Manos libres

Sigue creciendo Massa en Buenos Aires. Y son banca en sus distritos, Macri, Binner, Cobos y De la Sota.

Redacción

Por Redacción

ARNALDO PAGANETTI arnaldopaganetti@rionegro.com.ar

La reacción del kirchnerismo –que contempla mejoras en los bolsillos de los trabajadores, presteza en la aprobación parlamentaria de la emergencia económica hasta el 2015, aval al presupuesto 2014 y “manos libres” para que Daniel Scioli trate de aplacar el enojo por la inseguridad– no parece que vaya a torcer el resultado de las PASO en la renovación legislativa de octubre. Al contrario, postergando por prematuros los análisis sobre la sucesión presidencial, los principales encuestadores concluyeron que se afianzarán las tendencias en los principales distritos. Así, Sergio Massa consolidaría ventajas sobre Martín Insaurralde en la provincia de Buenos Aires; Gabriela Michetti ratificaría el dominio de Mauricio Macri en la capital federal; Hermes Binner, el socialista amigo de los radicales, extendería el dominio en Santa Fe; Julio Cobos, el radical amigo de los socialistas, cristalizaría su resurrección en Mendoza y Juan Schiaretti, bastonero de José Manuel De La Sota, dejaría atrás en Córdoba a la UCR, al PRO y a la representante de la Rosada. Pese al propósito de moderar sus intervenciones para seguir el diálogo con los “dueños de la pelota”, Cristina Fernández no trepida en sostener las líneas centrales del “modelo”. Esa conducta ya le provocó roces con dos de los invitados que juegan en primera. Uno es el banquero Jorge Brito, que le reprochó a la presidenta “no escuchar la voz del pueblo”. El otro, Héctor Méndez, de la Unión Industrial, quien se atrevió (además de cuestionar al secretario de Comercio, Guillermo Moreno) a reclamar por un ministro con “más fortaleza” que Hernán Lorenzino. Respuestas puntuales a las demandas de los electores se dan todos los días, pero se mantiene el cepo cambiario, se rechazan las devaluaciones bruscas y no se resigna por nada del mundo “la maquinita” que mantiene alto el consumo y resguarda la fidelidad de un 26% de la población nacional, como se comprobó el pasado 11 de agosto. La impotencia en la oposición no peronista tuvo una manifestación en las declaraciones de Elisa Carrió, pivote exitoso de la coalición UNEN en el distrito porteño, alimentando la idea de un “golpe de Estado” como consecuencia de la lucha de facciones dentro del partido del gobierno. “Lilita”, trepada a la teoría conspirativa que había agitado Cristina horas antes al discutirse sobre el etéreo “círculo rojo”, insinuó una administración de transición con “pacto de impunidad” entre dos de los potenciales herederos, Scioli y Massa. Los supuestos sobre la reacción de Cristina luego del 27 de octubre, los saltos de garrocha dentro del Justicialismo y la complejidad de los próximos dos años auguran otra etapa política, sin que ello signifique necesariamente un final de ciclo. Se azuzan salidas apocalípticas que, por supuesto, no serán beneficiosas para la mayoría. “Ha cometido muchos errores la presidenta, pero no está muerta”, sentenció Jaime Durán Barba, gurú de Macri. En esta locura de lanzar ideas sin ton ni son, el excarapintada Aldo Rico, quien ya se levantó contra la democracia en la era de Raúl Alfonsín, aventuró, luego de bajar su candidatura y plegarse al proyecto Massa, que la presidenta no durará hasta el 2015. “Si fuera ella, me iría”, zahirió. A las soluciones de ruptura institucional no adhieren, ni mucho menos, Scioli, hoy en la órbita de influencia K; Massa, del Frente Renovador con fuerte componente peronista, Binner, Margarita Stolbizer, Ricardo Alfonsín y Cobos, del espectro progresista y Macri, de un centro derecha desdibujado por su escaso despliegue territorial. Si todos esos dirigentes, que están en la cresta de la ola, sostienen la República, ¿quiénes estarían en condiciones de provocar un golpe? Por lo pronto, dándose un baño de realidad, Cristina tuvo que aceptar el debate propuesto por Insaurralde de bajar la edad de imputabilidad de los menores delincuentes a los 14 años. Scioli, contrariando el dogma del ala de izquierda del kirchnerismo, se manifestó dispuesto “a todo” para combatir la inseguridad, al poner en funciones al ministro Alejandro Granados. Éste, después de hablar con Sergio Berni (en permanente línea directa con Cristina), aseguró que los efectivos de Gendarmería llegaron al conurbano para “quedarse a vivir”. El tono de Scioli, si bien discrepante, no es agresivo con Massa, quien se cuida por su parte de no ir por la banquina. No sucede lo mismo con otras discusiones. Por ejemplo, la que protagonizaron el senador radical Gerardo Morales y el titular de Aerolíneas y miembro de “La Cámpora”, Mariano Recalde. En cuestiones de fondo, estuvieron bastante cercanos, aunque lo disimularon muy bien cuando se trenzaron en la pelea de agravios personales. “Es peor que un zángano”, lo amonestó Recalde. “Cobarde, traidor, hipócrita”, levantó la apuesta el jujeño, para beneplácito de los que animan los espectáculos mediáticos televisivos.

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