Un modelo a marcha forzada
Le contestaron que promueve una megadevaluación, la baja de salarios y maneja un monopolio.
Si algo quedó patente en la última intervención pública de la presidenta, es que no tiene intención de ceder un palmo en el terreno de las decisiones políticas. Por eso, las advertencias genéricas a gobernadores para que se hagan cargo de sus responsabilidades sin transferirle culpas (el socialista santafesino Antonio Bonfatti y el jaqueado peronista de Santa Cruz, Daniel Peralta, sobresalieron entre los destinatarios) y el duro contrapunto con Paolo Rocca, dueño de Techint, el mayor grupo industrial de la Argentina, ratificaron que Cristina Fernández sigue yendo por más. Lo hace al frente de un “modelo” proteccionista, que fue ratificado en las urnas en octubre pasado, pero que también genera difusas resistencias sociales que no encuentran una única vía opositora capaz de visualizarse como alternativa de recambio en el 2015. A Bonfatti le avisó que ella no tiene emisarios y que conceptualmente descree de cualquier tipo de “ajuste” . A Peralta, del Frente para la Victoria pero divorciado de “La Cámpora”, la influyente agrupación juvenil que orienta Máximo Kirchner, le deslizó críticas por su forma de administrar. Lo colocó en una posición de franca debilidad, en medio de acusaciones por presuntas maniobras de espionaje que la habrían tenido como víctima. El santafesino se acomodó con esfuerzo al planteo y contestó que no había denunciado ninguna “intromisión”. En cambio, el patagónico prometió resistir el embate en su contra y terminar su mandato, algo que no pudieron hacer dos exaliados K, Sergio Acevedo y Carlos Sancho. Fuentes del kirchnerismo corrido del círculo áulico se permiten reprobar en la intimidad la vara con la que la presidenta mide esquemas similares. En tal sentido, señalan que así como el 54% de los argentinos la legitiman para gobernar por cuatro años, el 51% de los santacruceños convalidan a Peralta. “Puede haber algún desmanejo, habrá subido gastos, pero la matriz de gestión es la misma que la que se vivió durante Néstor Kirchner, cuando se hablaba de paraíso terrenal en este lugar de la Patagonia”, señalaron anticipándose a cualquier atisbo de desestabilización. Haciendo hincapié en lo variable del humor ciudadano, esos portavoces recomiendan a Cristina no seguir parándose “sola contra el mundo” , dejar de “cascotear” a Peralta y tratar de seducir, en lugar de confrontar, al Partido Socialista en Santa Fe, donde el FpV salió tercero en las elecciones pasadas. Con respecto al nivel de enfrentamiento entre Cristina y sus principales espadas con Rocca, de Techint, se manifestaron sorprendidos por la virulencia de una relación estratégica. El CEO de Techint tuvo la irreverencia no sólo de faltar a la cita con la presidenta, con motivo de los festejos del Día de la Industria, sino que luego en una charla afirmó que el gobierno perdió el rumbo en el 2008, por falta de competitividad. Rocca, con escasas solidaridades en el espectro patronal (por eso elevó la voz Hugo Biolcati, de la Sociedad Rural), se quejó de la falta de infraestructura y de las limitaciones a las ganancias empresarias. También protestó por el costo laboral nacional en comparación con los que imperan en México y Brasil, donde la firma siderúrgica también tiene plantas. La primera réplica partió del ministro Julio De Vido. Luego Cristina le recordó a Rocca que su empresa se aprovecha “de una posición monopólica dominante”, en la que no faltan subsidios estatales y otras medidas que combaten el dumping. “Nada le alcanza y nada lo conforma”, expuso y se preguntó si ¿querrá el directivo de Techint en el 2018 “salarios de trabajadores a un tercio o a la mitad de los que tienen ahora?”. Tras cartón, el ascendente viceministro Axel Kicillof hizo aún más transparente el relato K: sostuvo que Techint “perdió la brújula”, pues le va “muy bien gracias a una batería de políticas públicas”. Alertó que su plan “es la megadevaluación y la caída del salario” y que el modelo al que apunta es “uno de seis millones de habitantes y no de 40”. Tuvo Kicillof otras consideraciones duras para ésa y otras compañías refractarias al proyecto kirchnerista, tras lo cual advirtió que “si Techint no quiebra es porque nuestro gobierno protege a la industria, si no entrarían las chapas de los países que no saben dónde meterlas”. El agudo contraste se viene dando mientras el sindicalismo no resuelve su atomización y se demoran las respuestas a los pedidos de las distintas CGT. A la vez, la clase media más pudiente se muestra disconforme por el perfeccionamiento de los controles cambiarios (defendidos por Cristina, quien incluyó entre los “mitos urbanos” el cierre de las importaciones o la inexistencia de turismo externo). En tanto pareció aminorar el debate acerca de la conveniencia de darles a los rebeldes, demandantes e incrédulos adolescentes de entre 16 y 18 años la posibilitad de votar voluntariamente.
