“Las empresas públicas en un Estado keynesiano”

Redacción

Por Redacción

Leyendo detenidamente la nota de Lojo en el suplemento del 13/10 se puede entender cuáles son los mensajes que dejan los medios a partir de interpretaciones antojadizas y falsas de la realidad. Lojo comete el error de aplicar una visión liberal para analizar un Estado keynesiano, sin mencionar en el mismo que en un Estado liberal no existen las empresas del estado, por lo que no es aplicable esa visión. En el modelo keynesiano, el Estado tiene la obligación de intervenir e invertir en las regiones o áreas económicas, donde el privado no invierte por falta de rentabilidad (los denominados “fallos del mercado” o “externalidades negativas”) y lo hace sin esperar una ganancia financiera ya que la única ganancia es social. Las empresas del Estado tienen como fin principal y primario cubrir la demanda social, reinvertir las posibles ganancias si las hubiera, a fin de ampliar y/o mejorar el servicio que prestan y girar a rentas generales el excedente de esas ganancias. El Estado distribuye este excedente entre el resto de las actividades como Salud, Educación, Seguridad, Acción Social, etc., y de este modo se redistribuye la renta entre todos los ciudadanos. O sea que, a diferencia de la empresa privada, la empresa pública no busca la maximización de sus beneficios, sino que busca el interés general de la comunidad a la que pertenece. Los resultados de las empresas públicas no se miden en términos de utilidades o ganancias que se reparten en beneficio de particulares, sino por el grado de eficiencia del servicio que se le lleva a la comunidad. En la empresa pública no hay mercado con precios económicamente planificados que deban aumentarse o disminuirse según costos de operación, el objetivo es el buen servicio, aún con altos costos si fuese necesario. Ahora bien, en un Estado liberal, como el que Lojo describe en su nota, no existen las empresas del estado simplemente porque el liberalismo tiene como mandamiento número uno de su biblia que el Estado no debe intervenir en la economía, todo queda en manos del mercado, quien, según esa visión, naturalmente buscará el equilibrio de los factores que en ella intervienen como los precios, la producción, etc. Según el liberalismo, el Estado sólo debe hacerse cargo de la salud, la educación y la justicia. El neo-liberalismo posterior, que ve la luz en el Chile de Pinochet, luego en la Inglaterra de Thatcher y Estados Unidos de Reagan, va más allá aún y dice que la salud y la educación también deben estar en manos del mercado. En tanto que la justicia está por verse. En un modelo keynesiano, por el contrario, el Estado tiene la obligación de cubrir los baches que deja la empresa privada, ya que, luego de la gran depresión de Estados Unidos en 1930, queda ampliamente probado que el mercado, sin la regulación del Estado, no sólo no es capaz de autorregularse sino que termina siendo fatal para las clases medias y bajas. El mercado fomenta la competencia pero también es inflexible con aquellos que quedan fuera de él y los elimina sin ninguna piedad, ésta es la pelea que está dando actualmente B. Obama. La salud en USA está completamente dominada por el mercado y deja fuera de cualquier posibilidad de asistencia a millones de ciudadanos. Aún el propio Adams Smith, considerado el padre del capitalismo y el liberalismo, sostiene que “hay ciertos bienes y servicios cuya existencia o provisión implica beneficios que se extienden a la comunidad entera, incluso a quienes no pagan por ellos”. Consecuentemente, Smith propone que “la manera apropiada y justa de proveer y financiar esos bienes y servicios es a través de impuestos y empresas públicas”. Gabriel Flores DNI 12.818.274 Neuquén

Gabriel Flores DNI 12.818.274 Neuquén


Leyendo detenidamente la nota de Lojo en el suplemento del 13/10 se puede entender cuáles son los mensajes que dejan los medios a partir de interpretaciones antojadizas y falsas de la realidad. Lojo comete el error de aplicar una visión liberal para analizar un Estado keynesiano, sin mencionar en el mismo que en un Estado liberal no existen las empresas del estado, por lo que no es aplicable esa visión. En el modelo keynesiano, el Estado tiene la obligación de intervenir e invertir en las regiones o áreas económicas, donde el privado no invierte por falta de rentabilidad (los denominados “fallos del mercado” o “externalidades negativas”) y lo hace sin esperar una ganancia financiera ya que la única ganancia es social. Las empresas del Estado tienen como fin principal y primario cubrir la demanda social, reinvertir las posibles ganancias si las hubiera, a fin de ampliar y/o mejorar el servicio que prestan y girar a rentas generales el excedente de esas ganancias. El Estado distribuye este excedente entre el resto de las actividades como Salud, Educación, Seguridad, Acción Social, etc., y de este modo se redistribuye la renta entre todos los ciudadanos. O sea que, a diferencia de la empresa privada, la empresa pública no busca la maximización de sus beneficios, sino que busca el interés general de la comunidad a la que pertenece. Los resultados de las empresas públicas no se miden en términos de utilidades o ganancias que se reparten en beneficio de particulares, sino por el grado de eficiencia del servicio que se le lleva a la comunidad. En la empresa pública no hay mercado con precios económicamente planificados que deban aumentarse o disminuirse según costos de operación, el objetivo es el buen servicio, aún con altos costos si fuese necesario. Ahora bien, en un Estado liberal, como el que Lojo describe en su nota, no existen las empresas del estado simplemente porque el liberalismo tiene como mandamiento número uno de su biblia que el Estado no debe intervenir en la economía, todo queda en manos del mercado, quien, según esa visión, naturalmente buscará el equilibrio de los factores que en ella intervienen como los precios, la producción, etc. Según el liberalismo, el Estado sólo debe hacerse cargo de la salud, la educación y la justicia. El neo-liberalismo posterior, que ve la luz en el Chile de Pinochet, luego en la Inglaterra de Thatcher y Estados Unidos de Reagan, va más allá aún y dice que la salud y la educación también deben estar en manos del mercado. En tanto que la justicia está por verse. En un modelo keynesiano, por el contrario, el Estado tiene la obligación de cubrir los baches que deja la empresa privada, ya que, luego de la gran depresión de Estados Unidos en 1930, queda ampliamente probado que el mercado, sin la regulación del Estado, no sólo no es capaz de autorregularse sino que termina siendo fatal para las clases medias y bajas. El mercado fomenta la competencia pero también es inflexible con aquellos que quedan fuera de él y los elimina sin ninguna piedad, ésta es la pelea que está dando actualmente B. Obama. La salud en USA está completamente dominada por el mercado y deja fuera de cualquier posibilidad de asistencia a millones de ciudadanos. Aún el propio Adams Smith, considerado el padre del capitalismo y el liberalismo, sostiene que “hay ciertos bienes y servicios cuya existencia o provisión implica beneficios que se extienden a la comunidad entera, incluso a quienes no pagan por ellos”. Consecuentemente, Smith propone que “la manera apropiada y justa de proveer y financiar esos bienes y servicios es a través de impuestos y empresas públicas”. Gabriel Flores DNI 12.818.274 Neuquén

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