Un reducto opositor

Redacción

Por Redacción

A esta altura no cabe duda alguna de que han fracasado los esfuerzos del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, por transformar el Indec en una especie de unidad básica kirchnerista, cuando no en un depósito de armas propagandísticas para usar contra los enemigos radicales, socialistas, peronistas disidentes, trotskistas y liberales del “proyecto”. Mal que le pese al funcionario hiperactivo, ya es penosamente evidente que los técnicos del organismo que debería suministrar estadísticas confiables al gobierno, y a los empresarios del sector privado, han optado por militar en la oposición, comportándose como agentes provocadores que raramente dejan pasar una oportunidad para ayudar a los adversarios de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, brindándoles pretextos irresistibles para criticarla. En efecto, todas las semanas, quienes cumplen tareas en el Indec se las arreglan para producir presuntos datos que sirven para poner en ridículo al gobierno. Es lo que hicieron hace poco cuando dieron a entender que era posible alimentarse adecuadamente con 6 pesos diarios, lo que en vista de los precios actuales sería toda una hazaña. Asimismo, el Indec acaba de informarnos que, para salir de la pobreza, una familia tipo, es decir, una pareja con dos hijos, sólo tendría que percibir 1.156 pesos mensuales, puesto que la canasta básica de bienes y servicios le costaría 1.155. Dividido por cuatro, y después por 30, los decididos a mofarse de las extravagancias gubernamentales encontraron que, según el organismo estadístico nacional, una persona podría cubrir todas sus necesidades con un ingreso llamativamente módico de 13 pesos por día. Como no pudo ser de otra manera, dirigentes opositores no tardaron en aprovechar la oportunidad para festejar lo que tomaron por otro disparate oficial. Aunque los defensores del Indec intervenido podrían recordarnos que, de acuerdo con el Banco Mundial, la línea de pobreza internacional es de dos dólares al día, de suerte que, conforme a las pautas imperantes, quienes perciben más de 10 pesos son miembros de la clase media y por lo tanto no tienen motivos para quejarse, pocos se sentirán tentados a asumir dicha postura. Si bien nadie ignora que, a pesar de la etapa de crecimiento macroeconómico sumamente vigoroso que se inició en la segunda mitad del 2002 y que, luego de superar una leve recesión en el 2009, duró hasta fines del año pasado, la Argentina ha perdido muchísimo terreno en las décadas últimas, la mayoría sigue considerando “normal” un estándar de vida material que es sustancialmente superior al presuntamente apropiado para los países más atrasados de África o de Asia, en los que decenas de millones de personas perciben menos de 13 pesos al día. Puede que sea cuestión de un prejuicio anticuado, pero los políticos nacionales aún no se han resignado a que la Argentina sea un país del Tercer Mundo porque las condiciones socioeconómicas nacionales se parecen mucho más a las de zonas atrasadas del norte de África que a las características de los países desarrollados, y no por tratarse de una alternativa que según parece les gusta por razones que podrían calificarse de ideológicas. Casi todas las estadísticas confeccionadas por el Indec se han visto contaminadas por la costumbre oficial de subestimar groseramente la tasa de inflación porque el gobierno de Cristina no quiere tener que poner en marcha un ajuste que, entre otras cosas, la obligaría a reducir drásticamente sus gastos políticos. De no haber sido por el aumento del costo de vida, que casi se ha triplicado a partir de la intervención del Indec ordenada por el entonces presidente Néstor Kirchner, 13 pesos valdrían tanto como en el 2008, digamos, pero por desgracia la evolución de la economía se ha alejado mucho de la prevista por los autores del triunfalista relato oficial, razón por la que una proporción significante de la población –más del 20%– vive por debajo del umbral de la pobreza local. Si bien pocos atribuirían esta realidad lamentable a nada más que la gestión de Cristina, ya que es consecuencia de los errores, de comisión o de omisión, que fueron cometidos por una serie muy larga de gobiernos, la negativa de los kirchneristas a hacerle frente sólo sirve para asegurar que sigan expandiéndose los ya sobredimensionados bolsones de pobreza.


