Petróleo en peligro

Redacción

Por Redacción

No sólo en la Argentina, sino también en muchos otros países de cultura política similar, la mejor forma de arruinar un sector económico determinado consiste en estatizarlo, transformándolo así en un coto de caza para personajes ambiciosos pero, por lo común, incompetentes, a quienes les importa mucho más la conquista de “espacios” que cualquier otra cosa. Incluso los socialistas de países que han sabido formar reparticiones estatales relativamente eficaces han llegado a la conclusión de que es mejor dejar las actividades productivas en manos del sector privado, pero ocurre que en el nuestro los más comprometidos con el estatismo suelen ser los menos interesados en asegurar que los funcionarios estén en condiciones de llevar a cabo con éxito las tareas que emprenden. Es por tales motivos que la decisión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de que en adelante el viceministro de Economía, Axel Kicillof, acompañado por otros funcionarios como el infaltable Guillermo Moreno, se encargue de la industria petrolera, fijando los precios, las inversiones, las exportaciones e importaciones y mucho más de todas las empresas, ha ocasionado tanta preocupación. Aunque es de suponer que la presidenta cree que la virtual estatización supuesta por su decreto más reciente servirá para poner fin a la cada vez más costosa crisis energética que fue provocada por la gestión de su marido, crisis que está en la raíz de una multitud de problemas fiscales, lo más probable es que la agrave muchísimo más. A esta altura, no cabe duda de que el aporte de Kicillof al desempeño de Aerolíneas Argentinas ha sido sumamente negativo, mientras que el intervencionismo incansable de Moreno en diversos ámbitos ha contribuido mucho a la recesión que tantas dificultades está causando. Por desgracia, no existe razón alguna para suponer que le vaya mejor a Kicillof en su papel como zar petrolero nacional que en el de subgerente de Aerolíneas. Para que la maltrecha industria petrolera se recuperara de los golpes que le ha asestado el gobierno kirchnerista, tendría que recibir inversiones cuantiosas, además de la colaboración de multinacionales que cuenten con la capacidad financiera y tecnológica necesaria para emprender la exploración y la eventual explotación de reservas ya encontradas, como las de shale gas que YPF descubrió en Neuquén, de tal modo poniendo en marcha la serie de acontecimientos que culminó con el zarpazo que le propinó Cristina. Si bien las empresas petroleras principales están acostumbradas a operar en zonas sumamente conflictivas en que la seguridad jurídica es un concepto exótico, son reacias a arriesgarse en la Argentina porque, como es natural, no les atrae del todo la idea de compartir la suerte de Repsol. Luego de anunciar la expropiación de buena parte de las acciones en YPF que tenían los españoles, Cristina dio señales de entender esta realidad desagradable, de ahí las alusiones a la conveniencia de contratar a profesionales como el actual gerente general de la empresa renacionalizada, Miguel Galuccio, pero parecería que confía más en los talentos administrativos de militantes como Kicillof, el secretario de Comercio Interior Moreno y el de Energía David Cameron, el trío que, es de prever, manejará todo lo vinculado con la producción de petróleo. Desafortunadamente para Galuccio, parecería que su influencia en el manejo de YPF será mínima, lo que no debería sorprender a nadie ya que nunca tuvo ninguna posibilidad de mantener a raya a la gente de Kicillof, un hombre de La Cámpora. Cuando los militares estaban en el poder, en sus manos YPF se anotó la hazaña de ser la única empresa petrolera significante del planeta que año tras año perdía plata. Asimismo, a pesar de que durante mucho tiempo el precio de crudo ha sido muy alto –últimamente ha retrocedido un poco debido a la desaceleración económica de los países desarrollados, pero en términos históricos sigue siendo elevado–, nuestra producción ha continuado reduciéndose a un ritmo alarmante. ¿Ayudará la intervención completa de la industria petrolera que acaba de ordenar la presidenta a revertir esta tendencia ominosa? El consenso de los especialistas es que, como tantas otras medidas económicas tomadas por el gobierno de Cristina, la de intervenir el sector petrolero será contraproducente.


