Los muertos votantes de Venezuela

Redacción

Por Redacción

Pese a que Unasur solicitara expresamente la realización de una auditoría total (esto quiere naturalmente decir: “honesta”) de la votación en las recientes elecciones presidenciales venezolanas, ello no ha sucedido aún. Los esfuerzos por parte del gobierno peruano (ahora con la presidencia pro tempore de la organización) para tratar de impulsar el tema han caído en un verdadero punto muerto. Del que difícilmente podrán ahora salir. Porque Unasur decide por consenso. Y lo más probable es que los vetos (abiertos o implícitos) de los bolivarianos al consenso necesario para seguir adelante con la cuestión referida en el ámbito de Unasur empantanen definitivamente las cosas y frustren así la búsqueda de la verdad, al menos por esa vía. Ocurre –queda visto– que la Unasur puede ser fácilmente marginada. Dejando, claro está, al peligroso Nicolás Maduro en una situación de clara ilegitimidad, absolutamente lamentable, para perjuicio del engañado pueblo venezolano, al que Unasur ha dado ahora la espalda, mostrando inutilidad. No obstante, la realidad empieza a aparecer por fuera de la previsible negativa del Consejo Nacional Electoral venezolano, claramente sumiso a los bolivarianos. La clave está, como siempre sostuvo la oposición, en los llamados “cuadernos de votación” (nuestras “actas comiciales”), porque ellas, por ejemplo, permiten el cruce inmediato de datos entre los ciudadanos que han fallecido y que, no obstante, aparecen como habiendo votado en las mañosas elecciones presidenciales venezolanas recientes. Revelando y denunciando así –de inmediato– las distintas usurpaciones de identidad que fueran realizadas, las que aparentemente han sido realmente muy numerosas. Pese a ello, el mero examen de las mesas en las que presuntamente hubo una concurrencia del 100% de los votantes, y el cruce de esa información con los registros de las defunciones, deja al descubierto que, al menos en 19 mesas, el voto de los fallecidos ha sido una tan grave, como inaceptable, realidad. Para la oposición habrían votado unos 210.000 fallecidos que no han sido dados de baja como votantes en los registros electorales. Si se permitiera la necesaria auditoría de los “cuadernos de votación”, aparecerían claramente cuales fueron las huellas digitales que aparentemente se duplicaron. Por esto precisamente es que no se hace la auditoría total dispuesta por Unasur. Porque ella seguramente podría develar todo lo feo que realmente parece haber sucedido. Esa es la razón por la que se la bloquea permanentemente. Lo que, obviamente, alimenta las sospechas crecientes de que el fraude en las elecciones presidenciales venezolanas recientes ha sido realmente importante. Lo que es lamentable porque aleja aún más a Venezuela del andar democrático, evidenciando un creciente autoritarismo. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

EMILIO J. CÁRDENAS (*)


Pese a que Unasur solicitara expresamente la realización de una auditoría total (esto quiere naturalmente decir: “honesta”) de la votación en las recientes elecciones presidenciales venezolanas, ello no ha sucedido aún. Los esfuerzos por parte del gobierno peruano (ahora con la presidencia pro tempore de la organización) para tratar de impulsar el tema han caído en un verdadero punto muerto. Del que difícilmente podrán ahora salir. Porque Unasur decide por consenso. Y lo más probable es que los vetos (abiertos o implícitos) de los bolivarianos al consenso necesario para seguir adelante con la cuestión referida en el ámbito de Unasur empantanen definitivamente las cosas y frustren así la búsqueda de la verdad, al menos por esa vía. Ocurre –queda visto– que la Unasur puede ser fácilmente marginada. Dejando, claro está, al peligroso Nicolás Maduro en una situación de clara ilegitimidad, absolutamente lamentable, para perjuicio del engañado pueblo venezolano, al que Unasur ha dado ahora la espalda, mostrando inutilidad. No obstante, la realidad empieza a aparecer por fuera de la previsible negativa del Consejo Nacional Electoral venezolano, claramente sumiso a los bolivarianos. La clave está, como siempre sostuvo la oposición, en los llamados “cuadernos de votación” (nuestras “actas comiciales”), porque ellas, por ejemplo, permiten el cruce inmediato de datos entre los ciudadanos que han fallecido y que, no obstante, aparecen como habiendo votado en las mañosas elecciones presidenciales venezolanas recientes. Revelando y denunciando así –de inmediato– las distintas usurpaciones de identidad que fueran realizadas, las que aparentemente han sido realmente muy numerosas. Pese a ello, el mero examen de las mesas en las que presuntamente hubo una concurrencia del 100% de los votantes, y el cruce de esa información con los registros de las defunciones, deja al descubierto que, al menos en 19 mesas, el voto de los fallecidos ha sido una tan grave, como inaceptable, realidad. Para la oposición habrían votado unos 210.000 fallecidos que no han sido dados de baja como votantes en los registros electorales. Si se permitiera la necesaria auditoría de los “cuadernos de votación”, aparecerían claramente cuales fueron las huellas digitales que aparentemente se duplicaron. Por esto precisamente es que no se hace la auditoría total dispuesta por Unasur. Porque ella seguramente podría develar todo lo feo que realmente parece haber sucedido. Esa es la razón por la que se la bloquea permanentemente. Lo que, obviamente, alimenta las sospechas crecientes de que el fraude en las elecciones presidenciales venezolanas recientes ha sido realmente importante. Lo que es lamentable porque aleja aún más a Venezuela del andar democrático, evidenciando un creciente autoritarismo. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.

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