El conocimiento y la educación al servicio de la sociedad

Redacción

Por Redacción

Carlos R. Navarro (*)

El conocimiento es una de las dimensiones naturales del ser humano. No podemos vivir ni sobrevivir sin conocer, sin apropiar datos de la realidad y sin interactuar con ella. Sin entrar en disquisiciones filosóficas y aplicando un sentido práctico en la descripción del tema, se podría afirmar que en el conocimiento se establece una relación entre el sujeto que conoce y el objeto de conocimiento. Además es necesario incorporar al análisis el concepto de educación, buscando una relación entre ambos. El concepto de educación es muy amplio, por lo que se tratará de reducir y adaptar al sentido del problema que estamos introduciendo. Podría considerarse como el modo o vehículo de relacionar el conocimiento con la vida cotidiana y con las prácticas sociales. Busca socializar al individuo. Supone la construcción de un sujeto social del conocimiento que logre interactuar con él y utilizarlo en su vida. Se intenta construir así las bases de una sociedad saludable. El conocimiento de las ciencias naturales, de la física, de las matemáticas, de la filosofía, de la economía, de las ciencias sociales, por nombrar algunas, debería ser aplicado a la vida cotidiana. La educación es la responsable de transmitir y sociabilizar estos conocimientos. Un número importante de muertes o de daños personales evitables ocurren todos los días. Estos hechos se los considera evitables porque aplicando lo que “conocemos” del objeto que los provoca el ser humano podrá eludirlos. Veamos algunos ejemplos de muertes, daños o lesiones evitables: accidentes domésticos por mal uso de la energía, accidentes en la vía pública, accidentes en la naturaleza, intoxicaciones ambientales, violaciones, infanticidios, entre otros. Conocer las reglas de tránsito; saber que un vehículo a alta velocidad es un proyectil mortal; conocer el poder del rayo, del viento, de la lluvia, del calor; conocer el uso adecuado de la energía; conocer que respiramos aire con oxígeno y nitrógeno y no con monóxido; saber que el alcohol nos estimula pero nos inhabilita para defendernos; saber que la electricidad se transmite mediante conductores; conocer las sustancias inflamables; conocer las sustancias tóxicas; conocer los insectos vectores con los que convivimos; conocer la existencia de trastornos mentales graves; saber consumir y elegir los productos necesarios para la vida, etc., nos ayudará a evitar hechos graves. Un pueblo culto, entendido, capacitado, educado, sabrá de esto, por lo que deberá utilizarlo y, por qué no, enseñarlo. Este conocimiento socializado ayudará a evitar todo aquello que pueda dañar. El desconocimiento nos llevó a perder el valor de la vida humana, nos llevó a perder el sentido del porqué estamos acá y del porqué vivimos y sobrevivimos. Se conducen vehículos sin conocimiento (manejar es sencillo, de hecho casi todo el mundo maneja un automóvil, pero pocos saben que hacer frente a una eventual salida de la normalidad). Se sale a la naturaleza sin conocimiento de cómo debemos cuidarnos, sin protección solar, sin prevenir la deshidratación, el frío, el calor. Sin saber qué hacer frente a una tormenta, eléctrica o no. Y así muchos ejemplos más. Es triste ver cómo se gastan, en los medios de comunicación, centímetros y minutos de noticias “desinformando” a la sociedad con hechos intranscendentes o, peor aun, publicando hechos violentos o sangrientos. Información que llega a un pueblo que no entiende por qué suceden las cosas. Que desconoce que las enfermedades de salud mental existen y que debido a decisiones “humanas” no reciben el cuidado y atención necesaria (parricidios, secuestros, perversiones, etc.). Muy poco se puede ver, leer u oír sobre por qué suceden estas cosas, cuáles son los motivos, qué medidas tomar para evitarlas. Esta información (que no es conocimiento aunque se la disimula como tal) aparece luego de graves eventos. Aparece el “conocimiento en todos los medios”, nos convertimos en especialistas en diferencias de potencial eléctrico (¡como si la persona que está en la playa se fuera a preocupar por dónde poner los pies!), en conductores eléctricos, en cómo avanzar o evitar un accidente en la ruta, en práctica forense, en juicios de familias, etc. Pero siempre luego de que un evento grave ocurre, y rápidamente nos olvidamos de lo que sucedió y de cómo evitarlo. Y es aquí donde enlazamos con las primeras líneas de este escrito: educar no es esperar que las cosas pasen para informar que hacer. Educar es ofrecer el conocimiento a la sociedad en forma previa a los hechos y en forma continua, para que ésta logre relacionarse con él y cambie su forma de actuar (sociabilizar, que nada tiene que ver con “ser educado”, como popularmente se dice). Educar hará entender al pueblo que todos tenemos un valor intrínseco por ser “simplemente humanos” y por lo tanto valemos más que cualquier cosa (y sobre todo más que el dinero), y por ello debemos aprender a cuidarnos y obligar a que nos cuiden. El conocimiento sirve para entender esto. Un pueblo educado, con responsabilidad social, logrará vivir en un país soñado y, entre esos sueños, poder leer titulares como: no se han registrado muertes en la ruta en lo que va del verano; no hubo ningún parricidio; muchas tormentas eléctricas pasaron desapercibidas ya que la población adoptó las medidas preventivas correspondientes; los productos de consumo básico no aumentaron durante las vacaciones; y otras noticias por el estilo. Esta relación conocimiento-educación involucra a todos: turistas, trabajadores, estudiantes, profesionales, legisladores, policías, bomberos, etc. Es decir a todos los ciudadanos, a todos los habitantes del país. En función de ese conocimiento cada uno de ellos deberá actuar de forma criteriosa, con conocimiento, para prevenir esas muertes o esos daños evitables. Volvamos a los ejemplos: un alumno de primaria y secundaria debería saber que en las tormentas eléctricas deberá suspender las actividades al aire libre; a su vez el responsable del predio al aire libre (llámase dueño de la cancha, pileta, playa, club o patio del vecino, etc.) deberá arbitrar los medios para establecer una normativa (de educación e información) para prevenir daños. Un turista debería saber qué hacer si se enfrenta en el mar, la montaña o en el río con una situación similar, y exigir al propietario del sitio (público o privado), que seguramente le ofrece el servicio recreativo, que informe y eduque y dé pautas de acción, como así también que arbitre los medios para hacerlas cumplir. Un policía debería exigir en forma similar si observa que no se cumplen las normas de seguridad. Un profesional (ingeniero, médico, químico, abogado, periodista, etc.) debería exigir e imponer su conocimiento cuando observe estas situaciones de desconocimiento. A los legisladores les cabe la responsabilidad de hacer llegar ese conocimiento a la población en forma continua, a través de la escuela, de los medios de comunicación, de charlas informativas, de programas especiales para “todos”, y hacer cumplir las normas y estar vigilantes a cualquier distorsión de las mismas. El que no sepa o no conozca o desconozca que los rayos, los ciclones, los tornados, los terremotos, las inundaciones, las epidemias, los incendios, los cortes de luz o de agua por períodos prolongados, los choques a alta velocidad, los psicópatas, los perversos, los especuladores, resultan potencialmente peligrosos para la salud propia y de terceros, deberá reconocer que el desconocimiento y la deseducación también son peligrosas, pero para toda la sociedad. (*) Médico. Especialista en Clínica Médica. Magíster en Educación


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