Rebeldía
“Claro que lo defiende a él. No te va a elegir a vos: prefiere el statu quo a la rebeldía”. La frase, como un dardo, dio en un blanco impreciso. Tembló una estantería que ya venía sacudida, porque en las horas anteriores me había encontrado con una situación inesperada: alguien que elegía caer en el mismo pozo del que le costó horrores empezar a salir. Me enojó. De pronto, ese “alguien” pasó ser un conjunto de personas que vuelven a elegir lo mismo que quieren dejar –una relación, un trabajo, una situación–. Dicen que “ahora es diferente”. Un discurso capcioso para convencerse de que cambió algo más que el envoltorio. Mantienen un registro demasiado borroso, como el parabrisas de un auto en medio de una tormenta; y ni siquiera funciona bien el limpiaparabrisas, porque tiene la goma chamuscada, seca. En los días siguientes sigo rumiando: ¿por qué me enoja que alguien tropiece con la misma piedra? Regresa la frase del statu quo, ese comportamiento funcional en el que nada se modifica para que todo siga de la misma manera. Arthur Schopenhauer también se hubiera fastidiado: para el filósofo alemán la rebeldía es la virtud original del hombre. Ante la incertidumbre y en la antesala a una transformación, surge la tentación de volver atrás, al camino conocido por el que ya transitaron otros y por el que uno mismo ya caminó. Las situaciones nuevas presentan un desafío y el miedo nos dice “hola, ¿estás seguro de seguir adelante? ¿y si perdés lo que ya tenés? ¿vas a soportarlo?”. Jiddu Krishnamurti decía que tiene que haber rebelión contra el conformismo y la respetabilidad porque el hombre respetable es mediocre. Para el escritor y pensador indio reflexionar es penoso, crea perturbaciones, genera oposición y puede ocasionar que las acciones propias vayan en contra del patrón establecido: “Pensar y sentir de un modo amplio, tornarse lúcidamente consciente de las cosas, sin opción ni preferencia alguna, puede llevarnos a profundidades desconocidas, y la mente se rebela contra lo desconocido; por eso se mueve de lo conocido a lo conocido, de hábito en hábito, de patrón en patrón. Una mente así jamás abandona lo conocido para descubrir lo desconocido”. Si entramos a la selva y se larga a llover, nos vamos a embarrar. No queda otra. Aunque sea incierto qué y cómo sucederá, al final habremos vivido una experiencia. Pegar la vuelta hacia el campamento porque hay nubes es cobardía. Me pregunto sobre la rebeldía y cuándo pasa a ser inconsciencia. Pienso en la combinación del sentido común y lo que sentimos. También en la sombra de lo fácil que es engañarnos a nosotros mismos. ¿Qué harías si estuvieras en una isla y tuvieras que perseguir tu profundo deseo o, mejor, tu misión? Eso que ahora pensás que harías, ¿te parece una locura? Me entristece algo. No sé qué es. Me genera pudor pero es como si me doliera el mundo y la humanidad. ¿Cómo puede ser que alguien –un conjunto– no se anime a lo único que tenemos, la vida? Me enojo, también, porque juzgo y me angustio. En fin, una lucha entre los que prefieren el statu quo y los que se sienten empujados a que las cosas cambien.
Juan Ignacio Pereyra
“Claro que lo defiende a él. No te va a elegir a vos: prefiere el statu quo a la rebeldía”. La frase, como un dardo, dio en un blanco impreciso. Tembló una estantería que ya venía sacudida, porque en las horas anteriores me había encontrado con una situación inesperada: alguien que elegía caer en el mismo pozo del que le costó horrores empezar a salir. Me enojó. De pronto, ese “alguien” pasó ser un conjunto de personas que vuelven a elegir lo mismo que quieren dejar –una relación, un trabajo, una situación–. Dicen que “ahora es diferente”. Un discurso capcioso para convencerse de que cambió algo más que el envoltorio. Mantienen un registro demasiado borroso, como el parabrisas de un auto en medio de una tormenta; y ni siquiera funciona bien el limpiaparabrisas, porque tiene la goma chamuscada, seca. En los días siguientes sigo rumiando: ¿por qué me enoja que alguien tropiece con la misma piedra? Regresa la frase del statu quo, ese comportamiento funcional en el que nada se modifica para que todo siga de la misma manera. Arthur Schopenhauer también se hubiera fastidiado: para el filósofo alemán la rebeldía es la virtud original del hombre. Ante la incertidumbre y en la antesala a una transformación, surge la tentación de volver atrás, al camino conocido por el que ya transitaron otros y por el que uno mismo ya caminó. Las situaciones nuevas presentan un desafío y el miedo nos dice “hola, ¿estás seguro de seguir adelante? ¿y si perdés lo que ya tenés? ¿vas a soportarlo?”. Jiddu Krishnamurti decía que tiene que haber rebelión contra el conformismo y la respetabilidad porque el hombre respetable es mediocre. Para el escritor y pensador indio reflexionar es penoso, crea perturbaciones, genera oposición y puede ocasionar que las acciones propias vayan en contra del patrón establecido: “Pensar y sentir de un modo amplio, tornarse lúcidamente consciente de las cosas, sin opción ni preferencia alguna, puede llevarnos a profundidades desconocidas, y la mente se rebela contra lo desconocido; por eso se mueve de lo conocido a lo conocido, de hábito en hábito, de patrón en patrón. Una mente así jamás abandona lo conocido para descubrir lo desconocido”. Si entramos a la selva y se larga a llover, nos vamos a embarrar. No queda otra. Aunque sea incierto qué y cómo sucederá, al final habremos vivido una experiencia. Pegar la vuelta hacia el campamento porque hay nubes es cobardía. Me pregunto sobre la rebeldía y cuándo pasa a ser inconsciencia. Pienso en la combinación del sentido común y lo que sentimos. También en la sombra de lo fácil que es engañarnos a nosotros mismos. ¿Qué harías si estuvieras en una isla y tuvieras que perseguir tu profundo deseo o, mejor, tu misión? Eso que ahora pensás que harías, ¿te parece una locura? Me entristece algo. No sé qué es. Me genera pudor pero es como si me doliera el mundo y la humanidad. ¿Cómo puede ser que alguien –un conjunto– no se anime a lo único que tenemos, la vida? Me enojo, también, porque juzgo y me angustio. En fin, una lucha entre los que prefieren el statu quo y los que se sienten empujados a que las cosas cambien.
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