No sólo en la Argentina, sino también en muchos otros países de cultura política similar, la mejor forma de arruinar un sector económico determinado consiste en estatizarlo, transformándolo así en un coto de caza para personajes ambiciosos pero, por lo común, incompetentes, a quienes les importa mucho más la conquista de “espacios” que cualquier otra cosa. Incluso los socialistas de países que han sabido formar reparticiones estatales relativamente eficaces han llegado a la conclusión de que es mejor dejar las actividades productivas en manos del sector privado, pero ocurre que en el nuestro los más comprometidos con el estatismo suelen ser los menos interesados en asegurar que los funcionarios estén en condiciones de llevar a cabo con éxito las tareas que emprenden. Es por tales motivos que la decisión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de que en adelante el viceministro de Economía, Axel Kicillof, acompañado por otros funcionarios como el infaltable Guillermo Moreno, se encargue de la industria petrolera, fijando los precios, las inversiones, las exportaciones e importaciones y mucho más de todas las empresas, ha ocasionado tanta preocupación. Aunque es de suponer que la presidenta cree que la virtual estatización supuesta por su decreto más reciente servirá para poner fin a la cada vez más costosa crisis energética que fue provocada por la gestión de su marido, crisis que está en la raíz de una multitud de problemas fiscales, lo más probable es que la agrave muchísimo más. A esta altura, no cabe duda de que el aporte de Kicillof al desempeño de Aerolíneas Argentinas ha sido sumamente negativo, mientras que el intervencionismo incansable de Moreno en diversos ámbitos ha contribuido mucho a la recesión que tantas dificultades está causando. Por desgracia, no existe razón alguna para suponer que le vaya mejor a Kicillof en su papel como zar petrolero nacional que en el de subgerente de Aerolíneas. Para que la maltrecha industria petrolera se recuperara de los golpes que le ha asestado el gobierno kirchnerista, tendría que recibir inversiones cuantiosas, además de la colaboración de multinacionales que cuenten con la capacidad financiera y tecnológica necesaria para emprender la exploración y la eventual explotación de reservas ya encontradas, como las de shale gas que YPF descubrió en Neuquén, de tal modo poniendo en marcha la serie de acontecimientos que culminó con el zarpazo que le propinó Cristina. Si bien las empresas petroleras principales están acostumbradas a operar en zonas sumamente conflictivas en que la seguridad jurídica es un concepto exótico, son reacias a arriesgarse en la Argentina porque, como es natural, no les atrae del todo la idea de compartir la suerte de Repsol. Luego de anunciar la expropiación de buena parte de las acciones en YPF que tenían los españoles, Cristina dio señales de entender esta realidad desagradable, de ahí las alusiones a la conveniencia de contratar a profesionales como el actual gerente general de la empresa renacionalizada, Miguel Galuccio, pero parecería que confía más en los talentos administrativos de militantes como Kicillof, el secretario de Comercio Interior Moreno y el de Energía David Cameron, el trío que, es de prever, manejará todo lo vinculado con la producción de petróleo. Desafortunadamente para Galuccio, parecería que su influencia en el manejo de YPF será mínima, lo que no debería sorprender a nadie ya que nunca tuvo ninguna posibilidad de mantener a raya a la gente de Kicillof, un hombre de La Cámpora. Cuando los militares estaban en el poder, en sus manos YPF se anotó la hazaña de ser la única empresa petrolera significante del planeta que año tras año perdía plata. Asimismo, a pesar de que durante mucho tiempo el precio de crudo ha sido muy alto –últimamente ha retrocedido un poco debido a la desaceleración económica de los países desarrollados, pero en términos históricos sigue siendo elevado–, nuestra producción ha continuado reduciéndose a un ritmo alarmante. ¿Ayudará la intervención completa de la industria petrolera que acaba de ordenar la presidenta a revertir esta tendencia ominosa? El consenso de los especialistas es que, como tantas otras medidas económicas tomadas por el gobierno de Cristina, la de intervenir el sector petrolero será contraproducente.

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