La nueva Constitución egipcia: una marcha atrás

Redacción

Por Redacción

Emilio J. Cárdenas (*)

Egipto tiene una nueva Constitución. Ella reemplaza a la que fuera aprobada en el 2012 cuando el poder estuvo –brevemente– en manos de la Hermandad Musulmana, durante la fugaz presidencia de Mohamed Morsi. Como ocurre que, desde el golpe militar de julio pasado, el poder está –de hecho– nuevamente en manos de los militares, no es sorpresivo que la nueva Carta Magna del viejo país consagre expresamente el principio de que los militares ya no están bajo la jurisdicción de las autoridades civiles. Tienen autonomía funcional. Así como que ellos, en los próximos ocho años (dos períodos presidenciales), serán quienes tengan la decisión final sobre quién deberá ocupar la cartera de Defensa, esto es sobre quién los representa en el gabinete de gobierno. Y que mantienen sus grandes privilegios económicos absolutamente intactos. Además, la nueva Constitución, como se esperaba, tiene un tono general algo más secular que la anterior y, por ello, disminuye el rigor de las pautas religiosas que, en materia de moralidad pública y blasfemia, habían sido consagradas en el texto constitucional previo, con fuerte influencia del islamismo. Ya no hay –además– rol constitucional alguno para el clero musulmán que, con anterioridad, tenía la posibilidad de anular o vetar normas si –de pronto– entendía que ellas contradecían los principios del islam. La norma básica debe ahora ser aprobada mediante un referendo especial. Como lo fuera la Constitución anterior, aprobada por el 64% de los votos, pero con una anémica concurrencia a las urnas de apenas un 33% de los habilitados. Es de esperar que esta vez haya mayor concurrencia para así legitimar en mejor medida el nuevo pacto social básico. El referendo tendrá lugar a mediados de este mes. Muchos suponen que el próximo candidato presidencial será el popular general Abdul Fattah al Sisi, hoy ministro de Defensa. El propio general está haciendo señales de que está preparando un ya cercano salto al ruedo de la política. De esta manera la presidencia volvería a estar en manos de un “hombre fuerte”, capaz de ordenar y, de ser necesario, disciplinar al viejo país. Como sucedía antes de la frustrada primavera árabe. De allí lo de la evidente “marcha atrás”. La nueva norma contiene asimismo un artículo que prohíbe la discriminación, incluyendo el capítulo de las religiones y de los géneros, creando un organismo especial que estará específicamente a cargo del tema. También contiene algunas normas de protección de las minorías, incluyendo la de los “nubios”, en el sur del país. Lo cierto es que la nueva Constitución, absolutamente necesaria para poder seguir adelante en paz, luce como un regreso al pasado, pese a que se ha podido restringir el inoportuno componente sectario que –sin éxito– pretendiera instalar en su momento la Hermandad Musulmana. Lo que no es todo, pero que tampoco es un tema menor. Aunque lo cierto sea que la primavera árabe, que nos cautivara, ha dejado paso al clima –más bien de invierno– anterior a ella. Toda una regresión. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas


Emilio J. Cárdenas (*)

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