“El peronismo tiene que derrotar al peronismo”

Para Santiago Kovadloff, todo indica que comienza un proceso de cambio por el cual “un justicialismo más flexible dejará atrás al autoritarismo kirchnerista”. El próximo viernes disertará en la Feria Patagónica del Libro, en Roca.

Redacción

Por Redacción

entrevista: A Santiago Kovadloff, escritor y filósofo

claudio rabinovitch crabinovitch@rionegro.com.ar

– ¿Cuál fue el derrotero desde la recuperación democrática a la actual situación política argentina? – En el año ´83 la tarea parecía ser dejar atrás el autoritarismo con que habían impregnado al país el régimen militar y los ideales violentos de la guerrilla. Con el tiempo se empezó a advertir que la dificultad para vivir en democracia no sólo la generaba el golpismo, sino la cultura cívica de la inmensa mayoría de los argentinos. – ¿En qué se evidenciaba ese déficit cívico? – El cumplimiento de las leyes que garantizaban el ejercicio de la disidencia en el marco de la ley era violentado por un espíritu fuertemente corporativo, fragmentario, que denunciaba la falta de proyectos comunes que se pudieran abarcar en nociones de políticas de Estado; así, a lo largo de 20 años –hasta el 2003– los gobiernos constitucionales contribuyeron con su inoperancia y demagogia a destruir la confianza pública en el retorno a la vida democrática. Ya no parecían factibles los golpes de Estado, pero la democracia como ejercicio constitucional pleno no aparecía en el horizonte. – ¿En ese marco se produce el ascenso del kirchnerismo al poder? – La crisis de comienzos del siglo XXI terminó por transparentar la ineptitud nacional para el ejercicio de la vida constitucional; el delito se adueñó del país y una nueva configuración de los desaparecidos se sumó a la que ya conocíamos: la de los excluidos. Cuando los Kirchner llegan al gobierno encuentran consolidada la ruina de la democracia como objeto de credibilidad pública e inician una gestión que, a partir de la experiencia santacruceña, se propone la sustitución paulatina de la democracia republicana por una populista plebiscitaria que capitaliza el desencanto de la mayoría y permite la consolidación de liderazgos personalistas con el proyecto de perpetuarse en el poder más allá de las normas. – ¿Estamos ante un “fin de ciclo”? – Hoy la disyuntiva pareciera concentrarse en la disputa entre la democracia plebiscitaria (propensa a los liderazgos caudillescos y desobediencias constitucionales) y una democracia republicana cuya experiencia los argentinos no tenemos más allá de la prédica. La confrontación entre dos concepciones de la democracia, la populista y la republicana, está en el centro de la pregunta del porvenir de la Argentina. – ¿Y qué escenario vislumbra? – El gobierno aspira a someter la ley al poder, mientras quienes no coinciden aspiran a darle vigencia a la ley para que contenga el avasallamiento. No está claro cuál de las dos tendencias va a predominar. Entre aquella disputa entre el autoritarismo militarista y la que reivindicaba la democracia han transcurrido tres décadas en la que la Argentina pareciera propender a prácticas alejadas de la democracia en la medida que han desparecido los partidos políticos, los liderazgos (en el oficialismo y afuera) se han vuelto personalistas, y el delito y la impunidad parecieran practicables en una Argentina donde la ley no ha demostrado independencia del poder político como para creer que la república está viva. – ¿Tiene margen el oficialismo para evitar su caída? – Se enfrenta a un porvenir incierto porque las contradicciones en las que incurre, las perversiones que practica para mantenerse en el poder, han generado crisis económica y una serie de problemas irresueltos como la inseguridad, que le han generado complicaciones que no responden tanto a la seducción del discurso opositor como a la ineptitud: el peor enemigo del oficialismo es él mismo. – Como ocurrió con la convertibilidad, ¿la administración actual no parece advertir cuándo un proceso está agotado? – Es que el oficialismo no tiene alternativa; si no se sostiene en el poder está condenado a rendir cuentas por las infracciones flagrantes que cometió y esto podría poner en riesgo la libertad de muchos de sus representantes. Como afirma Elisa Carrió: podrían ir presos. El gobierno no se siente débil en el intento de manipular la Justicia. A la vez, hay un resquebrajamiento del régimen y hay jueces que persisten en convocar a funcionarios vinculados al gobierno en diversas escalas, desde Schoklender hasta (Hebe) Bonafini, (Ricardo) Jaime, (Lázaro) Báez y el propio (Julio) De Vido. – Recientes fallos reflejan la ambigüedad de la relación de la Justicia con el poder. – En la Justicia está presente el conflicto entre los que intentan ser consecuentes con el Ejecutivo y callar, y quienes