“Moreno”, un militante de otra época
El documental con el que Virna Molina y Ernesto Ardito ganaron el concurso Incaa sobre el bicentenario de la Revolución de Mayo podrá verse en la región desde el viernes.
paula gingins
pgingins@rionegro.com.ar
El género documental creció en el país en los últimos años. Con dificultades financieras o de distribución, además de las ficciones que ganaron reconocimiento y los aplausos del público local, jóvenes realizadores audiovisuales abordaron temas de lo más diversos y decidieron encarar al género con pasión.
“Moreno. Vida, pensamiento y crimen político de Mariano Moreno”, es uno de los ejemplos que llegará en estos días a la región. El filme de Virna Molina y Ernesto Ardito (“Raymundo”, “Corazón de fábrica”, “Nazión”, “Alejandra”, entre otros) indaga de lleno en la filosofía y las ideas políticas de una de las figuras más relevantes de la historia del país.
La sinopsis del documental adelanta que “Mariano Moreno fue envenenado en altamar en 1811. La historia oficial lo ocultó. Tenía 31 años y era líder del movimiento revolucionario que luchó por la libertad y la igualdad en Sudamérica –es elocuente el anticipo–. Los documentos de Moreno fueron destruidos y su imagen transformada: aún hoy se debate la veracidad de sus textos. Pero Guadalupe, su esposa, escribió por mucho tiempo desesperadas cartas de amor, sin saber que él ya estaba muerto. En estas líneas, se descubre la traición política y económica a la revolución que fundó el país”.
La realizadora Virna Molina habló con “Río Negro” sobre el filme.
–¿Porqué eligen hacer el documental “Moreno”?
–Es un personaje que nos apasionó mucho siempre. Por sus ideas, por lo que podíamos leer de él, a partir de libros como el de Norberto Galasso, con una mirada más política y no tan historiográfica o clásica de su figura pero, concretamente, cuando sale el concurso del Incaa sobre el Bicentenario vimos que era la posibilidad de hacerla. Entonces, en el proceso de investigación para presentarnos al concurso, trabajamos con los textos originales de Moreno, encontramos documentos, vamos a las cartas originales de Guadalupe, cada vez nos entusiasmamos más con el personaje y vamos confirmando la premisa que teníamos de que era un personaje oculto, que había cosas interesantes de él que nunca se contaban y que era una figura vigente.
–En el camino, ¿fueron cambiando los objetivos originales?
–El objetivo siempre fue el mismo: contar en profundidad el pensamiento y a Moreno como militante político de una época muy distinta a la situación que vivimos. Plasmar al hombre, al militante y a la persona. Los mecanismos para contar la película fueron cambiando. Nos quedamos con la idea de contarlo a partir de la figura de un investigador de historia.
–¿Se encontraron con desafíos?
–El desafío más grande era contar una historia como documental cuando no había imágenes y era todo texto: cómo encontrar los elementos potencialmente documentales para aprovechar los recursos cinematográficos para contar la historia.
Utilizamos los documentos, los textos, algunos objetos que quedaban o frescos de la época (1810). Sobre todo, el universo onírico del investigador y los fantasmas que emanan de la discusión política de la época.
–¿Y las gratificaciones?
–Primero, que nos divertimos mucho haciendo la película (éramos un equipo mínimo), y en las proyecciones, la reacción del público y el debate político que se genera.
paula gingins
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