¿Quién será?

Si lo más probable es que Pereyra gane, donde se multiplican las lecturas es respecto de quién saldrá segundo.

Redacción

Por Redacción

HÉCTOR MAURIÑO vasco@rionegro.com.ar

En el MPN –afuera de esa fuerza también– están un poco sorprendidos. Nunca antes, dicen, se había visto tanta virulencia interna como la que se advierte hoy entre sapagistas y pereyristas. En verdad, desde que Felipe Sapag definiera a Jorge Sobisch como “un accidente” en la historia de su partido, no se veía tanta beligerancia interna en el emepenismo. La memoria es frágil, pero no tanto como para olvidar que don Felipe llegó a insinuar también que, en lo personal, no votaría por Sobisch. Aunque tal vez sea cierto que nunca antes uno de los sectores en pugna había dicho con todas las letras que no acompañaría al otro en la campaña electoral. Ya se sabe que el MPN frecuentemente exhibe la capacidad de aunar oficialismo y oposición. No es que siempre sea así, pero tratándose de un partido claramente hegemónico, que tiene enfrente una oposición endeble, casi testimonial, esto de que frecuentemente termine estando de los dos lados del mostrador no debería sorprender a nadie. Desde luego que en el actual estado de cosas ha jugado un papel importante la campaña “sucia” de Pereyra, quien no se privó de enlodar a sus compañeros hasta el insulto. Pero ése no parece ser el motivo principal, sino apenas un condimento, en un partido fiel a la máxima de Elías Sapag: “En política los agravios prescriben a los 60 días”. Así, si bien es cierto que han pasado apenas 30 cortos días, la verdadera razón de tanto encono no parece radicar en los muchos agravios, sino en una cruda lucha por el poder que, de golpe y porrazo, como un rayo en una tarde serena y cuando nadie lo esperaba, se instaló fuertemente en el escenario. Como no podía ser de otra forma, terminada la interna, Pereyra dejó su discurso incendiario y pasó a una postura conciliadora que contrasta con el enojo de Sapag. Está claro: ahora el petrolero necesita de todos para reafirmar su victoria en octubre y mal haría en seguir enfrentando al gobernador que aún ostenta 86.000 votitos contantes y sonantes. Desde el lado opuesto, Sapag aspira a que se le “caigan” a Pereyra la mayor cantidad de votos posibles, de manera que su instalación como candidato para el 2015, algo que ya parece inevitable, no sea tan abrumadora. Si se descuenta que la batalla de Pereyra por la gobernación comenzará exactamente el 28 de octubre, hay que admitir también que la de Sapag ya comenzó. Por eso el gobernador dejó entrever claramente que peleará la conducción del partido –algo que no debió dejar nunca en manos de un rencoroso adversario como Sobisch– y no lo dice, pero se sabe que saldrá a medir posibles herederos antes de la próxima elección. La re-reelección ya no cuenta y necesita encontrar un delfín con posibilidades de heredarlo. Si fuera posible para ayer, mejor. Si bien todavía todo se cocina a fuego lento y nada se puede tomar como definitivo, el escenario para octubre no será similar al de las PASO. Pereyra se benefició con una cantidad de sufragios que vinieron de “pasada” a la interna del MPN. Según algunos, entre 30 y 40.000 votos que se vieron tentados de participar en la interna más convocante, ahora volverán a sus respectivos rediles. En pelea más atractiva fueron a votar antikirchneristas y kirchneristas, presumiblemente más de los primeros que de los segundos. El tema es que ahora esos votos, sobre todo los anti-K, se van a dispersar entre distintos candidatos: Inaudi, Benítez, Romero y las fuerzas de la llamada “izquierda”. Los K, en cambio, tienen un solo candidato posible que es Fuentes. Un dato que los estrategas de uno y otro lado se preguntan de cara a lo que viene es cómo están Cristina y Sapag en Neuquén. Por lo que se sabe de los sondeos –todos secretos y todos interesados– se podría deducir que el electorado local está más o menos dividido en tercios: uno está con la presidenta, otro no la puede ver y el restante “no sabe no contesta”. Lo mismo ocurriría, aproximadamente, con Sapag. Si este fuera el escenario, sería posible imaginar que Pereyra ganará y bien, aunque con menos votos de los que sacó en las PASO, pero con un resultado que puede fluctuar entre el 48-50% de máxima y el 38-40% de mínima. ¿Quién será el segundo? Acá es donde se multiplican las lecturas. Para los seguidores de Inaudi, quien se presenta como el antikirchnerista más consecuente, su candidato está dos puntos por encima del Frente para la Victoria –“18-16”, dicen– y más allá el resto de las fuerzas. Para la gente de Romero (Unión Popular) en cambio, la puja es muy estrecha entre ellos, Inaudi y Fuentes, y el resultado puede beneficiar a cualquiera de los tres. Desde la óptica del FpV, en cambio, el resultado a su favor está prácticamente cantado, porque buena parte de los votos que sacó Pechen “son K” e irán para las alforjas de Fuentes. Para este sector, Inaudi ya perdió los votos de Kreitman y aunque es posible que gane en la capital, donde está el bolsón más anti-K, perderá fatalmente cuando lleguen los votos de Centenario, Cutral Co y San Martín, no sólo porque son municipios del FpV sino porque los sectores más afines a Cristina están en el interior y no en la capital. Sapag ya salió a aclarar que aunque “no le empujará el carro”, tampoco mandará a votar contra de Pereyra. Pero, más allá de lo que pueda “pescar” Fuentes por sí mismo, ¿es posible que el sapagismo le aporte un cierto caudal de votos? Una fuente del oficialismo provincial, experta en enjuagues electorales, descartó que “con aparato” se pueda ganar una elección. Pero admitió que frente a fuerzas que están parejas “el aparato puede inclinar la balanza para uno de los lados”. En el FpV dicen que ellos no esperan un apoyo decisivo del sapagismo, menos aún en los municipios no emepenistas, donde es posible que los votos de Pechen sigan al candidato del MPN o, en todo caso, vayan a parar a las redes de Romero. Contrariamente a lo que opinan en el quiroguismo, en el sentido de que Cristina “está en baja”, en el FpV creen que las últimas medidas del gobierno nacional, como la elevación del piso de ganancias y la inflexión en la política de seguridad, contribuyen a mejorar la imagen de la presidenta. Y descuentan que eso los favorecerá.


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