Perturbados asesinos se vuelven rutina en EE.UU.
Starbucks rogó a sus clientes no ingresar armados.
AP
SAN FRANCISCO (DPA/ AP) – Como es habitual tras una masacre a tiros en el país, los estadounidenses se hacían estos días muchas preguntas, que recibieron escasas y frustrantes respuestas.
“¿Por qué Alexis pudo comprar armas?”, se preguntaba el “USA Today” tras conocerse que Aaron Alexis, el hombre que mató a 12 personas a tiros en la última masacre de este tipo cometida el lunes en una base de comando de la Marina de Washington, tenía un pasado “plagado de banderas rojas médicas y legales”.
El pistolero visitó dos hospitales en las semanas previas a la balacera, “pero no dijo que estaba deprimido ni que pensara hacerse daño a sí mismo o a otros” indicó el Departamento de Asuntos de los Veteranos.
Por ejemplo, dos semanas antes de su visita a la sala de urgencias, se quejó ante la policía en Rhode Island de que había personas que le hablaban a través de los muros y techos de su habitación de hotel y le enviaban vibraciones de microondas a su cuerpo para quitarle el sueño. La policía de Newport le avisó a la base naval, pero ya no recibió más noticias sobre el tema.
Y el veterano de la Marina de 34 años no es ni de lejos el primer hombre con problemas mentales en tener acceso a un arma y utilizarlo para disparar contra decenas de inocentes.
El año pasado Estados Unidos vivió masacres de este tipo durante la premiere de una película de Batman en Colorado y en la escuela primaria de Sandy Hook en Newtown, Connecticut. En ambos casos, los autores también tenían enfermedades mentales.
Pero las leyes estadounidense siguen siendo muy laxas a la hora de excluir a la gente de la tenencia de armas, considerado un derecho constitucional, y se requiere una orden de un tribunal que acredite una enfermedad mental para prohibir a alguien ser dueño de un arma de fuego.
Eso hizo posible que una semana antes del tiroteo, Alexis pudiera ir a la tienda de armas Sharp Shooters en Lorton, en el estado de Virginia, y comprara legalmente la escopeta utilizada para perpetrar el crimen.
Los analistas políticos se mostraron escépticos de que algo pueda cambiar tras el nuevo tiroteo, pese a las llamadas a la acción del presidente, Barack Obama. “¿Cuándo suficiente será suficiente?”, se preguntaba el senador Jay Rockefeller.
Los diputados demócratas ya intentaron endurecer las regulaciones sobre la revisión general de antecedentes a la hora de comprar armas tras la masacre de Sandy Hook.
Pero sus planes se vieron desbaratados en el Senado por la oposición de los republicados y algunos demócratas y hay poca esperanza de que el último ataque cambie la ecuación. Muchos diputados están además respaldados por el poderoso lobby de la Asociación Nacional del Rifle (NRA), que se opone a casi cualquier nueva legislación sobre control de armas.
Como suele hacer tras un nuevo ataque, la NRA guarda silencio, prefiriendo ofrecer una declaración neutral de solidaridad con las víctimas.
El presidente estadounidense, Barack Obama, quiere sin embargo intentar de nuevo la aprobación de revisiones de antecedentes más estrictas a la gente que compra armas.
La falta de un sistema de revisión firme hace a Estados Unidos más vulnerable a las masacres, dijo Obama . “Me preocupa que esto se convierta en un ritual que tengamos que pasar cada tres o cuatro meses, donde tengamos estas horribles masacres”, dijo añadiendo que ha hecho lo que puede para enfrentar la violencia de las armas y que ahora le toca el turno al Congreso.
El líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, dijo que no hay suficientes miembros dispuestos a votar por ese cambio. “No tenemos los votos. Me gustaría conseguirlos, pero no los tenemos ahora”, dijo .
En una muestra de lo difícil que es el debate sobre el control de armas en Estados Unidos, Starbucks pidió a sus clientes que no lleven armas a sus locales en el país. “Les escribo hoy con un respetuoso pedido para nuestros clientes de que no traigan más armas de fuego a nuestros locales o a nuestras áreas al aire libre”, indicó el CEO de la empresa, Howard Schultz, en una carta.
En medio de dolor, el lobby armamentista permaneció nuevamente en silencio ante la masacre de esta semana en la base militar.
AP
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