Lo rozó la muerte en asalto a su despensa
El joven comerciante de Bariloche baleado el 1 de diciembre cuenta la odisea.
Alfredo Leiva
BARILOCHE (AB).- Walter Marín tiene 26 años, pero asegura que volvió a nacer. “Los médicos me decían que tengo que festejar el primer año”, relata. Es que recibió un disparo con un arma calibre 32 que le rozó la cabeza durante un intento de robo. Por fortuna el proyectil no ingresó al cráneo, aunque dejó una herida importante. Walter tiene una despensa en la calle Los Chilcos 2860 del barrio Arrayanes. La abrieron sus abuelos hace 30 años, pero en la crisis de 2001 resolvieron dejar el negocio porque regresaron a Chile. La posta la tomaron los padres de Walter, quienes también optaron por retornar al país vecino, donde habían nacido. Entonces él se hizo cargo del negocio, que es su fuente de trabajo. Su esposa trabaja temporalmente. Aseguró que en 30 años nunca habían sufrido un robo hasta la mañana del domingo 1 de diciembre. Recordó que abrió alrededor de las 10.30. Había tres sujetos afuera de la despensa y pensó que iba a pasar lo de siempre: “Chicos que iban a salir corriendo con algunas verduras o frutas”, recordó. Pero los tres jóvenes entraron a la despensa y comenzaron a preguntar precios. Luego pidieron una prepizza y queso. Uno se quedó al lado de la balanza, junto al mostrador. Los dos restantes se ubicaron a los costados. Walter estaba con sus dos hijos, de 3 y 9 años, porque su señora estaba trabajando. Los chicos jugaban a pocos metros sin advertir que el peligro acechaba. “Me agaché para sacar el queso y escuché: la capucha. Me levanté y uno me apuntaba a la cabeza con un arma”, relató. El sujeto le exigió entonces que les diera toda la plata. Walter asegura que no se intimidó y trató de calmar al asaltante que tenía el arma. “Le pedí que tenga consideración, que estaba con mis hijos”, mientras los chicos miraban asustados. “Pero me dijo que no le importaba nada y disparó”, contó. El proyectil impactó en una pared del comercio. Walter insistió con el pedido de cordura. “Mi preocupación era que no les pasara a nada a los nenes”, relató. Pero el sujeto volvió disparar. En ese momento otro de los asaltantes le arrojó una botella de cerveza que no sabe si alcanzó a esquivar o lo golpeó. Vio que le lanzaban otra botella. Walter supuso que se trataba de un arma de fogueo y agarró un cuchillo que tenía para cortar el queso y se lo tiró a la cara al asaltante armado. El sujeto reaccionó con un tercer disparo que impactó en el parietal izquierdo del comerciante. “Sentí como un pinchazo fuerte y me empecé a caer detrás de la heladera”, indicó. La sangre comenzó a brotar de la herida y los asaltantes huyeron. Walter recuerda que no perdió el conocimiento y llamó a su señora para explicarle que estaba herido y que los chicos iban a quedar solos. Vecinos que escucharon las detonaciones lo auxiliaron. Luego arribó el personal policial que pidió la ambulancia. Estuvo internado hasta el lunes en el hospital de esta ciudad. “En el hospital son unos dioses”, destacó. Los puntos en la cabeza advierten lo cerca que estuvo de la muerte. “No me querían arriba y menos abajo”, afirmó sonriendo. El negocio no para de recibir clientes, pero ahora la señora de Walter atiende tras unas rejas que instalaron luego del intento de robo. Los vecinos saludan con afecto a Walter, a quien vieron crecer en las calles del barrio que con el paso de los años ha cambiado. “Hay mucha violencia y la droga está golpeando fuerte entre los pibes”, comentó. Por el hecho hay joven un detenido.
Alfredo Leiva
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