luchan por la independencia; un escenario de tensiones que se advierte también en las disputas interpartidarias y en una opinión pública que ha mejorado la demanda de calidad cívica. – ¿Cómo interpreta la adhesión que parece haber encontrado un exfuncionario K como Sergio Massa que asume la postura del “cambio preservando la continuidad”? – El peronismo siempre ha sabido llevar adelante los movimientos indispensables para transformar su aspecto y preservar su poder. Massa se dice peronista, el peronismo llamado opositor se proclama peronista, igual que (Hugo) Moyano, la presidenta se llama peronista… ¿Por qué necesitan llamarse peronistas? La respuesta está en el electorado que quieren conquistar, al peso mayoritario del voto justicialista en la argentina. Esa disputa ha llevado a que hoy aparezcan diversas ofertas peronistas según cambian las tendencias. Dicho de un modo paradojal: si el peronismo quiere triunfar en las próximas elecciones es imprescindible que derrote al peronismo. – Otra vez el país tendrá que resolver la interna peronista. – El peronismo sigue teniendo protagonismo y todo indica que lo seguirá teniendo. La alternativa que estuvo representada por el radicalismo tuvo poca eficacia, fracasaron en la gestión y produjeron escepticismo, se inicia un proceso de cambio que dejará atrás el proyecto populista encarnado por el Frente para la Victoria. Si esto no pasara se va a consolidar un sistema autoritario. Si ocurriera se iría hacia un peronismo más flexible, abierto a una convivencia más serena, pero (el justicialismo) seguirá teniendo la palabra inicial y quizá la ultima palabra. – ¿Pasado el proceso electoral el peronismo se unificará detrás del ganador? – En el peronismo la fragmentación es estratégica, en el radicalismo es profunda porque quienes dicen representar ideales republicanos pertenecen a espacios políticos incapaces de conciliar acercamientos que alcancen para ganar una elección. Uno querría ver a ese partido, al socialismo y al centro derecha unirse; no es así. Hay figuras que pueden ser alternativa en la Capital Federal, pero nada asegura que sigan juntas tras la elección. – ¿La oposición qué rol está llamado a ocupar? – Los partidos opositores ofrecen un abanico variado porque disputan electorados minoritarios que no responden a una cultura movimientista, sino de un cierto adoctrinamiento ideológico. El que mayores problemas afronta es la UCR cuando procede de un modo cercano al peronismo, pero con menos astucia ya que el peronismo se fragmenta preservando la unidad. – En el caso de Carrió parece colectar el apoyo de los más anti- K, pero su rigidez parece restarle apoyos. – Carrió no es sólo una opositora contundente sino eficaz en cuanto a las denuncias; al mismo tiempo el interrogante que se abre tiene que ver con la dificultad que tiene de mantener una relación de interdependencia con quienes se acercaron a ella para dar vida al ARI, a la Coalición Cívica. El temor es que no sea capaz de sostener la cohesión con otros para, llegado el caso, garantizar gobernabilidad. – ¿Carece la oposición de lo que fue un Raúl Alfonsín en la primavera democrática? – Un liderazgo representativo de valores no peronistas que están atados a intereses sectoriales. Moyano representa muy bien a su corporación y todo el país está dividido en corporaciones. Por eso no hay república. El campo hace planteos, los industriales silencio. Pero hoy la lucha es mucho más dramática: consiste en si es posible derrotar al autoritarismo o no. La respuesta está en la oposición y en la parte del peronismo capaz de hacer frente a esa demanda. – ¿La franja del centro derecha relegó sus expectativas en esta elección con el respaldo de Mauricio Macri a Massa? – El peronismo sólo busca alianzas coyunturales. Después de estar todo el tiempo con el macrismo, Eduardo Amadeo ahora está con Massa; del mismo modo vamos a verlo a Moyano: en cuanto el intendente de Tigre se perfile capaz de liderar un peronismo ganador, el sindicalismo va a ir a buscarlo. En el peronismo el poder manda, los principios obedecen. – ¿Cuál será la influencia del Papa Francisco en las elecciones que se avecinan? – Profunda en el electorado; en cambio la dirigencia política va a estar supeditada a intereses oportunistas. El gobierno ha procedido con extraordinaria impunidad mostrándose cercano a sus ideales después de haber evidenciado repugnancia por su figura dada la incidencia que venía expresando en la sociedad argentina. Todos citan al Papa, pocos lo imitan. – En definitiva, ¿descarta que el kirchnerismo insista con la re-reelección? – Lo dirán las elecciones legislativas. En nuestro país no se puede considerar impracticable lo que parece inviable.


entrevista: A Santiago Kovadloff, escritor y filósofo

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