Inolvidables

Redacción

Por Redacción

La Peña

jorge vergara jvergara@rionegro.com.ar

Una tabla firme, dos más pequeñas atravesadas que sirvan de ejes para cuatro rulemanes y una buena soga sirven para fabricarlo. Eso sí, hace falta un buen voluntario para empujar, porque el que se sienta muestra destreza para conducir, pero si el que empuja no viaja rápido no servirá de mucho. Los viejos karting de madera y rulemanes aún están vivitos y coleando. Sí, esos que fabricábamos cuando éramos chicos aparecieron de nuevo, con las mismas formas, ventajas y desventajas. En mi pueblo fue el mismo municipio que alentó una carrera hace pocos días para los karting de rulemanes. De fabricación casera, eran ideales para divertirse y competir, porque con poco tiempo estaban terminados y uno podía salir a pista para mostrar habilidades. En realidad son los elegidos para pueblos o ciudades con calles de asfalto y con alguna pendiente, que permiten una carrera más veloz y entretenida y un esfuerzo menor para el que empuja. Diría que si fuera en subida no tendría gracia, porque las velocidades serían mucho menores y la destreza del conductor no podría mostrarse. Un chico, porque los grandes son muy pesados, se sienta en el karting que viaja casi al ras del piso, toma la soga y desde ahí conduce las dos ruedas delanteras que giran al mismo tiempo según de dónde tire el conductor. Las carreras generalmente son con obstáculos en bajada, de manera que si el conductor o piloto no es muy hábil es posible que se los lleve por delante. El que empuja se apoya en la espalda del conductor, se agacha y corre llevando el karting. Su rol es clave porque de su resistencia depende el éxito del desafío. Si el que empuja es rápido y tiene fuerza y el que conduce es muy hábil, casi diría que hay triunfo asegurado. Esas carreras nos llevaban horas y horas de entretenimiento cuando éramos chicos. Y aunque no lo crea, días atrás un municipio organizó una carrera de karting de rulemanes, que no tienen motor porque es tracción a sangre, que convocó a mucha gente y dejó en claro que esos viejos juegos no caerán en el olvido. Confeccionar el karting, con más o menos accesorios era todo un tema, implicaba recorrer talleres para buscar los rulemanes usados que nos evitaran comprar uno nuevo que eran bastante caros, darle en la tecla a la medida, buscar la madera que resista el peso pero que también permita poner clavos y tornillos y una buena soga para que no se corte y nos asegure seguir dentro del circuito. Apasionantes eran y aún lo son esas carreras que tenían toda una técnica para llegar al éxito. Lo único nuevo y que la verdad es un acierto, es que ahora sumaron el casco obligatorio porque aunque vayan muy al ras del piso, esos karting se vuelcan con facilidad. Otro juego de habilidad era el que se hacía y aún se hace con un viejo aro de rueda de bici, una llanta, que se largaba hacia adelante y se guiaba con un hierro liviano con una curva en la punta. No era fácil correr cincuenta o cien metros sin que la llanta se fuera hacia donde se le diera la gana, de manera que el largo del hierro, el modo de curvarlo y el manejo de quien lo guiaba resultaban claves para lograr un buen resultado. Juegos de otros tiempos, que generaciones nuevas casi no conocen, por eso es valioso que se rescaten estas tradiciones, como la carrera de embolzados y muchos más que son tan divertidos como eternos. Y lo mejor, costo cetro, porque el karting, la llanta y la bolsa se consiguen en cualquier lado. Salud por aquellos que rescatan estas cosas del olvido, salud por los juegos que nos acompañaron durante años.


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