Francisco llamó a rechazar el “culto al dinero”

Multitudinaria ceremonia en Copacabana.

Redacción

Por Redacción

AP

RÍO DE JANEIRO.- El papa Francisco vivió ayer en Brasil una jornada vertiginosa, que incluyó la visita a una favela y un emotivo encuentro con sus compatriotas argentinos en la Catedral Metropolitana y culminó con un encuentro en Copacabana con 1,5 millones de fieles en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

En sus contactos con los fieles, Francisco reafirmó los principios que orientan su pontificado: el rechazó al “culto al dinero”, la defensa de los jóvenes y de los ancianos y la lucha por una Iglesia que se aleje del “clericalismo” y que pueda “hacer lío” en la calle.

La defensa de una Iglesia volcada a los pobres quedó evidente durante la visita a la favela Varginha, donde después de ser saludado por un joven que dijo que representaba a una comunidad de “olvidados por la sociedad y por el poder público”, el pontífice cambió el texto de su discurso para atacar la “cultura de lo desechable”.

“Somos hermanos, nadie es desechable”, enfatizó, aplaudido por unas 25.000 personas que acudieron a la cancha de fútbol de la barriada para encontrar el papa, quien recorrió las calles de la favela, bendijo a niños y visitó el hogar de una familia local.

La frase improvisada se sumó a la crítica reiterada a “la cultura del egoísmo, del individualismo”, y a la advertencia de que una sociedad no será sana si deja marginados a los sectores menos favorecidos.

“Ningún esfuerzo de ‘pacificación’ será duradero, ni habrá armonía y felicidad para una sociedad que ignora, que margina y abandona en la periferia una parte de sí misma. La medida de la grandeza de una sociedad está determinada por la forma en que trata a quien está más necesitado, a quien no tiene más que su pobreza”.

Luego, al improvisar en la reunión con unos 5.000 jóvenes argentinos en la Catedral Metropolitana de Río, dejó en claro el papel que espera que juegue la Iglesia en el mundo actual: que “haga lío”.

“Quiero agitación en las diócesis, quiero que salgan afuera, que salgan a la calle, que nos defendamos de todo lo que es clericalismo, de lo que es comodidad. Si no, las instituciones se convierten en ONG (organizaciones no gubernamentales) y la Iglesia no es una ONG”. (Ver aparte)

Luego, atacó duramente el materialismo que domina el mundo actual, al afirmar, usando una expresión del lenguaje típicamente juvenil, que la civilización “se pasó de rosca” al hacer un excesivo “culto al dios dinero”, en consecuencia de lo cual se está “presenciando una exclusión de los ancianos y de los jóvenes”.

Dijo que a “los viejos, los ancianos”, se les aplica una “eutanasia cultural”, al no cuidarlos, al dejarlos de lado y no escucharlos, y a los jóvenes por los altos índices de desempleo, que crean “una generación que no tiene experiencia de la dignidad ganada por el trabajo”.

“Ustedes los jóvenes y los ancianos están condenados al mismo destino, la exclusión. No se dejen excluir”, apeló.

La condena al materialismo volvió a aparecer en el discurso que hizo ante los cientos de miles de peregrinos de todo el mundo que se dieron cita para la JMJ durante la Fiesta de Acogida en la famosa playa de Copacabana.

Allí, el papa exhortó a los jóvenes a “poner a Cristo” en sus vidas y a no dejarse seducir por “la ilusión de ser felices” que pueden darles el dinero y el poder. (DPA)

el papa en brasil


AP

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora