“Ganas de comparar situaciones”

Redacción

Por Redacción

Habiendo transitado todas las etapas que brinda el Estatuto del Docente en esta carrera maravillosa que es “ser docente”, y ante las constantes y sufrientes arremetidas de aquellos que sin el menor análisis y montándose a las “fundamentaciones” que, a fuerza de repetidas, calan en la sociedad y se convierten en charlas de café y de peluquería, hoy siento, al escuchar que nuestros legisladores de casi todos los niveles jurisdiccionales finalizan sus importantes e imprescindibles tareas desde diciembre hasta marzo, que me dan irrefrenables ganas de comparar situaciones: faltan cuando quieren, no asisten a sus tareas de comisión, gozan de altos sueldos, desarraigo, pasajes oficiales, autos, pueden no presentar un sólo proyecto en todo el año, y ni siquiera figuran en ninguna lista de… ¿De qué? Prestigio social, invitaciones, viajes, inmunidad, impunidad, etc. Y nadie, nadie, objeta tal situación, regodeándose sin embargo en el tiempo de vacaciones de que gozan los docentes en actividad, estipulado por normas ad hoc, y que, dependiendo del volumen de cada establecimiento escolar, se alargan o se acortan conforme a las necesidades pedagógicas. Más allá de que les cabe toda la normativa que corresponda a su asistencia y consecuente desempeño frente al aula o en funciones directivas/ administrativas, culinarias, de asesoramiento legal, de policías, de componedores de conflictos familiares –armas mediante–, de sujetos enfrentados a situaciones no contempladas en nuestra formación, de despiojamiento, de poner dinero de sus bolsillos para los arreglos que nunca se hacen por parte de quienes deben hacerlos, etc. No existe la más mínima ponderación de la sociedad en general de una tarea que se ha convertido desde insalubre hasta peligrosa, justamente por no conocerse el largo listado de tareas que cumplen los docentes en actividad en “ese tiempo de descuento” que muchos interpretan como de playas caribeñas atestadas de docentes asoleándose y gustando unos tragos, mientras el resto de asalariados concurre a sus tareas ni de lejos tan comprometidas, agotadoras, desgastantes, expuestas a todas las opiniones y a todas las críticas, y a muy pocos aportes, para que tan importantísima tarea resulte, como lo fue y debería seguir siéndolo, un servicio prestado con la inteligencia y el corazón. ¿Que habrá quienes no lo sientan ni lo cumplan así? Es verdad. ¿Y por casa, cómo andamos? Colegas amigos, felices y merecidas vacaciones. Han elegido la segunda más importante tarea humana después de la de dar vida: educar. Glorifíquenla. Una nunca arrepentida persona de haber brindado y seguir brindando lo mejor de su vida a la docencia. Marta I. Verdenelli de van Gelder DNI 3.860.435 Neuquén

Marta I. Verdenelli de van Gelder DNI 3.860.435 Neuquén


Habiendo transitado todas las etapas que brinda el Estatuto del Docente en esta carrera maravillosa que es “ser docente”, y ante las constantes y sufrientes arremetidas de aquellos que sin el menor análisis y montándose a las “fundamentaciones” que, a fuerza de repetidas, calan en la sociedad y se convierten en charlas de café y de peluquería, hoy siento, al escuchar que nuestros legisladores de casi todos los niveles jurisdiccionales finalizan sus importantes e imprescindibles tareas desde diciembre hasta marzo, que me dan irrefrenables ganas de comparar situaciones: faltan cuando quieren, no asisten a sus tareas de comisión, gozan de altos sueldos, desarraigo, pasajes oficiales, autos, pueden no presentar un sólo proyecto en todo el año, y ni siquiera figuran en ninguna lista de... ¿De qué? Prestigio social, invitaciones, viajes, inmunidad, impunidad, etc. Y nadie, nadie, objeta tal situación, regodeándose sin embargo en el tiempo de vacaciones de que gozan los docentes en actividad, estipulado por normas ad hoc, y que, dependiendo del volumen de cada establecimiento escolar, se alargan o se acortan conforme a las necesidades pedagógicas. Más allá de que les cabe toda la normativa que corresponda a su asistencia y consecuente desempeño frente al aula o en funciones directivas/ administrativas, culinarias, de asesoramiento legal, de policías, de componedores de conflictos familiares –armas mediante–, de sujetos enfrentados a situaciones no contempladas en nuestra formación, de despiojamiento, de poner dinero de sus bolsillos para los arreglos que nunca se hacen por parte de quienes deben hacerlos, etc. No existe la más mínima ponderación de la sociedad en general de una tarea que se ha convertido desde insalubre hasta peligrosa, justamente por no conocerse el largo listado de tareas que cumplen los docentes en actividad en “ese tiempo de descuento” que muchos interpretan como de playas caribeñas atestadas de docentes asoleándose y gustando unos tragos, mientras el resto de asalariados concurre a sus tareas ni de lejos tan comprometidas, agotadoras, desgastantes, expuestas a todas las opiniones y a todas las críticas, y a muy pocos aportes, para que tan importantísima tarea resulte, como lo fue y debería seguir siéndolo, un servicio prestado con la inteligencia y el corazón. ¿Que habrá quienes no lo sientan ni lo cumplan así? Es verdad. ¿Y por casa, cómo andamos? Colegas amigos, felices y merecidas vacaciones. Han elegido la segunda más importante tarea humana después de la de dar vida: educar. Glorifíquenla. Una nunca arrepentida persona de haber brindado y seguir brindando lo mejor de su vida a la docencia. Marta I. Verdenelli de van Gelder DNI 3.860.435 Neuquén

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