Un cóctel peligroso
Los últimos datos económicos vienen a confirmar lo que ya se había anticipado hace unas semanas: detrás de la inflación se esconde la parálisis económica. Pero parece que la administración Kirchner no advirtió lo que todos los manuales de economía sugieren a la hora de atacar las causas de la inflación. Lejos, bien lejos de disminuir el gasto público, la Casa Rosada insiste en aumentarlo y emitir moneda sin respaldo para financiar una ilusión. El déficit fiscal va en ascenso. En octubre creció un 20% respecto del mes anterior y, de no ser por los aportes permanentes del BCRA y de la Anses, habría que computar un rojo de unos 1.500 millones de dólares mensuales. Este nivel de desequilibrio es insostenible, y si el gobierno insiste en financiarlo con emisión monetaria, va a acentuar la parálisis económica. Esta inflación alcanza a todos los sectores de la economía y no permite planificar más allá de un par de meses, al tiempo que este fenómeno provoca una depreciación del signo monetario. En términos más llanos, una fuerte pérdida del valor de compra de la moneda. Desde que Cristina Kirchner asumió, a fines del 2007, la inflación fue una constante de su política económica, lo que provocó una depreciación de casi el 40%. De un modo más gráfico, si a fines del 2007 se compraban cinco artículos con 100 pesos, hoy con el mismo billete sólo se adquieren tres de esos productos. El efecto sobre los sectores de mayores ingresos tal vez sea menor, pero el daño sobre los de ingresos fijos se traduce en peores condiciones de vida. Detrás de la inflación está la caída de la demanda global, porque los sectores de ingresos fijos tienen menor capacidad de compra. Y detrás de la baja en la demanda global viene la pérdida de puestos de trabajo. Un dato abona este proceso: la demanda laboral cayó un 20% en el tercer trimestre, lo cual no sólo refleja las dificultades que tiene la población para conseguir empleo sino la menor demanda que se producirá. De la mano de la inflación, la economía ingresó en un círculo vicioso que llevará a una paralización de la actividad. Con el mercado doméstico sin reacción, las posibilidades del gobierno para evitar la recesión están centradas en el mercado exportador. La relación de la Argentina con el mundo pasa por su peor momento y las posibilidades de colocar saldos excedentes se complicaron. Brasil redujo su perspectiva de crecimiento, al igual que la Unión Europea y Estados Unidos. Con estos dos últimos se han planteado sendos paneles ante la Organización Mundial del Comercio, lo que equivale a cerrar esos mercados por el momento. India y China también han reducido sus necesidades de importación. Para colmo, el clima ha dejado menores perspectivas de cosechas en trigo, maíz y soja, lo que reducirá el ingreso de divisas y dañará la cuenta corriente. Un 2013 con la actividad económica tendiendo a cero y con una menor demanda del exterior generará mayores necesidades de divisas para mantener la ilusión inflacionaria, en especial en un año electoral. De allí que suenan extrañas todas esas promesas que la Nación hace a las provincias de mayores obras. Es probable que durante el año próximo el gobierno se vea obligado a acelerar la devaluación de la moneda para mitigar los efectos del menor ingreso de divisas. Pero también que la administración Kirchner se vea obligada a aumentar los ingresos fiscales vía una actualización de tarifas y convalidar menores ajustes salariales en las próximas paritarias. Un cóctel que a mediano plazo produce efectos devastadores. (*) Analista económico. DyN
MIGUEL ÁNGEL ROUCO (*)
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