“Absorción sistémica y disfuncional”
¿Cómo hacer para que nuestros senadores y diputados electos no sean absorbidos por el sistema burocrático arraigado en los ámbitos del poder cuando lleguen a ocupar sus respectivas bancas? Ello ocurre en los tres poderes del Estado y en todos sus estamentos inferiores. La reflexión nace desde la observación de lo que ocurre con muchos funcionarios electos o los designados por éstos, que cuando son electos tienen una imagen o carisma y tras ello irradian una expectativa en el electorado, una esperanza, pero con el tiempo queda sólo en eso, se pierde toda esa expectativa en los vericuetos y hábitos del sistema. Un voto de confianza en la sociedad ha logrado el nuevo secretario general al convocar a todos sus dirigidos para conocerse, trazar líneas de trabajo, semblantearse recíprocamente, inducir, persuadir, etc. Esto es planificar, de eso se trata, de conformar el equipo, fortalecer y optimizar la gestión. No obstante, dejándose influenciar, se cae en el “Síndrome de Estocolmo”, que debilita o empeora la gestión e imagen. Por ello es clave hacerse un juramento íntimo personal: el de luchar férreamente y no dejarse arrastrar por la corriente burocrática que impera como una constante en esos ámbitos, que tendrá que defender en soledad. Es difícil pero no imposible sobrellevar toda influencia disfuncional del sistema instalado ante el cual sucumben individualidades creativas, innovación y un cambio, que buscan la oportunidad y consenso para desarrollarse pero que quedan en el entorno como algo intrascendente. El dilema no es nuevo, ha pasado en gobiernos de derecho y de hecho. Se llega al caos. Si nos retrotraemos a los niveles del conocimiento de lo que constituye la “política” como ciencia, su objeto, método y premisas, sin obviar la técnica de “planeamiento” que perfecciona toda gestión a su máxima expresión y aplicando el nivel filosófico, se vislumbra seguidamente la lógica, el sentido de los valores y la ética, y se honra con la impronta de “estadista”, por lo que no se debiera apartar de esos principios elementales. No obstante, tenemos a menudo experiencias de personas que nos han creado enormes expectativas y que una vez llegados a un cargo, han desaparecido de la escena mediática, como que lo único que les importaba era llegar al cargo, es decir, ya está, ahora a descansar y evitar el stress de la responsabilidad en tratar de innovar y optimizar su gestión con perseverancia, seguir creciendo sin defraudar sus principios y evitando que decaiga su moral o bastardearla. Son muchos los ejemplos para ilustrar este contenido. Rememoremos a un gran empresario, buen orador con poder de persuasión, ganador en la anterior campaña, pero que luego se opacó y no obtuvo respaldo alguno de sus aliados. Actualmente, aunque quisiera, no da muestras de credibilidad. Pero esto no es lo trágico, lo nefasto son los guardapolvos de Bauzá, los pollos de Mazzorín, la imprenta de Boudou, la gestión de Jaime en la Secretaría de Transporte o las viviendas sociales de las Madres de Plaza de Mayo, o la creación de un gremio de los privados de la libertad por delitos cometidos. El tema va a ser cuando reclamen licencia gremial, derechos inherentes pero conculcados. Raya en la apología y corrupción por citar algunas disfunciones del poder o, lo que es peor, de alguien a quien nadie votó. Sobre estos desmanejos, llama la atención lo que acontece en las alcaidías. Años atrás las alcaidías funcionaban bien, aunque eran cubiertas con personal policial problemático en orden público (comisarías) o aquellos castigados con una sanción disciplinaria que eran destinados a esos depósitos de personas (desde jefes hasta el más humilde de la dotación). Claro, existían otros códigos o vergüenza profesional, conciencia de roles o vocación de servicio, tópicos que se trataban en las academias semanales, realizándose un mea culpa o autocrítica sobre actitudes, lo que optimizaba el servicio y mejoraba la convivencia en el diario quehacer. Como paradoja y reflexión, no olvidemos que la población de las cárceles y sus custodios provienen de un mismo sector de la sociedad cuyos roles son distintos, conforme el aprendizaje social que han experimentado en su devenir, entonces no es darle al empleado penitenciario solo jerarquía académica, sino una preparación psico-práctica extensa y eficiente, es no tomar ello como un gasto sino como una inversión a largo plazo. Carlos Rodríguez DNI 7.578.269 Las Grutas
Carlos Rodríguez DNI 7.578.269 Las Grutas
