“El frío y el parto”
Nuevamente me encuentro con la sorpresa. Charlando con un señor muy serio, me dice: “Flaco, ya me operé tres veces y tengo que operarme nuevamente. ¿Y sabés a lo que tengo miedo?” “¿A qué?” le digo yo, suponiendo que es operarse, y me dice, dejándome descolocado: “Al frío que pasé al despertar en el quirófano”. Y no es la primera persona que me lo comenta. Un profesional me dijo que era una sensación y yo pensé si sensación es tener frío. Yo creo que una persona cuando se opera muy probablemente tenga miedo, por consiguiente se estresa. Eso provoca contracción de las arterias, sumado a que la anestesia da frío, que en el quirófano se está sin ropa y que por estar dormido se está quieto; y todo esto, sumado lógicamente, hace que algunos pacientes tengan frío y pierdan así algo de temperatura corporal. Por consiguiente, pierde defensas, y así tal vez contraiga ese famoso virus hospitalario que, según sospecho, probablemente sea neumonía u algo parecido. Aclaro que son mis sospechas. Puede ser que la persona cuando es operada y está a veces horas dormida, cuando despierta siente y sufre mucho el frío. Me parece que sería interesante saber que simplemente tocándole cada tanto las manos u otra extremidad al paciente inmediatamente nos daremos cuenta, por la temperatura de éstas, si el paciente está sufriendo el frío, para así después abrigarlo. También digo que el virus hospitalario es exagerado comparado con la cantidad de bacterias que portan los billetes, si no nos tendríamos que morir todos. Bueno, charlando con un doctor amigo le comento mi inquietud sobre los nacimientos en clínicas y cómo los tenían las indias. Estas mujeres tenían sus hijos de pie, lo que creo que es probable. “Lo que pasa –me comenta este médico– es que tal vez, para mayor comodidad del profesional, la parturienta esté sentada o semiacostada”. Me dice que antiguamente el bebé nacía hacia abajo y no hacia adelante, y pasaba que a veces las madres perdían líquidos que caían sobre los que ayudaban en el parto, y quizá por eso ya no sean así los nacimientos. Pienso que hay un factor importantísimo que se debería tener más en cuenta, y es la gravedad. Por eso creo que si la madre al dar a luz lo expulsa hacia abajo, el bebé con su peso ayudaría a ésta a parir, evitando que la madre tenga que hacer más contracciones, porque con sus tres kilitos aproximadamente, sumado el peso de la placenta y el cordón umbilical, ayuda presionando para un nacimiento de un modo muy natural y parejo. Y algo que sería interesante y se debería tener muy en cuenta es que la madre esté en posición en algún sillón, para que pueda actuar la fuerza de gravedad al dar a luz, porque en caso de estar sentada o semiacostada necesita contraer los músculos con mayor fuerza por no tener la maravillosa gravedad de aliada que ayuda e impulsa hacia abajo al bebé en forma natural. Horacio C. E. Marcote DNI 11.233.956 Neuquén
Nuevamente me encuentro con la sorpresa. Charlando con un señor muy serio, me dice: “Flaco, ya me operé tres veces y tengo que operarme nuevamente. ¿Y sabés a lo que tengo miedo?” “¿A qué?” le digo yo, suponiendo que es operarse, y me dice, dejándome descolocado: “Al frío que pasé al despertar en el quirófano”. Y no es la primera persona que me lo comenta. Un profesional me dijo que era una sensación y yo pensé si sensación es tener frío. Yo creo que una persona cuando se opera muy probablemente tenga miedo, por consiguiente se estresa. Eso provoca contracción de las arterias, sumado a que la anestesia da frío, que en el quirófano se está sin ropa y que por estar dormido se está quieto; y todo esto, sumado lógicamente, hace que algunos pacientes tengan frío y pierdan así algo de temperatura corporal. Por consiguiente, pierde defensas, y así tal vez contraiga ese famoso virus hospitalario que, según sospecho, probablemente sea neumonía u algo parecido. Aclaro que son mis sospechas. Puede ser que la persona cuando es operada y está a veces horas dormida, cuando despierta siente y sufre mucho el frío. Me parece que sería interesante saber que simplemente tocándole cada tanto las manos u otra extremidad al paciente inmediatamente nos daremos cuenta, por la temperatura de éstas, si el paciente está sufriendo el frío, para así después abrigarlo. También digo que el virus hospitalario es exagerado comparado con la cantidad de bacterias que portan los billetes, si no nos tendríamos que morir todos. Bueno, charlando con un doctor amigo le comento mi inquietud sobre los nacimientos en clínicas y cómo los tenían las indias. Estas mujeres tenían sus hijos de pie, lo que creo que es probable. “Lo que pasa –me comenta este médico– es que tal vez, para mayor comodidad del profesional, la parturienta esté sentada o semiacostada”. Me dice que antiguamente el bebé nacía hacia abajo y no hacia adelante, y pasaba que a veces las madres perdían líquidos que caían sobre los que ayudaban en el parto, y quizá por eso ya no sean así los nacimientos. Pienso que hay un factor importantísimo que se debería tener más en cuenta, y es la gravedad. Por eso creo que si la madre al dar a luz lo expulsa hacia abajo, el bebé con su peso ayudaría a ésta a parir, evitando que la madre tenga que hacer más contracciones, porque con sus tres kilitos aproximadamente, sumado el peso de la placenta y el cordón umbilical, ayuda presionando para un nacimiento de un modo muy natural y parejo. Y algo que sería interesante y se debería tener muy en cuenta es que la madre esté en posición en algún sillón, para que pueda actuar la fuerza de gravedad al dar a luz, porque en caso de estar sentada o semiacostada necesita contraer los músculos con mayor fuerza por no tener la maravillosa gravedad de aliada que ayuda e impulsa hacia abajo al bebé en forma natural. Horacio C. E. Marcote DNI 11.233.956 Neuquén
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