera contra el tiempo que tiene como principales contendientes a Holmes, su inseparable John Watson y un malvado a la altura de los acontecimientos, el archienemigo de los archienemigos, Jim Moriarty.
Todo está ahí, en la escena del crimen. Todo. Sólo que, a diferencia de Sherlock Holmes, nosotros no lo vemos. Una tras otra las pistas van iluminando zonas diversas de su cerebro hasta que la conclusión –brillante y descomunal– aparece en la forma de una obviedad. Los demás asistimos al invisible proceso entre pasmados y descreídos. Ésta es la pieza maestra de seducción del clásico de la literatura y de la actual serie que comienza a ganar adeptos en el planeta entero.
El viejo truco de Conan Doyle continúa funcionando de maravillas. Aunque, en el caso de la serie inglesa, con algunos interesantes agregados. Holmes se vale de la informática y de los teléfonos inteligentes para volverse aún más sagaz. La utilización de creativos recursos visuales que nos permiten acceder a fracciones de los procesos internos de Holmes son otro acierto de la saga televisiva.
Cuando hace un par de años surgió la idea de retomar la figura del detective, que dicho sea de paso ha sido revisada en innumerables ocasiones son suerte diversa, sobrevolaba en las oficinas de la poderosa BBC una molesta sensación: podía ser un fracaso total.
Presentar a Sherlock Holmes joven, maniático y viviendo en la moderna Londres de hoy en compañía de un veterano de Afganistán herido en servicio podía no ser una gran idea, al fin de cuentas. Más aún si se toma en cuenta la incomparable actuación cinematográfica del redimido Robert Downey jr.
El trabajo de los creadores y escritores de la serie, Steven Moffat y Mark Gatiss (ambos admiradores del personaje), resultó tan brillante como una deducción de Holmes. Ambos recargaron al investigador con muchas de sus mejores características.
Si a esto se le suma la actuación vertiginosa de Benedict Cumberbatch, compensada por la calma vital y persuasiva de Martin Freeman, el producto no podía fallar. O sí (uno ya sabe cómo son las extrañas reglas televisivas), pero no lo hizo. La serie es un golazo. Y esto no deja de resultar sorprendente ya que ocurre después de Robert Downey jr. y después de años de ensayos y errores con el personaje.
Cumberbatch demuestra aquí que es un actor descomunal. Holmes le exige una interpretación que debe desarrollarse a toda máquina y en donde los ojos en llamas del investigador traslucen, como si se tratara de una pantalla led, el proceso de sus elucubraciones.
Es un poco raro ver a Freeman en el papel de un médico de guerra provisto de un singular sentido del humor que se la pasa siguiendo a Holmes sin entender gran parte de lo que ocurre, por lo menos al principio de la serie. En ciertos rasgos, sólo en ciertos rasgos, nos recuerda a Tim, de la exitosa serie “The Office”, ese chico irónico que por su inteligencia parecía merecer mejor suerte.
La serie de la BBC tiene un interesante formato de producción. En lugar de resolver la tira en capítulos de 45 minutos, fue pensada como unitarios de 90 minutos en el marco de los cuales los más descabellados crímenes son resueltos por Holmes.
La primera temporada –que tanto como la segunda se pueden bajar o ver on-line por internet– enfrenta al investigador a las distintas facetas de Moriarty, quien parece ser la raíz de los males más retorcidos que acosan a la ciudad.
Las deducciones de Holmes son divertidas, alucinadas y geniales, pero esto no quiere decir que el televidente –si tiene paciencia y repite varias veces las escenas clave– no pueda seguir el hilo de sus razonamientos. Hay varios recursos de diseño narrativo muy originales que ayudan a esta tarea. Mientras Holmes piensa o utiliza su smartphone, uno puede, en verdad, observar las palabras clave que atraviesan su mente y por lo tanto ser testigo del complejo teorema.
Como ingredientes extras y propios de esta época, la amistad entre Holmes y Watson se encuentra, digamos, impregnada de una tensa cordialidad masculina que algunos fans ya interpretaron como el esbozo de una relación homosexual.
“Los guionistas querían que la relación (de amistad) entre ambos existiese y está escrita de un modo brillante. Supongo que es sólo la familiaridad. Como en cualquier amistad o en el matrimonio, la familiaridad engendra más desprecio, y amor y todo eso. Sólo vamos siendo más estables el uno con el otro a medida que pasa el tiempo. ¡Eso suena muy parecido a un matrimonio!”, explicó a la prensa Freeman, quien muchas veces ha sido indagado sobre este aspecto de la serie.
Cada uno de los capítulos alcanza un pico de estrés que es alegremente recibido por el público. Pero la cúspide de la montaña recién es tomada por asalto en el final justamente del capítulo final de la temporada. En la primera, Holmes se encuentra con su oponente Jim Moriarty y se trata de alguien tan impensado que ni el propio Holmes pudo deducirlo (aunque el personaje aparece tempranamente y hasta habla con él un segundo). A Holmes y Moriarty apenas si los separa una bomba a la que el investigador apunta con un arma. En el final de la tercera temporada Holmes es empujado por Moriarty al suicidio.
A esta altura ya se sabe que una tercera temporada está en marcha. Y, tal como uno puede deducir de lo dicho por Watson-Freeman, al doctor veterano de guerra no le gusta vivir solo. Tanto como a Moriarty no le place morir.
Claudio Andrade
candrade@rionegro.com.ar
¿Qué pasaría si el famoso detective Sherlock Holmes fuera transportado en el tiempo hasta los días de hoy, donde los celulares con internet y GPS podrían ayudarlo a hacer un gran trabajo o, al menos, uno más rápido?
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