¿Cómo hacer para que nuestros senadores y diputados electos no sean absorbidos por el sistema burocrático arraigado en los ámbitos del poder cuando lleguen a ocupar sus respectivas bancas? Ello ocurre en los tres poderes del Estado y en todos sus estamentos inferiores. La reflexión nace desde la observación de lo que ocurre con muchos funcionarios electos o los designados por éstos, que cuando son electos tienen una imagen o carisma y tras ello irradian una expectativa en el electorado, una esperanza, pero con el tiempo queda sólo en eso, se pierde toda esa expectativa en los vericuetos y hábitos del sistema. Un voto de confianza en la sociedad ha logrado el nuevo secretario general al convocar a todos sus dirigidos para conocerse, trazar líneas de trabajo, semblantearse recíprocamente, inducir, persuadir, etc. Esto es planificar, de eso se trata, de conformar el equipo, fortalecer y optimizar la gestión. No obstante, dejándose influenciar, se cae en el “Síndrome de Estocolmo”, que debilita o empeora la gestión e imagen. Por ello es clave hacerse un juramento íntimo personal: el de luchar férreamente y no dejarse arrastrar por la corriente burocrática que impera como una constante en esos ámbitos, que tendrá que defender en soledad. Es difícil pero no imposible sobrellevar toda influencia disfuncional del sistema instalado ante el cual sucumben individualidades creativas, innovación y un cambio, que buscan la oportunidad y consenso para desarrollarse pero que quedan en el entorno como algo intrascendente. El dilema no es nuevo, ha pasado en gobiernos de derecho y de hecho. Se llega al caos. Si nos retrotraemos a los niveles del conocimiento de lo que constituye la “política” como ciencia, su objeto, método y premisas, sin obviar la técnica de “planeamiento” que perfecciona toda gestión a su máxima expresión y aplicando el nivel filosófico, se vislumbra seguidamente la lógica, el sentido de los valores y la ética, y se honra con la impronta de “estadista”, por lo que no se debiera apartar de esos principios elementales. No obstante, tenemos a menudo experiencias de personas que nos han creado enormes expectativas y que una vez llegados a un cargo, han desaparecido de la escena mediática, como que lo único que les importaba era llegar al cargo, es decir, ya está, ahora a descansar y evitar el stress de la responsabilidad en tratar de innovar y optimizar su gestión con perseverancia, seguir creciendo sin defraudar sus principios y evitando que decaiga su moral o bastardearla. Son muchos los ejemplos para ilustrar este contenido. Rememoremos a un gran empresario, buen orador con poder de persuasión, ganador en la anterior campaña, pero que luego se opacó y no obtuvo respaldo alguno de sus aliados. Actualmente, aunque quisiera, no da muestras de credibilidad. Pero esto no es lo trágico, lo nefasto son los guardapolvos de Bauzá, los pollos de Mazzorín, la imprenta de Boudou, la gestión de Jaime en la Secretaría de Transporte o las viviendas sociales de las Madres de Plaza de Mayo, o la creación de un gremio de los privados de la libertad por delitos cometidos. El tema va a ser cuando reclamen licencia gremial, derechos inherentes pero conculcados. Raya en la apología y corrupción por citar algunas disfunciones del poder o, lo que es peor, de alguien a quien nadie votó. Sobre estos desmanejos, llama la atención lo que acontece en las alcaidías. Años atrás las alcaidías funcionaban bien, aunque eran cubiertas con personal policial problemático en orden público (comisarías) o aquellos castigados con una sanción disciplinaria que eran destinados a esos depósitos de personas (desde jefes hasta el más humilde de la dotación). Claro, existían otros códigos o vergüenza profesional, conciencia de roles o vocación de servicio, tópicos que se trataban en las academias semanales, realizándose un mea culpa o autocrítica sobre actitudes, lo que optimizaba el servicio y mejoraba la convivencia en el diario quehacer. Como paradoja y reflexión, no olvidemos que la población de las cárceles y sus custodios provienen de un mismo sector de la sociedad cuyos roles son distintos, conforme el aprendizaje social que han experimentado en su devenir, entonces no es darle al empleado penitenciario solo jerarquía académica, sino una preparación psico-práctica extensa y eficiente, es no tomar ello como un gasto sino como una inversión a largo plazo. Carlos Rodríguez DNI 7.578.269 Las Grutas
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