ARNALDO PAGANETTI arnaldopaganetti@rionegro.com.ar
DE DOMINGO A DOMINGO
Si algo quedó patente en la última intervención pública de la presidenta, es que no tiene intención de ceder un palmo en el terreno de las decisiones políticas. Por eso, las advertencias genéricas a gobernadores para que se hagan cargo de sus responsabilidades sin transferirle culpas (el socialista santafesino Antonio Bonfatti y el jaqueado peronista de Santa Cruz, Daniel Peralta, sobresalieron entre los destinatarios) y el duro contrapunto con Paolo Rocca, dueño de Techint, el mayor grupo industrial de la Argentina, ratificaron que Cristina Fernández sigue yendo por más. Lo hace al frente de un “modelo” proteccionista, que fue ratificado en las urnas en octubre pasado, pero que también genera difusas resistencias sociales que no encuentran una única vía opositora capaz de visualizarse como alternativa de recambio en el 2015. A Bonfatti le avisó que ella no tiene emisarios y que conceptualmente descree de cualquier tipo de “ajuste” . A Peralta, del Frente para la Victoria pero divorciado de “La Cámpora”, la influyente agrupación juvenil que orienta Máximo Kirchner, le deslizó críticas por su forma de administrar. Lo colocó en una posición de franca debilidad, en medio de acusaciones por presuntas maniobras de espionaje que la habrían tenido como víctima. El santafesino se acomodó con esfuerzo al planteo y contestó que no había denunciado ninguna “intromisión”. En cambio, el patagónico prometió resistir el embate en su contra y terminar su mandato, algo que no pudieron hacer dos exaliados K, Sergio Acevedo y Carlos Sancho. Fuentes del kirchnerismo corrido del círculo áulico se permiten reprobar en la intimidad la vara con la que la presidenta mide esquemas similares. En tal sentido, señalan que así como el 54% de los argentinos la legitiman para gobernar por cuatro años, el 51% de los santacruceños convalidan a Peralta. “Puede haber algún desmanejo, habrá subido gastos, pero la matriz de gestión es la misma que la que se vivió durante Néstor Kirchner, cuando se hablaba de paraíso terrenal en este lugar de la Patagonia”, señalaron anticipándose a cualquier atisbo de desestabilización. Haciendo hincapié en lo variable del humor ciudadano, esos portavoces recomiendan a Cristina no seguir parándose “sola contra el mundo” , dejar de “cascotear” a Peralta y tratar de seducir, en lugar de confrontar, al Partido Socialista en Santa Fe, donde el FpV salió tercero en las elecciones pasadas. Con respecto al nivel de enfrentamiento entre Cristina y sus principales espadas con Rocca, de Techint, se manifestaron sorprendidos por la virulencia de una relación estratégica. El CEO de Techint tuvo la irreverencia no sólo de faltar a la cita con la presidenta, con motivo de los festejos del Día de la Industria, sino que luego en una charla afirmó que el gobierno perdió el rumbo en el 2008, por falta de competitividad. Rocca, con escasas solidaridades en el espectro patronal (por eso elevó la voz Hugo Biolcati, de la Sociedad Rural), se quejó de la falta de infraestructura y de las limitaciones a las ganancias empresarias. También protestó por el costo laboral nacional en comparación con los que imperan en México y Brasil, donde la firma siderúrgica también tiene plantas. La primera réplica partió del ministro Julio De Vido. Luego Cristina le recordó a Rocca que su empresa se aprovecha “de una posición monopólica dominante”, en la que no faltan subsidios estatales y otras medidas que combaten el dumping. “Nada le alcanza y nada lo conforma”, expuso y se preguntó si ¿querrá el directivo de Techint en el 2018 “salarios de trabajadores a un tercio o a la mitad de los que tienen ahora?”. Tras cartón, el ascendente viceministro Axel Kicillof hizo aún más transparente el relato K: sostuvo que Techint “perdió la brújula”, pues le va “muy bien gracias a una batería de políticas públicas”. Alertó que su plan “es la megadevaluación y la caída del salario” y que el modelo al que apunta es “uno de seis millones de habitantes y no de 40”. Tuvo Kicillof otras consideraciones duras para ésa y otras compañías refractarias al proyecto kirchnerista, tras lo cual advirtió que “si Techint no quiebra es porque nuestro gobierno protege a la industria, si no entrarían las chapas de los países que no saben dónde meterlas”. El agudo contraste se viene dando mientras el sindicalismo no resuelve su atomización y se demoran las respuestas a los pedidos de las distintas CGT. A la vez, la clase media más pudiente se muestra disconforme por el perfeccionamiento de los controles cambiarios (defendidos por Cristina, quien incluyó entre los “mitos urbanos” el cierre de las importaciones o la inexistencia de turismo externo). En tanto pareció aminorar el debate acerca de la conveniencia de darles a los rebeldes, demandantes e incrédulos adolescentes de entre 16 y 18 años la posibilitad de votar voluntariamente.
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