La Nueva Palestina de Brasil
El sol pega fuerte pero la actividad no se detiene en Nueva Palestina, un campamento ilegal donde miles de familias dicen luchar por un hogar en São Paulo, la ciudad más rica de Brasil pero con mayor déficit habitacional del país. Hace calor y aún más dentro de las barracas levantadas en el campamento, precarias construcciones con piso de tierra, pedazos de madera y plástico que no protegen ni del sol ni de las lluvias torrenciales. “Ocupamos este terreno el 29 de noviembre. Somos casi 8.000 familias y hay 2.000 más en lista de espera”, señala Elena Santos, coordinadora del Movimiento de Trabajadores sin Techo (MTST). “Se necesitan casas. Si no, la gente no vendría aquí a vivir debajo de una lona donde no se puede ni respirar”, añade mientras recorre los caminos de tierra que suben y bajan por este terreno de 100 hectáreas rodeado de bosque tropical. A través de la invasión ilegal, el MTST, que nació en 1997 y dice no estar vinculado a ningún partido político, presiona por viviendas o reformas urbanas en las periferias pobres de Brasil, la mayor economía de América Latina de 200 millones de habitantes que acogerá el Mundial de Fútbol. “El problema de la vivienda en São Paulo es gravísimo. Se construyen casas, pero no son suficientes”, enfatiza Santos. No todas las familias viven en el campamento: algunas siguen arrendando casas o están temporalmente donde familiares, pero se consideran ocupantes para conseguir una vivienda o un subsidio para pagar el alquiler en una ciudad con precios muy elevados. Hay también familias que vivían en la calle y que se trasladaron a Nueva Palestina. Según el Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea), en Brasil hay un déficit de 5,24 millones de viviendas, la mayoría en el estado de São Paulo, con 1,11 millones. En el centro de la capital paulista no es raro ver edificios ocupados por personas “sin techo”. Helena Santos asegura que el área del campamento “está desocupada e improductiva hace cuarenta años”. El municipio contempla este terreno como privado, pero hace años lo declaró de interés público, porque es una zona de protección ambiental donde planea levantar un parque. Los ocupantes quieren que se modifique ese decreto. “¿Por qué le pusimos el nombre de Nueva Palestina? Porque es combativo, de lucha”, afirma a la AFP “Zezito” Alves. El gobierno izquierdista de Dilma Rousseff lleva adelante el programa Minha Casa, minha vida (Mi casa, mi vida), que ya ha construido un millón de viviendas sociales en todo el país y planea otros dos millones hasta este año, en que Brasil tendrá elecciones presidenciales. El alcalde oficialista Fernando Haddad se comprometió en el 2013 a construir 55.000 viviendas en cuatro años. En Nueva Palestina hay desde jubilados hasta bebés de meses, como la hija de Tahiana Oliveira, que a sus 18 años de edad ya tiene otros dos hijos. “Mi marido es obrero y yo ya no puedo salir a trabajar con tres niños”, comenta dentro de su barraca, donde el calor del mediodía golpea fuerte. En una de las cocinas comunitarias, Edna Ribeiro lava frijoles para el almuerzo. “Nadie está aquí porque quiere, sino porque necesita. Vivimos de donaciones, dormimos bajo una lona y encima del barro”, cuenta esta mujer de 61 años. En su área metropolitana, São Paulo tiene 20 millones de habitantes. La demanda por mejores servicios fue uno de los gritos de guerra de las protestas callejeras del año pasado, cuando un millón de personas reclamó contra la corrupción y los grandes gastos para la Copa del Mundo.
NATALIA RAMOS AFP
El sol pega fuerte pero la actividad no se detiene en Nueva Palestina, un campamento ilegal donde miles de familias dicen luchar por un hogar en São Paulo, la ciudad más rica de Brasil pero con mayor déficit habitacional del país. Hace calor y aún más dentro de las barracas levantadas en el campamento, precarias construcciones con piso de tierra, pedazos de madera y plástico que no protegen ni del sol ni de las lluvias torrenciales. “Ocupamos este terreno el 29 de noviembre. Somos casi 8.000 familias y hay 2.000 más en lista de espera”, señala Elena Santos, coordinadora del Movimiento de Trabajadores sin Techo (MTST). “Se necesitan casas. Si no, la gente no vendría aquí a vivir debajo de una lona donde no se puede ni respirar”, añade mientras recorre los caminos de tierra que suben y bajan por este terreno de 100 hectáreas rodeado de bosque tropical. A través de la invasión ilegal, el MTST, que nació en 1997 y dice no estar vinculado a ningún partido político, presiona por viviendas o reformas urbanas en las periferias pobres de Brasil, la mayor economía de América Latina de 200 millones de habitantes que acogerá el Mundial de Fútbol. “El problema de la vivienda en São Paulo es gravísimo. Se construyen casas, pero no son suficientes”, enfatiza Santos. No todas las familias viven en el campamento: algunas siguen arrendando casas o están temporalmente donde familiares, pero se consideran ocupantes para conseguir una vivienda o un subsidio para pagar el alquiler en una ciudad con precios muy elevados. Hay también familias que vivían en la calle y que se trasladaron a Nueva Palestina. Según el Instituto de Investigación Económica Aplicada (Ipea), en Brasil hay un déficit de 5,24 millones de viviendas, la mayoría en el estado de São Paulo, con 1,11 millones. En el centro de la capital paulista no es raro ver edificios ocupados por personas “sin techo”. Helena Santos asegura que el área del campamento “está desocupada e improductiva hace cuarenta años”. El municipio contempla este terreno como privado, pero hace años lo declaró de interés público, porque es una zona de protección ambiental donde planea levantar un parque. Los ocupantes quieren que se modifique ese decreto. “¿Por qué le pusimos el nombre de Nueva Palestina? Porque es combativo, de lucha”, afirma a la AFP “Zezito” Alves. El gobierno izquierdista de Dilma Rousseff lleva adelante el programa Minha Casa, minha vida (Mi casa, mi vida), que ya ha construido un millón de viviendas sociales en todo el país y planea otros dos millones hasta este año, en que Brasil tendrá elecciones presidenciales. El alcalde oficialista Fernando Haddad se comprometió en el 2013 a construir 55.000 viviendas en cuatro años. En Nueva Palestina hay desde jubilados hasta bebés de meses, como la hija de Tahiana Oliveira, que a sus 18 años de edad ya tiene otros dos hijos. “Mi marido es obrero y yo ya no puedo salir a trabajar con tres niños”, comenta dentro de su barraca, donde el calor del mediodía golpea fuerte. En una de las cocinas comunitarias, Edna Ribeiro lava frijoles para el almuerzo. “Nadie está aquí porque quiere, sino porque necesita. Vivimos de donaciones, dormimos bajo una lona y encima del barro”, cuenta esta mujer de 61 años. En su área metropolitana, São Paulo tiene 20 millones de habitantes. La demanda por mejores servicios fue uno de los gritos de guerra de las protestas callejeras del año pasado, cuando un millón de personas reclamó contra la corrupción y los grandes gastos para la Copa del Mundo.
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