Daño colateral
E s una pena porque el concepto le puede traer quizás algún dolor de cabeza adicional a la presidenta, pero el título que les cae como más sencillo a las nuevas medidas que se anunciaron para regular el mercado de capitales no puede ser otro que decir que se está en presencia de un potencial “cepo bursátil”. Al gobierno nacional le suelen ocurrir muy seguido estas cosas, ya que quienes elaboran las políticas se encierran demasiado en concepciones ideológicas y no miden el grado de las ondas expansivas de la propia explosión que generan. Todo dependerá de la instrumentación y del grado de discrecionalidad que decida tener la Comisión Nacional de Valores (CNV). En este punto, el temor número uno del mercado pasa por ver qué harán las autoridades con las empresas, a quiénes se autorizará y a quiénes se dejará de autorizar en futuras emisiones. Con las pistas que se tiraron a rodar sobre el nuevo mercado de capitales bajo la fachada de la regulación y en nombre del dirigismo, a los operadores habituales no les han quedado las cosas demasiado claras. Los precios de hoy hablaron al respecto. El segundo ruido, una mala noticia para los inversores, es que en tiempos de inflación y de negación del mercado se podría propiciar una huida en masa de la Bolsa y no habrá ni certificados de YPF ni fideicomisos de películas que los convenzan de depositar pesos para llevarse pesos. La brecha cambiaria, entonces, tenderá a expandirse y los volúmenes de negociación bursátil a achicarse. Aquí aparece otro concepto de “cepo” del que nadie en el gobierno quiere escuchar hablar. Porque si hay todavía menos volumen, la lógica indica que se quedarán abrochados primero que nadie los inversores más chicos –no muchos en verdad– que podían entrar y sobre todo salir de algunos papeles a precios lógicos con cierta facilidad, pese a que la negociación era pequeña. Y si esto no fuese necesariamente así, cómo convencer a los nuevos para que entren será todo un dato. Ya pasó con las pérdidas en YPF o con ciertos bonos provinciales. Nadie quiere entrar adonde no lo van a dejar salir. Más fácil ha sido para el presidente de Bolivia, Evo Morales, tomar fondos a 10 años de plazo a 4,8% anual, que para las provincias argentinas volver a endeudarse en dólares. Pues bien, gracias a la teoría contracíclica que le han vendido a la presidenta para que ella presente el tema junto con el uso de fondos del mercado asegurador, es probable que los volúmenes de la Bolsa ahora sean menores, la dispersión de precios, mayor y el interés casi nulo. Nunca le han explicado a la jefa del Estado que para repartir hay que guardar en la fase ascendente del ciclo y que repartir lo de los demás no es contracíclico sino que suena a manotazo de ahogado. Otra mala noticia, ésta para los agentes de Bolsa, viene por el lado de terminar con la patente de exclusividad, un club que hasta ayer mismo era supervisado por la mismísima CNV. Hoy, la Comisión dice que para recuperar la capacidad sancionatoria pasará a regularlo ciento por ciento y extenderá la posibilidad de intermediar a terceros, quienes para operar no necesitarán tener una acción del Merval, a un costo de casi $ 5 millones. Ésta es hoy la contraparte necesaria de un negocio de confianza y si se les da patente a los arribistas o a los amigos del poder sin ningún respaldo, la cosa podría tornarse riesgosa. A la fecha, hay unas 130 acciones en uso, por lo que el Estado se estaría comprando un juicio de $650 millones más el lucro cesante, a partir de los derechos adquiridos que podrían querer hacer valer los dueños actuales de la exclusividad. Todo un dechado de daños colaterales que los genios de la intervención seguramente aplauden como un castigo a la “timba alejada de la gente”, pero que va a dejar al país sin un instrumento que, aunque a los tropezones, funcionaba.
Hugo E. Grimaldi DyN
E s una pena porque el concepto le puede traer quizás algún dolor de cabeza adicional a la presidenta, pero el título que les cae como más sencillo a las nuevas medidas que se anunciaron para regular el mercado de capitales no puede ser otro que decir que se está en presencia de un potencial “cepo bursátil”. Al gobierno nacional le suelen ocurrir muy seguido estas cosas, ya que quienes elaboran las políticas se encierran demasiado en concepciones ideológicas y no miden el grado de las ondas expansivas de la propia explosión que generan. Todo dependerá de la instrumentación y del grado de discrecionalidad que decida tener la Comisión Nacional de Valores (CNV). En este punto, el temor número uno del mercado pasa por ver qué harán las autoridades con las empresas, a quiénes se autorizará y a quiénes se dejará de autorizar en futuras emisiones. Con las pistas que se tiraron a rodar sobre el nuevo mercado de capitales bajo la fachada de la regulación y en nombre del dirigismo, a los operadores habituales no les han quedado las cosas demasiado claras. Los precios de hoy hablaron al respecto. El segundo ruido, una mala noticia para los inversores, es que en tiempos de inflación y de negación del mercado se podría propiciar una huida en masa de la Bolsa y no habrá ni certificados de YPF ni fideicomisos de películas que los convenzan de depositar pesos para llevarse pesos. La brecha cambiaria, entonces, tenderá a expandirse y los volúmenes de negociación bursátil a achicarse. Aquí aparece otro concepto de “cepo” del que nadie en el gobierno quiere escuchar hablar. Porque si hay todavía menos volumen, la lógica indica que se quedarán abrochados primero que nadie los inversores más chicos –no muchos en verdad– que podían entrar y sobre todo salir de algunos papeles a precios lógicos con cierta facilidad, pese a que la negociación era pequeña. Y si esto no fuese necesariamente así, cómo convencer a los nuevos para que entren será todo un dato. Ya pasó con las pérdidas en YPF o con ciertos bonos provinciales. Nadie quiere entrar adonde no lo van a dejar salir. Más fácil ha sido para el presidente de Bolivia, Evo Morales, tomar fondos a 10 años de plazo a 4,8% anual, que para las provincias argentinas volver a endeudarse en dólares. Pues bien, gracias a la teoría contracíclica que le han vendido a la presidenta para que ella presente el tema junto con el uso de fondos del mercado asegurador, es probable que los volúmenes de la Bolsa ahora sean menores, la dispersión de precios, mayor y el interés casi nulo. Nunca le han explicado a la jefa del Estado que para repartir hay que guardar en la fase ascendente del ciclo y que repartir lo de los demás no es contracíclico sino que suena a manotazo de ahogado. Otra mala noticia, ésta para los agentes de Bolsa, viene por el lado de terminar con la patente de exclusividad, un club que hasta ayer mismo era supervisado por la mismísima CNV. Hoy, la Comisión dice que para recuperar la capacidad sancionatoria pasará a regularlo ciento por ciento y extenderá la posibilidad de intermediar a terceros, quienes para operar no necesitarán tener una acción del Merval, a un costo de casi $ 5 millones. Ésta es hoy la contraparte necesaria de un negocio de confianza y si se les da patente a los arribistas o a los amigos del poder sin ningún respaldo, la cosa podría tornarse riesgosa. A la fecha, hay unas 130 acciones en uso, por lo que el Estado se estaría comprando un juicio de $650 millones más el lucro cesante, a partir de los derechos adquiridos que podrían querer hacer valer los dueños actuales de la exclusividad. Todo un dechado de daños colaterales que los genios de la intervención seguramente aplauden como un castigo a la “timba alejada de la gente”, pero que va a dejar al país sin un instrumento que, aunque a los tropezones, funcionaba.
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