Los cinco fundamentales
Nadie debería dejar de leer a J. D. Salinger. Ningún niño. Ningún adulto. Nadie. Salinger es uno de esos autores absolutamente necesarios, que marcan el antes y el después en cualquier biblioteca. Y “El guardián en el centeno”, la puerta principal. Por una razón muy difícil de explicar y sobre todo de entender, ése fue el libro que llevaba en sus manos Mark David Chapman antes de dispararle cinco veces a John Lennon en la puerta del Dakota. Nada más lejos de la adorable historia de Holden Caulfield, el protagonista de “El guardián…”. J. D. Salinger se convirtió en la estrella de la literatura norteamericana mucho antes de aquel triste suceso. Y mientras su estrella crecía, más se ocultaba el más misterioso de los autores norteamericanos. Su privacidad fue su obsesión. Y fue también el caldo de cultivo de toda la leyenda que se construyó alrededor de ese hombre que escribió apenas cinco libros, muy cortos todos ellos, protagonizados por la familia Glass, y que pasó los últimos cuarenta y cinco años de su vida como un ermitaño, casi sin ser visto, sin publicar, escondiéndose de todos los que perseguían su mito. Fue el escritor oculto. Desentrañar a Salinger es como intentar explicar la sonrisa de La Gioconda. Imposible. Ahora, una película promete echar luz sobre las sombras; explicar qué ocurrió con ese hombre que alcanzó la cima y que después, un día cualquiera, decidió encerrarse, fundirse a negro para no darnos ni un sólo libro más. “Se puede pensar que Salinger abandonó nuestro infernal mundo, pero también es posible que haya sido él quien nos expulsó de su paraíso”, escribió una vez Rodrigo Fresán. Como sea, de este lado o aquel del paraíso quedaron cinco libros fundamentales y la inagotable leyenda de un autor esencial.
Verónica Bonacchi
Nadie debería dejar de leer a J. D. Salinger. Ningún niño. Ningún adulto. Nadie. Salinger es uno de esos autores absolutamente necesarios, que marcan el antes y el después en cualquier biblioteca. Y “El guardián en el centeno”, la puerta principal. Por una razón muy difícil de explicar y sobre todo de entender, ése fue el libro que llevaba en sus manos Mark David Chapman antes de dispararle cinco veces a John Lennon en la puerta del Dakota. Nada más lejos de la adorable historia de Holden Caulfield, el protagonista de “El guardián...”. J. D. Salinger se convirtió en la estrella de la literatura norteamericana mucho antes de aquel triste suceso. Y mientras su estrella crecía, más se ocultaba el más misterioso de los autores norteamericanos. Su privacidad fue su obsesión. Y fue también el caldo de cultivo de toda la leyenda que se construyó alrededor de ese hombre que escribió apenas cinco libros, muy cortos todos ellos, protagonizados por la familia Glass, y que pasó los últimos cuarenta y cinco años de su vida como un ermitaño, casi sin ser visto, sin publicar, escondiéndose de todos los que perseguían su mito. Fue el escritor oculto. Desentrañar a Salinger es como intentar explicar la sonrisa de La Gioconda. Imposible. Ahora, una película promete echar luz sobre las sombras; explicar qué ocurrió con ese hombre que alcanzó la cima y que después, un día cualquiera, decidió encerrarse, fundirse a negro para no darnos ni un sólo libro más. “Se puede pensar que Salinger abandonó nuestro infernal mundo, pero también es posible que haya sido él quien nos expulsó de su paraíso”, escribió una vez Rodrigo Fresán. Como sea, de este lado o aquel del paraíso quedaron cinco libros fundamentales y la inagotable leyenda de un autor esencial.
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