Menos exportaciones, menos empleos
Néstor O. Scibona
Si hubiera que atenerse a la agenda del encuentro que días atrás mantuvieron la presidenta Cristina Kirchner –y más de medio gabinete– con la nueva conducción de la Unión Industrial Argentina, encabezada por Héctor Méndez, sólo se trataron cuestiones periféricas que preocupan a los industriales. No hubo mención explícita a la pérdida de competitividad que afecta a muchos sectores debido a la suba de costos en dólares; ni mucho menos a su causa, el deterioro del tipo de cambio real frente a una inflación que el gobierno se resiste a admitir. Tampoco al debilitamiento de las exportaciones, en especial, de las economías regionales. Sólo hubo referencias laterales acerca del impacto de la alta presión tributaria provincial y municipal, así como de los seguros ambientales. Esas omisiones no dejan de ser llamativas, si se tiene en cuenta que es difícil encontrar a empresarios que, en privado, oculten su inquietud sobre aquellos problemas. Desde que CFK sugirió hace tiempo que la UIA era un “club de devaluadores”, los industriales se cuidaron de hablar públicamente del tema cambiario. Quizás porque su anterior titular, José Ignacio de Mendiguren, proclamó que la entidad debía “influir más que confrontar”. O también porque hay consenso en que una maxidevaluación aislada del peso no resolvería los problemas macroeconómicos sino que tendería a agudizarlos, como ocurre actualmente en Venezuela. Sin embargo, todo indica que aquella hipotética influencia de la UIA fue ciertamente limitada. Aunque el Banco Central viene acelerando el ritmo de devaluación (a una tasa anualizada de 20% en los últimos dos meses), el tipo de cambio real frente al dólar no se ha recuperado debido a que se ajustó menos que la inflación y otros costos, como los salariales. Una prueba de ello es que, según cálculos del Estudio Broda, el dólar oficial equivale hoy a $ 0,98 a valores constantes de diciembre del 2001; o sea por debajo del 1 a 1 de la convertibilidad. A lo sumo, la reacción del BCRA sólo evitó que el deterioro cambiario se profundizara aún más. Esta realidad tiene su correlato en el raquítico comportamiento de las exportaciones argentinas. Un reciente informe de la consultora DNI, dirigida por Marcelo Elizondo (extitular de la Fundación Exportar), pone de relieve que en el 2012 las ventas externas totales (81.200 millones de dólares) bajaron 3,5% con relación a 2011 y en el primer cuatrimestre de este año sólo repuntaron un 2%. Pero, además, revela que 31 rubros exportables se estancaron o mostraron caídas frente a 20 que crecieron, lo cual repercute en la creación de empleos. Según el trabajo, esta debilidad exportadora está afectando a sectores productivos que dan cabida a 1.608.000 trabajadores y representan el 30% del total del empleo registrado. De ahí que no descarte que tenga influencia en una menor creación de puestos de trabajo. Esta deducción surge de la pérdida de participación de las exportaciones en el Producto Bruto Interno, ya que pasaron de de una proporción superior al 20% en el período 2003/2007 (épocas de tipo de cambio real alto) a sólo 16% el año pasado. Otra evidencia del mismo problema puede encontrarse en un estudio de la Coordinadora de Industrias de Productos Alimenticios (Copal) –miembro de la UIA–, según el cual las exportaciones de alimentos y bebidas registraron en el primer trimestre de este año una caída del 11,7%, que se suma a la del 3,9% registrada en 2012. Casi todos los rubros agroindustriales de mayor valor agregado registraron bajas interanuales en el período. Entre ellas se destacan las ventas externas de dulces y mermeladas (-34,8%); lácteos (-25,6%); golosinas (-22,9%), aceite de oliva (–19,6%) y chocolates (-15,1%), seguidas por las industrias vitivinícola (-5,8%) y pesquera (-3,8%). Como única excepción, el informe de Copal señala al sector frutícola, con subas del 27,5% en las exportaciones de manzanas y del 26% en las de peras. Pero también aclara que ese repunte surge de compararlo con la pobre campaña del mismo período anterior y que no compensa la caída previa del 35% en las ventas externas de manzanas (que en el caso de las peras fue del 11%). Con estos datos a la vista, no hace falta ser un experto en economía para diagnosticar que la combinación de un mercado interno más débil, exportaciones en descenso (salvo las del complejo sojero), costos en dólares en ascenso y menor demanda externa (especialmente de países europeos), no sólo se resiente la creación de nuevas fuentes de trabajo, sino que pone en riesgo el mantenimiento del empleo formal. Así lo demuestra el aumento de casi un punto en la tasa de desocupación, que a nivel nacional se ubica actualmente en 7,9%. A esto debe sumarse la suba de costos en transporte y logística que también descoloca a la producción exportable. Según el presidente de Copal, Daniel Funes de Rioja, “el flete para enviar un producto desde San Juan o Catamarca hasta Buenos Aires, es más alto que para trasladar el mismo producto desde un puerto argentino hasta el sudeste asiático”. En igual sentido, el salteño José Urtubey, uno de los nuevos vicepresidentes de la UIA, declaró hace poco que resulta más caro transportar un embarque de granos desde el NOA a Rosario, que desde ese puerto a Turquía. De todo esto ya se hablaba antes de que se definiera la paritaria del gremio camionero con un ajuste salarial del 26% (fraccionado en tres tramos y un adicional a convenir), mientras el de la alimentación pide 27,5% de aumento. Por razones similares, las cuatro entidades agropecuarias que integran la Mesa de Enlace cumplen en esta semana, recortada por dos feriados, el anunciado paro de comercialización de granos, carnes y productos no perecederos, para forzar una improbable reunión con el gobierno de CFK como la que obtuvo la UIA. Y aunque este último encuentro tuvo más de protocolar que otra cosa, los industriales se llevaron una promesa presidencial que no deja de llamar la atención: que el Banco Central estudiará la posibilidad de destinar a capital de trabajo parte de los créditos para proyectos productivos que los bancos están obligados a otorgar a tasa subsidiada. En otras épocas, este tipo de mecanismos sólo sirvió para alimentar la demanda de dólares en el mercado paralelo y que los empresarios aprovecharan la brecha cambiaria para compensar el deterioro del tipo de cambio oficial. No es, precisamente, una idea que vaya a bendecir Guillermo Moreno, convertido en las últimas semanas en un virtual interventor del mercado informal para evitar que se dispare el dólar blue. Sin embargo, tanto el polémico secretario de Comercio Interior como la UIA comparten ahora una misma preocupación: el dólar oficial comenzó a subir más en Brasil que en la Argentina (cotiza a casi 2,15 reales, con un alza de 9% en lo que va de 2013), lo cual presagia aún más problemas para las exportaciones a ese país (que no sean automotrices) y otra amenaza para los sectores locales que compiten con la producción brasileña.
La semana económica
Néstor O. Scibona
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