A esta altura no cabe duda alguna de que han fracasado los esfuerzos del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, por transformar el Indec en una especie de unidad básica kirchnerista, cuando no en un depósito de armas propagandísticas para usar contra los enemigos radicales, socialistas, peronistas disidentes, trotskistas y liberales del “proyecto”. Mal que le pese al funcionario hiperactivo, ya es penosamente evidente que los técnicos del organismo que debería suministrar estadísticas confiables al gobierno, y a los empresarios del sector privado, han optado por militar en la oposición, comportándose como agentes provocadores que raramente dejan pasar una oportunidad para ayudar a los adversarios de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, brindándoles pretextos irresistibles para criticarla. En efecto, todas las semanas, quienes cumplen tareas en el Indec se las arreglan para producir presuntos datos que sirven para poner en ridículo al gobierno. Es lo que hicieron hace poco cuando dieron a entender que era posible alimentarse adecuadamente con 6 pesos diarios, lo que en vista de los precios actuales sería toda una hazaña. Asimismo, el Indec acaba de informarnos que, para salir de la pobreza, una familia tipo, es decir, una pareja con dos hijos, sólo tendría que percibir 1.156 pesos mensuales, puesto que la canasta básica de bienes y servicios le costaría 1.155. Dividido por cuatro, y después por 30, los decididos a mofarse de las extravagancias gubernamentales encontraron que, según el organismo estadístico nacional, una persona podría cubrir todas sus necesidades con un ingreso llamativamente módico de 13 pesos por día. Como no pudo ser de otra manera, dirigentes opositores no tardaron en aprovechar la oportunidad para festejar lo que tomaron por otro disparate oficial. Aunque los defensores del Indec intervenido podrían recordarnos que, de acuerdo con el Banco Mundial, la línea de pobreza internacional es de dos dólares al día, de suerte que, conforme a las pautas imperantes, quienes perciben más de 10 pesos son miembros de la clase media y por lo tanto no tienen motivos para quejarse, pocos se sentirán tentados a asumir dicha postura. Si bien nadie ignora que, a pesar de la etapa de crecimiento macroeconómico sumamente vigoroso que se inició en la segunda mitad del 2002 y que, luego de superar una leve recesión en el 2009, duró hasta fines del año pasado, la Argentina ha perdido muchísimo terreno en las décadas últimas, la mayoría sigue considerando “normal” un estándar de vida material que es sustancialmente superior al presuntamente apropiado para los países más atrasados de África o de Asia, en los que decenas de millones de personas perciben menos de 13 pesos al día. Puede que sea cuestión de un prejuicio anticuado, pero los políticos nacionales aún no se han resignado a que la Argentina sea un país del Tercer Mundo porque las condiciones socioeconómicas nacionales se parecen mucho más a las de zonas atrasadas del norte de África que a las características de los países desarrollados, y no por tratarse de una alternativa que según parece les gusta por razones que podrían calificarse de ideológicas. Casi todas las estadísticas confeccionadas por el Indec se han visto contaminadas por la costumbre oficial de subestimar groseramente la tasa de inflación porque el gobierno de Cristina no quiere tener que poner en marcha un ajuste que, entre otras cosas, la obligaría a reducir drásticamente sus gastos políticos. De no haber sido por el aumento del costo de vida, que casi se ha triplicado a partir de la intervención del Indec ordenada por el entonces presidente Néstor Kirchner, 13 pesos valdrían tanto como en el 2008, digamos, pero por desgracia la evolución de la economía se ha alejado mucho de la prevista por los autores del triunfalista relato oficial, razón por la que una proporción significante de la población –más del 20%– vive por debajo del umbral de la pobreza local. Si bien pocos atribuirían esta realidad lamentable a nada más que la gestión de Cristina, ya que es consecuencia de los errores, de comisión o de omisión, que fueron cometidos por una serie muy larga de gobiernos, la negativa de los kirchneristas a hacerle frente sólo sirve para asegurar que sigan expandiéndose los ya sobredimensionados bolsones de pobreza.

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